La rápida caída en desgracia de James no es algo nuevo

REUTERS/Susana Vera
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Es la historia de nueva acabar con James Rodríguez y, de tanto repetirse, ya debemos empezar a creer que no habrá forma de cambiarla. El colombiano ya no es un niño, al contrario, es todo un hombre hecho y derecho, con 28 primaveras a sus espaldas, cuatro equipos europeos en su curriculum, dos Champions Leagues en su vitrina y acaba de tener a su segundo hijo —pero hay cosas que no cambian.

Su nueva aventura en el Real Madrid empezó con todos los flashes de la primera, pero rápidamente ha caído por un terraplén, también como en la primera ocasión que vistió de blanco. No es nada nuevo, decíamos, pues ya le pasó en Madrid y también con el Bayern de Múnich. Algo debe tener su carácter que hace que nadie esté contento con sus formas y con su producción toda vez termina la luna de miel inicial.

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James arrancó la temporada siendo uno de los jugadores en los que Zinedine Zidane no confiaba, pero su buen hacer cada vez que el francés le dio la oportunidad le llevaron a ganarse un puesto en el equipo. En un Real Madrid en el cual faltaba fútbol, el colombiano entró como anillo al dedo. Fue titular en el segundo partido de Liga, ante el Valladolid, y aunque se acabó empatando en el último minuto, James fue de los más destacados. Tanto que volvió a ser de la partida ante el Levante, en otra gran actuación.

Al cafetero se le veía feliz, concentrado, como si estuviera dispuesto a a ganarse el puesto en el equipo que una vez tuvo, pero que acabó por perder y le obligó a hacer las maletas rumbo a Múnich. Continuó siendo importante, siendo titular en la debacle de París y luego ante el Sevilla. Luego llegaron las rotaciones, pero antes del parón por selecciones James marcó el gol final ante el Granada y lo celebró por todo lo alto. El colombiano se quitó la camiseta y gritó su tanto como si hubiera sido inyectado con el gen de Juanito, como si el madridismo que siempre ha dicho sentir hubiera vuelto a ser inoculado en sus venas.

REUTERS/Javier Barbancho
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Durante el parón FIFA decidió no acudir a la llamada de Colombia para quedarse en Madrid y ganarse un puesto en el día a día. Zidane vio esto como una gran gesto y le regaló la titularidad ante el Mallorca. En ese partido algo se rompió, y desde entonces el mediapunta no levanta cabeza. James fue uno de los señalados en esa, hasta ahora la única derrota en Liga de los merengues. Su partido fue nefasto y fue culpable directo del gol de Lago Junior al no realizar la cobertura necesaria a Álvaro Odriozola.

El vídeo de la jugada destapaba todas las miserias del juego del colombiano, que tiene tanta magia en sus botas como falta de compromiso. Sólo en contadas ocasiones, como en esos partidos de principio de temporada en los que de debía correr más que nadie para ganarse el puesto, vimos a un James peleón, luchador, comprometido con el bien general del equipo. Después, cuando pasó ese primer arreón, volvió a ser el futbolista de siempre, el verso libre que va a la suya y que no colabora para nada en el juego del grupo.

Desde aquel partido no se han vuelto a tener noticias futbolísticas de James. Se sabe que estuvo tocado, pero que volvió y jugó unos minutos ante el Galatasaray. Luego fue padre y se tomó un permiso, aprovechando también sus molestias, para viajar a Colombia y estar con hijo tras el parto. A su vuelta a Madrid no se le ha visto todavía entrenar con el grupo, se perdió los partidos ante el Leganés, ante el Betis y tampoco será de la partida el miércoles en el Bernabéu de nuevo ante el campeón turco por la Champions League.

Para rizar más el rizo, en el partido del Betis se le vio dejar el estadio al minuto 80 de partido, algo que los jugadores pueden hacer pues es un derecho que han negociado con el club, pero que queda mal si tu equipo va 0-0 con el Betis y se está jugando el liderato. Más aún si eres uno de esos jugadores a los que se le cuestiona el continuamente por la falta de compromiso.

Su nueva situación sorprende por repentina, pero a la vez se hace repetitiva. En dos semanas, el colombiano ha tirado por la borda todo lo que había conseguido en el primer mes y medio de competición, y Zidane —que nunca ha sido muy partidario de su presencia en el grupo— parece estar bastante harto de la situación.

El año pasado en el Bayern de Múnich le ocurrió más o menos lo mismo.

REUTERS/Andreas Gebert
REUTERS/Andreas Gebert

Tras una primera temporada en la que el jugador parecía asentado y todo hacía indicar que el club bávaro haría efectiva la cláusula que tenía para comprar al jugador, su desempeño en su segundo año en el equipo dejó tanto que desear que el Bayern decidió no ejercer esa opción. James jugó sólo 28 partidos con el campeón alemán y conforme fueron pasando las jornadas, su figura fue decreciendo en importancia dentro del esquema de Nico Kovac.

Lesiones, malas actuaciones y gravessalidas de tono —como cuando tras una derrota le gritó a su entrenador recriminándole que el Bayern era un grande y no podía actuar como en su antiguo equipo, el Eintracht de Frankfurt— relegaron a James a un papel cada vez menor dentro del grupo, llegando a convertirse en todo un actor secundario en el devenir del eventual dueño del doblete alemán.

Por eso su situación actual no sorprende para nada. A James le dio Zizou una oportunidad y, aunque parecía dispuesto a todo para aprovecharla, rápidamente ha dado un paso al costado y vuelto a las andadas. Es una pena, pues su fútbol de purpurina le vendría muy bien al equipo, sobre todo su facilidad para el gol llegando desde segunda línea, para un equipo peleado con la portería contraria. Pero el cafetero es así y parece que no hay forma de cambiarlo.

Será difícil que su entrenador siga contando con él esta temporada después de todo lo ocurrido en las últimas dos semanas.

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