La reivindicación feminista de Mónica Lewinsky... 21 años después

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Monica Lewinsky habla sobre el escenario en la entrega 23 de los Premios Webby el 13 de mayo de 2019 (Photo by Michael Loccisano/Getty Images for Webby Awards)
Monica Lewinsky habla sobre el escenario en la entrega 23 de los Premios Webby el 13 de mayo de 2019 (Photo by Michael Loccisano/Getty Images for Webby Awards)

Mónica Lewinsky sigue dando de qué hablar.

La primera vez que escuchamos su nombre fue hace 21 años, cuando el mundo se enteró que había tenido al menos nueve encuentros sexuales con el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, entre 1995 y 1997.

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El escándalo sacudió los cimientos del país de tal manera que marcó la agenda política de todo 1998. Lo que en enero se filtró como una relación extramarital del hombre más poderoso del planeta, en diciembre ya había escalado a un juicio político contra Clinton.

El presidente no fue cuestionado por haber tenido una aventura sexual con una becaria recién salida de la universidad de 22 años cuando él tenía 49, sino por haber mentido en un testimonio ante un Gran Jurado Federal que investigaba el caso.

El presidente Bill Clinton posa junto a Monica Lewinsky el 17 de noviembre de 1995 en una foto que fue divulgada por el fiscal Kenneth Starr entre las 3.000 páginas de documentos que formaban parte de la investigación. Lewinsky declaró ante un gran jurado, que ella y Clinton tuvieron un encuentro sexual el día en que fue tomada la imagen en la Casa Blanca.
El presidente Bill Clinton posa junto a Monica Lewinsky el 17 de noviembre de 1995 en una foto que fue divulgada por el fiscal Kenneth Starr entre las 3.000 páginas de documentos que formaban parte de la investigación. Lewinsky declaró ante un gran jurado, que ella y Clinton tuvieron un encuentro sexual el día en que fue tomada la imagen en la Casa Blanca.

El Fiscal General Kenneth Starr concentró todas sus energías y millones de dólares en lograr la destitución de Clinton por perjurio y obstrucción de justicia al mentir aunque no lo logró. La Cámara de Representantes exoneró al presidente de las acusaciones y permitió que concluyera su segundo período como líder de la Casa Blanca.

Pero el linchamiento moral a Lewinsky nunca ha cesado. Algunos medios poderosos, personalidades y buena parte de la opinión pública estadounidense la calificaron hace dos décadas de mujerzuela, ramera, zorra, prostituta y destruye hogares.

En 2019 la han acusado de intentar aniquilar las aspiraciones presidenciales de los demócratas en las elecciones del 2020 por participar como productora ejecutiva en una nueva temporada de la serie de FX American True Crimen, en la que presentará su posición actual sobre el affaire. Los críticos consideran que el estreno previsto a pocas semanas de los comicios pudieran afectar los resultados.

Los hechos

Los detractores más feroces de Lewinsky la consideran una mosquita muerta que intentó escalar posiciones a cambio de sexo y cuando vio el camino obstruido decidió exponerse al escándalo pera destruir a Clinton y ganar notoriedad.

El bajo perfil que ha mantenido Lewinsky a través de los años, sus declaraciones ante el Gran Jurado y las pocas entrevistas concedidas a la prensa otorgan credibilidad a su primera versión de los hechos: La chica se enamoró a primera vista del presidente y sinceramente creyó que tenían un romance.

Lewinsky nunca quiso exponer a Clinton, jamás se consideró una víctima y hasta se distanció de su primer abogado Bill Ginsburg porque consideraba que Clinton actuó como un pederasta. La joven siempre aseguró que todos sus encuentros sexuales ocurrieron con su total consentimiento. Ella amaba a Clinton y deseaba estar con él.

La responsable de destapar el escándalo fue Linda Tripp, una funcionaria del departamento de Defensa que se hizo amiga de Lewinsky, se ganó su confianza, la animó a contar los detalles más íntimos de su relación con Clinton y luego la traicionó al entregar a la fiscalía conversaciones que había grabado sin autorización.

Al sol de hoy, Tripp asegura que sus motivaciones no fueron políticas sino para luchar contra la corrupción, aunque el Centro Nacional de Informantes creado por sus abogados estaría respaldado por representantes republicanos.

La fractura feminista

Más allá de las incontables burlas y comentarios machistas sobre el escándalo, el análisis sobre lo ocurrido a Lewinsky ahondó aún más la brecha que separa a las feministas libertinas, que defienden la libertad absoluta de la sexualidad, y las feministas por la igualdad, que creen que el sexo es una transacción humana como cualquier otra y las mujeres deben estar atentas en su manejo para evitar los abusos de poder.

La filósofa Linda Hirshman, quien concentra sus investigaciones en las relaciones entre el sexo, las leyes y los movimientos sociales, expresó su posición sobre la gravedad del "desliz" de Clinton en el podcast Slow Burn con el periodista Leon Neyfakh.

Hishman está convencida de que Mónica Lewinsky fue abusada por un depredador sexual. "Es bastante claro que existía una desigualdad, no sólo de edad, dinero y poder, pero también de racionalidad. ¿Cierto?. Ella estaba ilusionada y él fue determinante. Quiero decir que la estaba usando para obtener alguna satisfacción sexual dentro de una situación muy limitada".

Mientras las feministas libertinas argumentaba que la vida privada de Clinton y Lewinsky sólo les competía a ellos, Hirshman pensaba que ese argumento era una traición para las mujeres porque el comportamiento sexual de los hombres podían ser protegidos del juicio moral amparados por el velo de la privacidad.

Jennifer Baumgardner y Amy Richards publicaron la posición de las libertinas en un ensayo titulado en Defensa de Mónica, en el que apoyan el derecho de las mujeres a tomar decisiones libres aunque implique tomar decisiones equivocadas. Las autoras apoyaron la versión pública de los hechos declarada por Lewinsky. "Creemos que ella nos está diciendo la verdad y ella nos está diciendo que no fue una víctima de Bill Clinton".

Patricia Ireland, que lideraba el movimiento feminista NOW, asumió su posición desde el pragmatismo político. Aunque sus bases discutieron intensamente organizar una marcha para condenar las relaciones sexuales entre empleadores y subordinados, al final Ireland defendió públicamente a Clinton porque su gobierno apoyaba gran parte de la agenda feminista: el derecho de la mujer al aborto y legislaciones más severas contra la violencia doméstica.

Pero para mujeres como Hirshman, 1998 fue un año intolerable. Por una parte no deseaban ayudar a los republicanos que desean aplastar a Clinton políticamente por haber abusado de Lewinsky, pero tampoco respaldaban a los demócratas que lo apoyaban ciegamente por conveniencia.

"Las feministas pierden de las dos maneras. Pierden si están en las manos de la derecha estadounidense basada en el reaccionario y retrógrada pensamiento religioso sureño. Y lo triste es que también pierden en las manos de los estadounidenses liberales libertinos de la izquierda".

Impeachment: American Crime Story

Pero ya Lewinsky no necesita quien la defienda. A sus 46 años ha asimilado lo vivido y está preparada para expresarlo.

La gente ha estado acaparando y contando mi parte en esta historia durante décadas. De hecho, hasta estos últimos años no he podido recuperar por completo mi narrativa; casi 20 años después”, dijo Mónica en una entrevista en Vanity Fair.

Al hablar sobre su trabajo como productora de la tercera temporada de la serie American Crimen Story, Lewinsky agradeció que finalmente la sociedad ha permitido que personas tradicionalmente silenciadas tengan una voz "Este no es solo un problema que haya tenido yo. Las personas poderosas, a menudo hombres, se aprovechan de sus subordinados de innumerables maneras todo el tiempo".

Pero en momentos de turbulencia política, donde el polémico presidente Donald Trump parece caminar a paso firme hacia la reelección, los demócratas no desean resucitar el amargo escándalo Lewinsky.

El historial de Trump por conducta sexual impropia y misoginia es amplio pero ha sabido salir ileso de demandas y señalamientos como el realizado por Kristin Anderson, quien dijo que el ahora presidente deslizó su mano debajo de su minifalda y tocó su vagina cuando compartía con unos amigos en Nueva York en los años 90.

Los republicanos parecen confiados en que las indiscreciones sexuales de Trump pasarán desapercibidas, mientras que los hechos ocurridos hace 21 años en la icónica Oficina Oval continuarán generando polémica y alterando resultados electorales.

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