La senadora que pronunció un memorable discurso ante el Congreso para plantar cara al ‘Macartismo’

El 1 de junio de 1950, mientras sus compañeros de bancada miraban hacia otro lado tras la puesta en marcha de lo que se conoció como ‘Macartismo’, la senadora, por el Estado de Maine, Margaret Chase Smith, pronunció un discurso ante la cámara y que ha pasado a la Historia como la «Declaración de conciencia».

Margaret Chase fue una valiente senadora que pronunció un memorable discurso ante el Congreso para plantar cara al mismísimo Joseph McCarthy (imágenes vía Wikimedia commons)
Margaret Chase fue una valiente senadora que pronunció un memorable discurso ante el Congreso para plantar cara al mismísimo Joseph McCarthy (imágenes vía Wikimedia commons)

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Llevaba poco más de un año como senadora (aunque había sido congresista en la Cámara de Representantes, durante una década) y a pesar de no ser veterana en el Senado decidió que debía hacer público su rechazo hacia las medidas tomadas en la ‘caza de brujas’ con la que se iba a perseguir a los ciudadanos estadounidenses (especialmente a intelectuales y personajes relacionados con el mundo de la cinematografía) por ser cercanos al comunismo como ideología política.

Margaret Chase era conservadora, de hecho era militante y representante del Partido Republicano, pero tenía un profundo y muy marcado respeto hacia la democracia y las libertades de opinión y creencia de la sociedad norteamericana.

Por tal motivo no podía dejar escapar la oportunidad de pronunciar unas palabras desaprobando la medida tomada por el Congreso de los EEUU y respaldada por el todopoderoso ‘Comité de Actividades Antiestadounidenses’ de crear listas negras y perseguir a ciudadanos comunistas, tal y como había solicitado cuatro meses antes, el senador y compañero de partido de Margaret Chase, Joseph McCarthy.

En febrero de aquel mismo año, el senador McCarthy había pronunciado un incendiario discurso en Wisconsin, Estado por el que había sido elegido, en el que exigía a la administración Truman perseguir, juzgar y condenar a todo aquel estadounidense traidor a la nación que tuviese vínculos con la ideología comunista. En aquellos momentos, un lustro después de haber finalizado la IIGM y con la Guerra Fría en sus inicios (que enfrentaba al bloque occidental liderado por EEUU con el oriental, con la URSS a la cabeza) el comunismo se había convertido (según el criterio de los políticos más conservadores) en el mayor de los peligros para el planeta y, evidentemente, para la nación estadounidense.

McCarthy aseguraba tener un listado en el que aparecía el nombre de 205 comunistas que residían en suelo norteamericano, muchos de ellos de gran relevancia. También acusaba a los miembros del Partido Demócrata de estar cercanos políticamente a los intereses soviéticos; evidentemente lo hacía como una potente arma propagandística en contra de sus adversarios políticos.

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Pero lo que el senador por Wisconsin no esperaba es encontrar algún tipo de oposición entre los correligionarios del Partido Republicano al que representaba y mucho menos por parte de una senadora a la que, hasta entonces, le había unido una cordial amistad.

Curiosamente, la mañana de aquel 1 de junio de 1950, Joseph McCarthy se encontró casualmente con Margaret Chase, intercambiaron unos saludos y la vio algo tensa, por lo que preguntó a su compañera de partido si estaba seria porque iba a pronunciar algún discurso. La respuesta de la senadora fue un contundente «Sí, y no te va a gustar».

Momentos antes de pronunciar el memorable discurso ‘Declaración de conciencia’, Margaret había hecho llegar a la prensa algunos extractos del mismo, además de comentar con algunos de sus compañeros de bancada el tema que iba a tratar.

Y aunque muchos de estos últimos compartían las ideas de la senadora y no estaba de acuerdo (privadamente) con el ‘Macartismo’, prefirieron mirar hacia otro lado y no dar su apoyo público a Margaret Chase, tan solo consiguió el respaldo de seis senadores: Charles W. Tobey (representante de New Hampshire), George D. Aiken (de Vermont), Wayne L. Morse (senador por Oregon), Irving M. lves (de New York), Edward J. Thye (Minnesota) y Robert C. Hendrickson (de New Jersey).

El discurso ‘Declaración de conciencia’ tan solo duró un cuarto de hora, el tiempo suficiente para incomodar a muchos de los presente y, especialmente, a Joseph McCarthy, quien no dejó de fijar su mirada en la senadora, a modo intimidatorio.

Algunos de los fragmentos del discurso de Margaret Chase son:

[…]Señor Presidente, me gustaría hablar breve y simplemente sobre una grave condición nacional. El Senado de los Estados Unidos ha disfrutado durante mucho tiempo del respeto mundial como el mayor órgano deliberativo. Pero recientemente ese carácter deliberativo ha degradado en un foro de odio y asesinato de personajes.[…] […]La libertad de expresión no es lo que solía ser en Estados Unidos. Ha sido tan abusado por algunos que otros no lo ejercen.[…]

También pidió públicamente a sus colegas republicanos… […]no lograr la victoria política basada en «Los cuatro jinetes de la calumnia»: el miedo, la ignorancia, el fanatismo y la calumnia.

No mencionó en ningún momento por su nombre a Joseph McCarthy, pero Margaret Chase estaba convencida que, tras su intervención, el senador solicitaría la palabra y se iniciaría un debate público en el Senado. Pero no fue así. Tal y como finalizó, y con los representantes enmudecidos, el senador por Wisconsin se levantó de su escaño y salió en silencio de la cámara.

Sí que hubo quien elogió el valiente discurso de la senadora (los mencionados senadores que firmaron la declaración y alguno entre las filas demócratas) pero la inmensa mayoría de representantes políticos que allí se encontraban prefirieron no hablar del tema.

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El valiente discurso de Margaret fue muy bien valorado por parte de la prensa más progresista e incluso se crearon algunos movimientos que, en base a lo que ella dijo, promoverían iniciativas para acabar con la persecución y caza de brujas propiciada por Joseph McCarthy, quien a su vez comenzó una campaña de desprestigio y difamación hacia la senadora y quienes la apoyaron, apodándolos como «Blancanieves y los seis enanitos».

Pero la batalla de Margaret Chase no estaba del todo perdida, ya que encontró  apoyos (aunque pocos), alguno incluso inesperado como el del Presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, quien se reunió con la senadora en el Capitolio unos días después y le dijo que su ‘Declaración de Conciencia’ había sido una de las mejores cosas que habían sucedido en Washington en todos los años en el que Truman había estado tanto en el Senado como en la Casa Blanca.

A pesar de este apoyo del presidente hacia la senadora Margaret Chase, el senador Joseph McCarthy se salió con la suya y a lo largo de los siguientes años (hasta 1956) se estuvo investigando, persiguiendo, juzgando y encerrando e incluso expulsando del país, a toda aquella persona sospechosa de simpatizar con el comunismo.

Fuentes de consulta e imagen: senate.gov (1) / senate.gov (2) / Declaration of Conscience (pdf) / historymatters / Wikimedia commons

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