PFAS: las sustancias químicas tóxicas que el 99% de los estadounidenses tienen en la sangre

Con todo lo que está pasando en el mundo en estos días, es difícil prestar atención a una sesión del Comité de supervisión Ambiental de la Cámara de Representantes. Incluso cuando el presidente del Comité califica de “emergencia nacional” el asunto del que están tratando. Sin embargo, la sesión pasó desapercibida en los noticieros, aunque era y es importante para el 99% de los estadounidenses, ya que afecta a algo que en estos momentos se encuentra presente en su sangre: los compuestos conocidos como PFAS.

Los perfluoroalquilos y polifluoroalquilos se usan para esmaltar sartenes y convertirlos en antiadherentes, en cajas de pizza, en el hilo dental, champú, pinturas, ropa impermeable y en espumas utilizadas para apagar incendios, como la que se ve sobre un lago de Pennsylvania en esta foto. (Photo by Bastiaan Slabbers/NurPhoto via Getty Images)
Los perfluoroalquilos y polifluoroalquilos se usan para esmaltar sartenes y convertirlos en antiadherentes, en cajas de pizza, en el hilo dental, champú, pinturas, ropa impermeable y en espumas utilizadas para apagar incendios, como la que se ve sobre un lago de Pennsylvania en esta foto. (Photo by Bastiaan Slabbers/NurPhoto via Getty Images)

¿Qué son y por qué deben preocuparte?

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El nombre químico de estas sustancias es perfluoroalquilos y polifluoroalquilos (PFAS), y se trata de una familia amplia de sustancias químicas, en la que hay más de 5,000 derivados. Son compuestos sintéticos desarrollados artificialmente y que se han venido utilizando desde los años 40 en todo tipo de productos de consumo diario.

Si alguna vez has puesto una bolsa de palomitas en un horno microondas, esa sustancia estaba presente en el papel. También es usada en los envoltorios de comida rápida, en maquillaje de ojos y en todos esos maravillosos productos que se venden diciendo que repelen las manchas. Se usan para esmaltar sartenes y convertirlos en antiadherentes, en cajas de pizza, en el hilo dental, champú, pinturas, ropa impermeable y en espumas utilizadas para apagar incendios, entre muchos otros. Son cientos de productos los que incluyen en alguna forma o manera uno de estos elementos.

Uno de los problemas con estos compuestos es que hoy se encuentran en el cuerpo de la mayoría de los estadounidenses, pero el otro es que son conocidos como “forever chemicals”, es decir, que están ahí para siempre. A diferencia de los compuestos naturales, y de algunos artificiales, que sufren la acción del sol o de los elementos y son eliminados con el tiempo, en estos casos la naturaleza no los destruye, de ahí que sean conocidos como “para siempre”, ya que una vez que son producidos, subsisten durante miles de años.

Estos químicos tienen además una característica acumulativa, ya que una vez entran en nuestro organismo, además de permanecer, se van acumulando y son difíciles de eliminar de nuestro sistema.

Un examen toxicológico realizado por el gobierno federal alertaba que estos químicos son más peligrosos de lo que se había pensado en el pasado y concluyen que podría estar asociado con algunos tipos de cáncer, problemas de hígado y aumento de niveles de colesterol, entre otros.

Están en el agua, en el aire, en la tierra y en nuestra sangre

Estos elementos químicos están en todas partes. Además de en los productos antes mencionados, han llegado después de décadas de uso a formar parte del agua que bebemos, del aire que respiramos y de la tierra sobre la que pisamos. Y por supuesto, en nuestros organismos.

Según la ATSDR, la agencia del gobierno para substancias tóxicas y registro de enfermedades, la mayoría de los estadounidenses tienen en su sangre al menos un tipo de PFAS. Esta conclusión es el resultado de un estudio nacional sobre salud y nutrición realizado por el Centro de Control de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés)

Además de por el uso diario de los productos que contienen estos químicos, por su duración, han llegado a formar parte del agua, sea porque se trata de caudales cercanos a plantas de fabricación de estos productos, o por su cercanía a bases militares o a lugares donde los bomberos entrenan, ya que estos productos son parte de los compuestos que se usan en la extinción de incendios y son, según el ejército, indispensables para combatir los incendios en los que arde el combustible de los aviones de combate.

Su extensión y alcance está documentado en un mapa interactivo creado por el Enviromental Working Group en el que puede comprobar la presencia de estos químicos en cada estado.

Demandas contra los fabricantes

Ante esta situación, han sido varios los estados del país que han iniciado acciones. New Hampshire ha sido uno de los últimos en demandar a las compañías fabricantes de estos productos por la contaminación de sus aguas.

Según la demanda, las compañías conocían el riesgo para la salud y que, una vez utilizados, contaminarían el agua de la superficie y del subsuelo hasta hacerla no apta para consumo humano.

Después de una larga batalla legal que duró casi ocho años, el estado de Minnesota consiguió que los fabricantes indemnizaran con más de 800 millones de dólares por la contaminación causada. Ohio, Nueva York y Nuevo México también han demandado, al igual que Vermont y Carolina del Norte.

Sin suficientes estudios concluyentes

Mientras las demandas continúan, los fabricantes se escudan en la seguridad de sus productos, algo que es todavía pronto para confirmar o denegar ya que, a pesar de haber indicios, aún no hay suficientes estudios concluyentes sobre los riesgos para la salud. Los estudios en EEUU se han puesto en marcha, pero en uno reciente sobre este mismo tipo de compuestos, llevado a cabo por la Unión Europea.

Los resultados, lejos de tranquilizar resultan alarmantes.

La EFSA, la Agencia Europea de la Salud Alimentaria, rebajó en un 99% los límites aceptables en dos de estas sustancias indicando que se trata de un grave problema para la salud. Su recomendación rebajó la cantidad tolerable por el cuerpo humano de 1050 nanogramos por kilo de peso a la semana a 13 nanogramos por la misma cantidad de tiempo.

De vuelta al Congreso

La preocupación por la presencia de estas sustancias ha llegado al Congreso, donde los legisladores han llamado repetidas veces a comparecer a los fabricantes y donde se están encargando estudios para determinar el efecto que estos químicos tienen en la salud.

Decididos a no esperar por estos resultados, algunos estados han comenzado a actuar, preparando legislación al respecto, pero son la minoría. Hay 34 estados que aún no tienen regulación sobre los índices de PFAS en el agua.

Mientras tanto, a finales del mes de septiembre un juez federal dio vía libre a un “class action” iniciado por un bombero de Glendale, Ohio, que durante su carrera de 40 años fue expuesto a altos niveles de PFAS, lo que abre la puerta a que cualquier estadounidense con niveles detectables de PFAS en su sangre se pueda sumar a la demanda.

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