Llevas tratando mal los labios agrietados toda la vida

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Las zonas de la piel que más sufren son las más expuestas y sensibles como los labios. (Foto: Getty)
Las zonas de la piel que más sufren son las más expuestas y sensibles como los labios. (Foto: Getty)

Dejando de lado los casos que se deben a patologías, normalmente los labios se 'cortan' por deshidratación. El frío y el viento son los factores desencadenantes y por eso, en invierno se nos cortan los labios más a menudo y nos pasamos el día luchando con los dichosos pellejos. ¡Como algo tan pequeño puede molestar tanto!

La magnitud del daño depende del grado de deshidratación de los labios. Un labio un poco deshidratado tendrá un aspecto ligeramente seco. Puede aparecer entonces una leve descamación. Si se prolonga la deshidratación, la descamación se hace más intensa, dándole al labio un aspecto blanquecino que se desgarra. Por último, cuando las fisuras se vuelven más pronunciadas, los labios pueden presentar algunas hendiduras y hasta grietas que sangran. Llegado ese punto, el menor movimiento de la boca provoca dolor.

Para evitarlo, la mayoría solemos echar mano de los cosméticos, en concreto, del bálsamo labial, la mejor solución para los labios secos y agrietados. Lo aplicamos una y otra vez confiando en que funcione. Sin embargo, ese pequeño gesto que realizamos entre 3 y 20 veces al día con el fin de mantener los labios hidratados y protegidos del frío, puede ser contraproducente.

Algunos dermatólogos afirman que ciertos componentes como los sulfatos de sodio y el mentol, presentes tanto en labiales como en dentífricos, pueden irritar la piel de esta zona, muy fina y sin melanina ni glándulas sebáceas que la protejan de agresiones externas. (Foto: Getty)
Algunos dermatólogos afirman que ciertos componentes como los sulfatos de sodio y el mentol, presentes tanto en labiales como en dentífricos, pueden irritar la piel de esta zona, muy fina y sin melanina ni glándulas sebáceas que la protejan de agresiones externas. (Foto: Getty)

¿Los motivos? Uno de ellos es precisamente la cantidad de veces que aplicamos el bálsamo labial. Hacerlo de manera continuada genera dependencia y la piel dejará de estar hidratada de manera natural.

Poner cacao todo el rato no ayuda

"Al estar constantemente con una capa de producto encima de los labios, estás impidiendo a la piel que transpire con normalidad”, explica Noemí Antón López, especialista en el cuidado de la piel en el Centro de Belleza Coral Oñate.

Además, si tienes la necesidad de aplicarlo cada poco tiempo para notar sus efectos, probablemente estés usando uno de calidad pobre. “Es como cuando bebes refrescos para calmar tu sed. Bebes algo que satisface a tus sentidos sin un contenido nutricional, y al poco tiempo vuelves a tener sed. Lo mismo sucede con los bálsamos llenos de sabor, fragancia y menthol”, explica Mona Gohara, dermatóloga de la American Academy of Dermatology (AAD), a la edición inglesa de la revista Glamour.

Hay que tener en cuenta que la piel comprende varias capas: la hipodermis, más profunda, la dermis y la epidermis. Esta última capa superficial es la parte ‘visible’ de la piel. Contiene una película hidrolipídica, producida -en parte- por las glándulas sebáceas, para protegerse de las agresiones externas.

Pero la calidad de la piel y el grosor de epidermis de los labios es distinta al resto, y precisamente la ausencia de glándulas sebáceas en esta zona hace que sea más sensible.

“El labio está recubierto por una semimucosa que es más débil y menos gruesa que la piel normal y, por tanto, es frecuente que el frío o los irritantes se manifiesten más en los labios que en el resto de la piel», explica el dermatólogo Antonio Clemente Ruíz de Almirón, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

“A esto hay que añadirle la constante gesticulación (hablar, sonreír, comer, beber…)”, apunta el equipo de dermatólogos de Face Clinic Lo cual provoca que los labios y su contorno envejezcan más rápido, y pierdan densidad e hidratación.

Además, al aplicar el bálsamo repetidamente “el tejido del labio se acostumbra al ambiente húmedo que este proporciona, volviéndose mucho más sensible cuando no se usa”, añaden.

No sirve cualquiera

Así que, por un lado, hay que tratar de corregir ese deje o manía de aplicar sobre los labios una capa de producto tras otra. Y por otro lado, es importante que empieces a fijarte en los ingredientes de los protectores labiales en vez de dejarte llevar por la textura, los olores o sabores.

Hay que hidratar los labios con productos que podemos encontrar en las farmacias y evitar humedecerlos con saliva. Un simple stick a base de manteca de karité o cera de abeja puede bastar para rehidratar los labios en forma correcta y protegerlos contra las agresiones externas. (Foto: Getty)
Hay que hidratar los labios con productos que podemos encontrar en las farmacias y evitar humedecerlos con saliva. Un simple stick a base de manteca de karité o cera de abeja puede bastar para rehidratar los labios en forma correcta y protegerlos contra las agresiones externas. (Foto: Getty)

Debemos evitar la pérdida de hidratación y, para ello, lo mejor es un bálsamo específico para labios que proporcione una película protectora que limite la evaporación y favorezca la hidratación.

Muchos incluyen aceites minerales derivados del petróleo que, aunque en un primer momento crean un efecto de hidratación y aportan volumen (uno de las últimas obsesiones de las beauty-adictas), a la larga resecan la piel, como ya advirtió la OCU tras realizar el análisis de más de 20 tipos diferentes de bálsamos labiales.

“Estos productos basan su composición en ceras que pueden ser de origen natural o un producto derivado del petróleo. A la luz de los resultados de nuestro estudio, son las primeras las que aconsejamos utilizar, por presentar mayores garantías de seguridad, ya que los aceites minerales pueden contener algunas impurezas tóxicas como MOSH (Mineral Oils Saturated Hydrocarbons) y MOAH (Mineral Oils Aromatic Hydrocarbons). Si se ingieren estas sustancias, algo que no es descabellado en el caso de los protectores labiales, pueden llegar a ser perjudiciales”, recoge el informe.

En concreto, los MOAH pueden llegar a alterar el ADN y provocar cáncer. Mientras que los MOSH se acumulan en tejidos, nódulos linfáticos, bazo e hígado y pueden ocasionar microgranulomas. “En otro tipo de productos su uso no es tan problemático, pero deben limitarse en productos alimentarios o cosméticos como el protector labial”, señala la OCU.

Ingredientes a evitar

Esta es la lista de los componentes que no deberían estar presentes en tus labiales: Cera Microcristallina o Micro crystalline Wax, Hydrogenated Microcrystalline Wax, Hydrogenated Polyisobutene, Ceresin, Ozokerite, Paraffin, Paraffinum Liquidum, Petrolatum, Polyethylene, Polybutene y Synthetic Wax.

Estos sí son seguros

La cera de abeja (cera alba) y las vegetales carnauba (Copernicia cerifera Cera) y candelilla (Euphorbia cerifera) son sustancias naturales que no presentan problemas de seguridad. Los protectores labiales que incluyen manteca de cacao o karité, aceites de oliva, jojoba, ricino... tampoco conllevan riesgos.

“Lo ideal, apunta Elena Martínez Lorenzo, dermatóloga en la Clínica Pilar de Frutos, es utilizar barras de labios que lleven hidratantes o incluso antioxidantes como vitamina E”.

Sin sabores ni fragancias

Cualquier producto cosmético que te apliques en los labios, ya sea un cacao, un bálsamo, una barra de labios, etc., debe estar formulado sin activos que causen irritación como perfumes o alcohol. De hecho, los dermatólogos recomiendan evitar cacaos y vaselinas que contengan fragancias, dado que resecan la piel.

“Lo único que hacen es añadir un factor cosmético al producto, pero son irritantes para la piel, causando más sequedad e irritación”, cuenta Mona Gohara, dermatóloga de la American Academy of Dermatology, a la revista Glamour. “Ingredientes como camphor, phenol o menthol son, en muchísimas ocasiones, causa de dermatitis”. Esto incluye, a pesar de su origen natural, a los aceites de eucalipto o menta/clorofila.

No arranques las pieles muertas

Este es uno de los tics que más daño hace a la delicada piel de los labios, como mordisquear bolígrafos o lápices, o peor, las uñas. Tampoco debes morder o humedecer los labios pues es el contacto con la saliva aumenta el problema debido a la irritación que pueden producir las enzimas y los demás componentes que la forman.

“Cuando hay escamas hay que usar productos hidratantes, en estos casos la vaselina no es suficiente ya que retiene el agua que produce la propia mucosa y piel, lo ideal es usar bálsamos reparadores como Repavar labios Rosa Mosqueta, Bariederm labios o Cicalfate labios”, explica la Dra. Martínez Lorenzo.

Revisa tus hábitos

Existen otras causas que pueden aumentar los riesgos de grietas en los labios como una exposición regular al cloro de la piscina, el uso frecuente de lápiz labial, la toma de cierta medicación (que provoca la desecación cutánea como efecto secundario), los alimentos muy salados, picantes o ácidos como el limón o el tomate, una carencia en vitamina B, una alergia o el envejecimiento, que vuelve la piel menos elástica y reduce la producción de colágeno. Tenlo en cuenta e intenta evitarlo si sueles tener los labios cortados a menudo.

Por el contrario, estos hábitos te ayudarán a prevenir la sequedad labial:

  1. Beber más agua. En efecto, la deshidratación también puede venir desde el interior por un deficiente consumo de agua.

  2. Privilegiar los alimentos que contienen vitamina B.

  3. Evitar la aplicación diaria de lápiz labial, sobre todo si tiene una textura mate.

  4. Exfoliar los labios al igual que el rostro. Pero mejor utiliza productos con granos finos para preservar la fragilidad de la piel de la boca.

  5. Desmaquillar sistemáticamente los labios en caso de uso de lápiz labial.

  6. Acostúmbrate a proteger tus labios con un stick hidratante de farmacia sin esperar la tirantez, reveladora de sequedad.

  7. En caso de exposición al sol o durante un viaje de esquí, protege tus labios con un stick solar adecuado.

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