Las severas e inusitadas advertencias que destacados militares retirados hacen sobre el autoritarismo de Trump

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La advertencia que el presidente Donald Trump les hizo a los gobernadores estadounidenses y sus rudas decisiones poco antes de protagonizar un abusivo y demagógico momento mediático frente a una iglesia en Washington DC han encendido los focos de alerta. Y en algunos círculos militares habrían provocado malestar.

Su afirmación de que si los gobernadores no despliegan la Guardia Nacional para contener los incidentes de vandalismo y saqueo que se han registrado en el contexto de las recientes protestas masivas –mayormente pacíficas y con demandas legítimas, en repudio al racismo y a la muerte de George Floyd a manos de policías– él ordenaría al ejército dominar esas ciudades para imponer la “ley y el orden” ha sido criticada por autoritaria, divisiva y cargada políticamente.

Jim Mattis, general retirado y el primer secretario de Defensa del gobierno de Donald Trump, emitió una poderosa crítica a las pretensiones autoritarias del presidente y a su estrategia de dividir al país. (AP Photo/Manuel Balce Ceneta, File)
Jim Mattis, general retirado y el primer secretario de Defensa del gobierno de Donald Trump, emitió una poderosa crítica a las pretensiones autoritarias del presidente y a su estrategia de dividir al país. (AP Photo/Manuel Balce Ceneta, File)
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Luego, al ordenar a la policía militar dispersar a manifestantes que pacíficamente protestaban frente a la Casa Blanca para despejar el espacio y poder él, en un arranque de egolatría, caminar hasta una iglesia cercana para mostrarse con una Biblia en la mano –un afán además considerado divisivo y abusivo por utilizar símbolos religiosos para confrontar a los estadounidenses– reveló su obsesión por hacer creer que es un hombre de acción y valor y confirmó que su noción de “ley y orden” equipara impropia y ominosamente los manifestantes pacíficos y sus demandas legítimas con los vándalos y sus actos delictivos.

Aunque en su núcleo duro de seguidores esos arrebatos de Trump habrán sido recibidos con buenos ojos, muchos los han señalado como actitudes de autoritarismo, narcisismo y abuso impropios de su investidura. Y algunos los han incluso considerado como desplantes de cuño fascista.

Que en esos desplantes hayan estado presentes altos mandos militares y de Defensa, además de los acólitos de Trump, fue un dato adicionalmente perturbador para muchos, pues todo ello atiza el temor de que Trump pretende usar a las fuerzas armadas de Estados Unidos para impulsar sus intereses políticos y apoyar sus animadversiones y obsesiones personales.

Todo ello ha provocado crítica y estupor a gran escala, y también habría desatado inquietud y rechazo entre los propios militares.

El general de cuatro estrellas retirado Jim Mattis, que fue el primer secretario de Defensa de Trump, exaltado por el presidente hasta que salió del gobierno por desacuerdos al parecer irreconciliables con él, formuló al respecto algunas de las más duros cuestionamientos públicos que se han hecho de cualquier presidente de voz de una alta figura militar en la historia reciente de Estados Unidos.

Mattis reconoció en una declaración escrita la legitimidad de las protestas pacíficas recientes y señaló el derecho constitucional que los manifestantes tienen a realizarlas. “Debemos rechazar todo pensamiento de nuestras ciudades como un ‘espacio de batalla’ en la que nuestros militares uniformados son llamados a “dominar”, dijo Mattis en abierta refutación de los dichos de Trump.

Militares del cuerpo de paracaidistas patrullan las calles de Washington DC, en donde manifestantes han expresado su repudio al racismo y a la muerte de George Floyd a manos de policías en Minnesota. (Getty Images)
Militares del cuerpo de paracaidistas patrullan las calles de Washington DC, en donde manifestantes han expresado su repudio al racismo y a la muerte de George Floyd a manos de policías en Minnesota. (Getty Images)

Añadió que las fuerzas armadas han de ser usadas en territorio nacional solo en casos excepcionales y a petición de los gobernadores, nuevamente rechazando las pretensiones presidenciales, y deploró que la movilización presente de  militares en Washington DC, como la dispersión de los que protestaban frente a la Casa Blanca, “crea un… falso conflicto entre los militares y la sociedad civil que erosiona la posición moral que asegura un vínculo de confianza entre los hombres y mujeres en uniforme con la sociedad que han jurado proteger”.

Mattis dijo ha jurado defender la Constitución y luego, al alertar sobre el afán de dividir a los estadounidenses, dijo que en la Segunda Guerra Mundial “el eslogan nazi para destruirnos fue ‘dividir y conquistar’. Nuestra respuesta estadounidense es “un la unión está la fuerza”. Todo ello, a la luz de lo que Mattis dice unas frases después sobre Trump, traza una severa comparación entre los arrebatos del actual presidente y el discurso del nazismo.

El propio Mattis sugiere así las tendencias fascistoides en Trump: “Donald Trump es el primer presidente que en lo que tengo de vida que no busca unir al pueblo estadounidense, y ni siquiera finge intentarlo. En cambio, el trata de dividirnos. Estamos atestiguando las consecuencias de tres años de este esfuerzo deliberado. Estamos atestiguando las consecuencias de tres años sin un liderazgo maduro”.

Hay quien criticará a Mattis por haber servido a Trump durante parte de esos años, pero en todo caso el rechazo que hace hoy y su llamado a la unidad al margen del presidente son fuertes e inusitados.

Otros militares han hablado en esa línea con más o  menos intensidad.

“Cualquiera que sea el objetivo de Trump al realizar esa visita [a la iglesia donde posó con una Biblia], el dejó claro su desdén por los derechos a la protesta pacífica en este país, dio alivio a líderes de otros países que se complacen con nuestros conflictos domésticos y puso en riesgo adicional de politización de los hombre y mujeres de nuestras fuerzas armadas”, escribió el almirante retirado Mike Mullen, exjefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos en The Atlantic.

Y el general de cuatro estrellas retirado John Allen escribió en Foreign Policy, que “el descenso de Estados Unidos en el iliberalismo podría haber empezado el 1 de junio de 2020. Recuerden la fecha, podría señalar el principio del fin del experimento estadounidense…”.

El general Jim Kelly, quien fue secretario de Seguridad Nacional y luego jefe de su Gabinete, exaltó el honor de Mattis y desmintió que, como Trump clamó en un tuit, que Matis hubiese sido despedido por Trump. En realidad, Mattis renunció con cierta fecha efectiva y luego Trump la recortó. Y Obama tampoco despidió a Mattis, si bien las diferencias del general con el gobierno habrían incidido en 2013 en su decisión de retirarse.

En su momento, se dijo que Mattis y Kelly eran de las pocas voces dentro del gobierno que contenían el descarriamiento de Trump. Y el prestigio del que goza Mattis da fuerte proyección a sus críticas contra el presidente.

Trump busca proyectar una imagen de fuerza, asociarse con nociones e imágenes de poderío y acción decisiva. Gusta de ser foco de obediencia, de tener un aura de mando y presume saber tanto o más que nadie y tener capacidad de respuesta decisiva prácticamente en todo.

Es por ello que tiene proclividad hacia lo militar y su noción de fuerza, obediencia y autoridad, aunque él mismo recurrió a artimañas para eludir el reclutamiento en tiempos de la Guerra de Vietnam y faltó el respeto a los militares que fueron prisioneros de guerra al decir que “me gustan las personas que no fueron capturadas”.

Trump ha recurrido a varios militares para cargos clave durante su gobierno, incluso en posiciones que generalmente son ocupadas por civiles, como ha sido el caso de su jefe de gabinete, el asesor de Seguridad Nacional, el secretario de Seguridad Interna e incluso el secretario de Defensa, como fueron Mattis, Kelly o HR McMaster. Todos ellos acabaron cayendo de su gracia.

Hoy, que varios generales retirados de muy alto rango y prestigio en las fuerzas armadas, incluso algunos que ocuparon puestos de primer nivel en el gabinete de Trump, hayan formulado críticas de potencia inusitada contra el presidente muestran la erosión que el propio presidente está causando. Son señalamientos públicos de rechazo frontal hacia las acciones y decisiones del presidente tan punzantes que no tienen  precedente en la historia reciente de Estados Unidos.

Una manifestante camina frente a una línea de policías militares en trajes antimotines en Washington DC. (Getty Images)
Una manifestante camina frente a una línea de policías militares en trajes antimotines en Washington DC. (Getty Images)

Trump es, en su calidad de presidente, el comandante en jefe de las fuerzas armadas estadounidenses y por ello posee muy amplia autoridad y decisión sobre ellas. Pero, como se ha mostrado en otras ocasiones, al parecer Trump confunde o desea entender esa institucionalidad con lealtad ciega hacia su persona, y habría con frecuencia pretendido que acciones de funcionarios e instituciones oficiales respondan no al interés general del país, a su seguridad nacional o a políticas públicas coherentes sino a sus intereses y obsesiones personales.

No dudó, por ejemplo, en el caso que condujo a su proceso de impeachment, condicionar la política exterior y la seguridad nacional de Estados Unidos a tratar de rendir a un gobierno extranjero para que interfiriese en el proceso electoral estadounidense.

La noción de utilizar unilateral e injustificadamente a las fuerzas armadas estadounidenses en  tareas de seguridad pública, en este caso en el contexto de las protestas masivas legítimas y los disturbios colaterales, sería un nuevo intento de rendir a las instituciones a sus pretensiones personales.

Algo tan grave que no solo Mattis y otros generales retirados han expresado con severidad su crítica a Trump: incluso su actual secretario de Defensa, Mark Esper, contradijo al presidente y dijo que no aprobaba el uso de militares activos para contener las manifestaciones masivas a patrullar las calles.

Cuál es el grado de malestar que  Trump ha causado en las fuerzas armadas estadounidenses  por sus desplantes recientes es incierto, pero las expresiones recientes de Mattis y otros generales muestran que entre la sociedad y las fuerzas armadas hay un amplio consenso en el respaldo y lealtad a la tradición democrática  estadounidense, a su Constitución y a los derechos fundamentales que ella consagra. Valores que están del lado de quienes los ejercen pacíficamente y no de quienes pretenden reprimirlos.

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