Por qué Tebas se ha puesto del lado del Barcelona y en contra de Messi

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Javier Tebas posa junto a Messi tras entregarle un premio
Messi (izquierda) recibiendo un premio entregado pro Javier Tebas en 2018. Foto: Lluís Gené / AFP via Getty Images.

Por si faltaba algo en el enfollonadísimo caso de Leo Messi y su ¿probable?, ¿posible?, de momento dejémoslo en hipotética salida del Barcelona, un tema que amenaza con convertirse no ya en el culebrón del verano sino de lo que llevamos de siglo, se ha metido por medio un nuevo personaje. Pero no uno cualquiera, sino un pez gordo de esos con mucha capacidad de influencia. Se trata ni más ni menos que de la Liga de Fútbol Profesional que preside Javier Tebas.

El organismo ha emitido una “nota informativa” en la que indica que se negará a tramitar la baja federativa del futbolista si antes no se abona la cláusula de rescisión que figura en el contrato, que asciende a un importe prohibitivo: 700 millones de euros. Esa es, precisamente, la postura del club, que sostiene que el vínculo laboral sigue vigente, mientras que el jugador entiende que, acogiéndose a otro apartado del documento, tiene potestad para marcharse gratis. Muchos se han sorprendido de que LaLiga abandone cualquier pretensión de neutralidad en el conflicto y se posicione tan claramente del lado del Barcelona.

Pero parándose a analizar la situación del pleito, las causas y, sobre todo, las posibles consecuencias, es fácil comprender por qué un madridista confeso como Tebas apoya con rotunidad a Bartomeu y la directiva azulgrana. Pueden citarse dos motivos; el primero es que, en rigor, es su obligación, puesto que precisamente LaLiga es la patronal del fútbol y lo lógico es que defienda los intereses de sus miembros sobre los de los trabajadores, que para eso tienen su sindicato. Lo raro, pensándolo fríamente, habría sido lo contrario.

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Sin embargo, rascando un poco más se adivina otra motivación que tiene mucho más peso. La clave, como de costumbre, es económica. Según cifras que aporta La Gazzetta, la competición española podría dejar de ingresar 350 millones de euros en concepto de derechos de televisión en mercados asiáticos si Messi abandona el campeonato.

Tal cantidad podría ser incluso mayor si el astro argentino acabara en algún club de la Premier League inglesa, gran rival del campeonato español por la atención del público oriental en los últimos años. No es una posibilidad descabellada, ni mucho menos; las especulaciones de los últimos días apuntan precisamente al Manchester City como su destino más probable. La caída en las ganancias se sumaría a otros 350 millones que, se estima, ya se han perdido como consecuencia de la pandemia del coronavirus, lo que pondría al campeonato español en una situación bastante delicada.

Todo esto es consecuencia lógica e inevitable del modelo con el que se ha manejado el campeonato en los últimos tiempos; puede discutirse desde cuándo funciona así, pero como mínimo hablamos de más de una década. Si bien es cierto que en el fútbol español Real Madrid y Barcelona han sido los grandes dominadores tradicionales, históricamente ha habido lugar para que otras potencias (Atlético, Valencia, Athletic, etcéteras varios) rascaran su pedazo de gloria. Sin embargo, en la época reciente se ha modificado el relato para que los dos grandes se conviertan en colosos intocables y el resto, con la notable e incomodísima excepción puntual del cholismo rojiblanco, queden reducidos a meras comparsas a las que machacar sin piedad.

En cada uno de estos dos transatlánticos se encontró una superestrella a la que encumbrar a la gloria y convertir en el antagonista del contrario: Messi por parte culé, Cristiano Ronaldo en la Casa Blanca. El superhéroe y el villano, el lector elige qué papel le da a cada uno, que llegaban incluso a trascender el equipo para el que jugaban y justificaban por sí mismos el espectáculo con cifras portentosas de goles y de victorias. El formato es un clásico de la literatura universal que hemos visto mil veces, a menudo también dentro del deporte (Coppi y Bartali, Bird y Johnson, Ali y Frazier, el ejemplo que se prefiera) y que funciona a las mil maravillas.

Messi, sentado, y Cristiano Ronaldo, de pie, se saludan en los asientos de un auditorio antes de empezar el sorteo de la Champions.
Messi (sentado) y Cristiano Ronaldo saludándose antes del sorteo de la Champions celebrado en Mónaco en agosto de 2019. Foto: Valerio Pennicino - UEFA/UEFA via Getty Images.

Es bastante evidente cómo se ha hecho para mantener este sistema. Y ni siquiera hace falta caer en conspiraciones arbitrales, aunque si alguien desea incluirlas en la ecuación no le vamos a censurar. La clave está en la financiación de los clubes, lo que en la actualidad significa precisamente el dinero de la tele. Se apaña el reparto para que madrileños y catalanes reciban cantidades desmesuradamente altas, y para el resto no queden más que las migajas, amparándose en la excusa que se retroalimenta a sí misma de que son “los que más venden”. De esta manera, el par de transatlánticos tienen músculo financiero para fichar a cualquier jugón que destaque en un tercer equipo. Así consiguen, primero, montar un ejército de lugartenientes de altísima categoría para sus líderes, y segundo, debilitar a los demás manteniéndolos siempre al menos un escalón por debajo.

El problema de esta estructura es que tiene fecha de caducidad. Aunque no falte quien les compare con dioses, Messi y Cristiano son humanos. Como tales, o bien van bajando su nivel a medida que envejecen, o bien sus circunstancias personales les llevan a querer buscar una salida. Ya fue un golpe duro para el negocio cuando el portugués se marchó en 2018, pero si ahora se va el argentino lo que queda es la nada.

No hay plan B. No hay, ni habrá a corto plazo, figura capaz de sustituirles, no solo desde el punto de vista futbolístico (que tampoco) sino, sobre todo, en cuanto a impacto social. Una prueba quizás no demasiado científica pero sí muy reveladora la da el hecho de que en el Balón de Oro de 2019, que lo ganó precisamente Messi, para encontrar otro jugador que pasara la campaña entera en la Liga española hay que bajar al 18º lugar que obtuvo Antoine Griezmann. Es cierto que más arriba (un poco, ni siquiera entre los 10 primeros) están Frenkie de Jong y Eden Hazard, pero la primera mitad del año natural, que suele ser la más valorada, ambos la pasaron fuera. Lo que demuestra, entre otras cosas, que vikingos y culés no han hecho los deberes que se les presuponen, porque en años anteriores siempre acaparaban sin dificultad al menos cinco puestos del top-10.

En Inglaterra está el Liverpool, los dos equipos de Manchester, el Chelsea, el Arsenal, el Tottenham, hasta el Leicester mete baza últimamente. Existe competitividad, hay incertidumbre, el campeonato es entretenido por sí mismo, hay una base solidísima. En España, sin embargo, todo se apoyaba sobre dos patas; quitaron una y se quedó cojo, y si ahora apartan la otra, el riesgo de caída y tortazo contra el suelo es muy real. Por eso Tebas quiere hacer todo lo posible por impedirlo. No se da cuenta de que no es más que retrasar lo inevitable.

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