Con Messi, la ruina; sin Messi, la ruina, el sopor y el bostezo

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SEVILLE, SPAIN - FEBRUARY 07: Lionel Messi of FC Barcelona celebrates after scoring his team's first goal during the La Liga Santander match between Real Betis and FC Barcelona at Estadio Benito Villamarin on February 07, 2021 in Seville, Spain. Sporting stadiums around Spain remain under strict restrictions due to the Coronavirus Pandemic as Government social distancing laws prohibit fans inside venues resulting in games being played behind closed doors. (Photo by Mateo Villalba/Quality Sport Images/Getty Images)
Photo by Mateo Villalba/Quality Sport Images/Getty Images

Quien crea en los números más que en las imágenes, podrá quedarse con que el Barcelona ha marcado ocho goles en los últimos dos partidos (contando una prórroga, eso sí) y que Messi solo ha anotado uno. Si alguien no ha visto ni un minuto de ambos partidos puede pensar que por fin la Leo-dependencia está acabando y que, bueno, los cimientos para un proyecto sin el argentino a partir del año que viene ya están ahí, a falta de algún retoque. Nada más lejos de la realidad. Si algo han demostrado precisamente estos dos partidos en los que el Barcelona se ha agarrado con uñas y dientes a copa y liga cuando ya estaba fuera de ambas competiciones, es que sin Messi ni hay fútbol ni hay sistema ni hay competitividad ni hay nada.

Aceptemos que Messi cobra muchísimo dinero y que cada uno decida si es demasiado o no. El problema que tiene el Barça es que cuando Messi se vaya -si se va-, ese dinero va a ir para deudas. Lo mismo hasta le pagan por fin el finiquito a Quique Setién y todo. El Barcelona está en la ruina con Messi o sin Messi. No hay un escenario viable en el que uno pueda pensar: “Vale, Messi se va el año que viene, perdemos en lo deportivo... pero con ese dinero que nos ahorramos, reforzamos el equipo”. No es el caso. Sin Messi, el Barcelona probablemente deje de ser el club del mundo que más dinero gasta en salarios, pero va a seguir siendo un club en números rojos y con muchos créditos pendientes.

El asunto es qué más va a ser el Barcelona sin Messi. Ya hemos convenido en que la austeridad -y esto parece un eufemismo- no se la quita nadie. Pero, ¿y en el juego? Puede que Ansu Fati salga de su lesión como un toro y dé otro salto de calidad por tercer año consecutivo, pero fiarlo todo a un chaval de 18 años es una receta perfecta para que el chico acabe en la consulta de un psiquiatra. Sí, el Barcelona tiene una buena base de jugadores jóvenes -De Jong, Araújo, Fati, Pedri, Riqui Puig, Dembélé- y unas cuantas estrellas veteranas que podrían tirar del grupo -Griezmann, Ter Stegen, Jordi Alba a ratos-, pero no es casualidad que todo esto no sirva para nada cuando Messi no está en el campo. El equipo hace aguas. No hay fe, no hay confianza, no hay agresividad, profundidad, es todo un “hagamos lo correcto” que viene desde el despido de Ernesto Valverde.

Los que dicen que Messi juega andando, por supuesto que dicen la verdad. Messi juega andando hasta que acelera. En ataque y en defensa. Y cuando acelera, sigue siendo imparable. No hay nadie en el mundo, absolutamente nadie, capaz de llevar el balón pegado al pie a esa velocidad y a la vez tener todo el campo en la cabeza en todo momento. Con Messi en el campo, Jordi Alba es profundo. Con Messi en el campo, los desmarques de Griezmann tienen sentido. Con Messi en el campo, De Jong puede llegar inadvertido hasta el área contraria. Con Messi en el campo, a Dembélé no le puedes hacer un dos contra uno constante que le anule pegado a la banda...

Ahora bien, sin Messi... ¿qué habría que esperar de un Barcelona sin Messi el año que viene y el otro y el otro...? Vamos más allá de los partidos ganados y los títulos. Sin Messi, el Barcelona es un aburrimiento supino. Un montón de pianistas mirándose las manos antes de atreverse con el siguiente acorde. El problema para el aficionado culé no es que su equipo se vaya perdiendo 1-0 al descanso contra el Betis. El problema es que no vean ni un tiro a puerta a favor. Eso es lo intolerable. El Barcelona es un equipo acostumbrado al virtuosismo a veces hasta un punto enfermizo: necesita ver que su equipo juega bien, que domina, que tiene el balón, genera superioridades, se acerca a la portería contraria... Obviamente, el resultado importa, pero hablamos de un club que acaba de echar a un entrenador que venía de ganar dos ligas y dos copas solamente porque la gente se aburría.

Con Messi, el Barcelona es un equipo competitivo, pero sobre todo es un equipo divertido de ver, un equipo que despliega su fútbol ofensivo a todo trapo. Sin Messi... terapia de grupo. Dudas. Por qué hacemos lo que hacemos. Escolástica. No es una cuestión de cambiar un nombre por otro -”se va Messi pero llega...”-, si no de mantener los automatismos, de creer no ya en un proyecto que no existe sino en la siguiente jugada, el siguiente partido. La vida a corto plazo. Con Messi, el Barcelona juega con red y nadie se desespera: el balón les llegará en la mejor posición posible y podrán demostrar lo que valen. Sin Messi, el miedo al abismo en cada pase.

Ahora mismo, la continuidad de Leo parece una quimera, pero quién sabe. Puede que aún no haya firmado por nadie, puede que gane las elecciones alguien de su confianza, puede que ese alguien encuentre la manera de afrontar las deudas incluso pagando a la vez el sueldo del argentino. No parece lo más probable pero no se puede descartar nada. Ahora bien, si Messi no es ya el mejor jugador del mundo -que es discutible- desde luego lo sigue siendo del Barcelona y de la liga española. En parte por su talento y en parte por ese “ser Messi” que acompaña a toda estrella en todo deporte en el ánimo del rival. Perderlo puede aliviar mínimamente una situación económica dantesca, pero mantenerlo sería en parte mantener la ilusión de una hinchada, local e internacional. Recuperar la sensación de que el Barça es un equipo al que merece la pena ver, algo que en la primera parte ante el Betis no quedó nada claro.

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