Leo Messi, el Rey de Ligas al que Real Madrid y Atlético de Madrid no pueden alcanzar

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Pep Guardiola da las últimas instrucciones a Leo Messi antes de que el argentino salte al terreno de juego. (Foto LLUIS GENE/AFP via Getty Images)
Pep Guardiola da las últimas instrucciones a Leo Messi antes de que el argentino salte al terreno de juego. (Foto LLUIS GENE/AFP via Getty Images)

Competir contra Leo Messi a largo plazo se ha hecho tarea casi imposible. Una quimera. El ‘10’ se ha convertido en un dictador del cuero en territorio nacional capaz de esconder carencias estructurales colectivas propias, situarse por encima de estados de forma de rivales históricos y recoger el testigo de estrellas que nunca llegaron a demostrar la regularidad suficiente para liderar al Barça. Como extremo, falso ‘9’, mediapunta o jugador total. Partiendo desde la banda o el centro. Para muestra, un dato demoledor. Desde que el genio argentino debutó con el Barça, el conjunto azulgrana ha ganado 10 de las 15 ligas que ha disputado. El Real Madrid 4 y el Atlético de Madrid 1.

Desde la individualidad para dar sentido a la colectividad, el de Rosario sigue dominando la competición nacional con mano de hierro. Sin que le tiemble el pulso sigue tratando de reunir bajo su figura las características del mejor ‘6’, ‘8’, ‘9’ y ‘10’ pese a que la edad, ya 32 años, debería ir debilitando poco a poco su tendencia al dribbling y a la multifuncionalidad.

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De hecho, el líder culé ha demostrado una regularidad que ningún genio ha sabido alcanzar en la Liga. Incluso encerrado en una banda o en los momentos más bajos del Barça de ‘Tito’, ‘Tata’ Martino, Luis Enrique o Ernesto Valverde, el argentino ha dado razones a los suyos para volver a competir ligas aunque su equipo no tuviese patrón de juego definido, automatismos consistentes o una identidad reconocible.

En otras palabras, el Barça no ha necesitado jugar bien de forma continuada coralmente para ganar partidos. Una situación que podría definir el momento actual. Muchas veces, quizás demasiadas, le ha bastado con tener sobre el césped a un Leo Messi funcionario, en ocasiones ni inspirado, pero sí hiperregular para alzarse victorioso. Quizás la virtud que mejor define su supremacía sobre otros jugadores de talla histórica es precisamente esta, la de convertir en rutina cada jugada imposible, regate de videojuego, falta de precisión quirúrgica o gol irreal. Hasta el punto de no sorprendernos habitualmente por el simple hecho de realizar exhibiciones semanales.

Decisivo en la creación de la jugada, imparable cuando arranca con el balón pegado al pie, extraordinariamente creativo en el último pase y letal en la definición de la acción. Como dijo José Mourinho, “una cosa es un equipo. Otra cosa muy diferente es un equipo con Leo Messi”. Nadie mejor para definir al mejor que quien más lo ha sufrido. Para recuerdo, el portugués tuvo que hacer una Liga de 100 puntos donde tan solo claudicó dos veces para poder ganar la competición al Barça de Leo Messi. Anteriormente, Manuel Pellegrini alcanzó los 96 puntos, récord del Real Madrid en su historia hasta aquel momento, pero no fue suficiente. No contra Leo Messi.

La receta de la kryptonita para acabar con el reinado de Leo Messi es desconocida hasta el momento, con el tiempo como el único factor invencible. La hazaña de Diego Pablo Simeone parece insostenible a corto-medio plazo. Quizás la superplantilla del Real Madrid de Zinedine Zidane marcó el camino, con un grupo de unos 18-20 jugadores donde todos podían ser titulares perfectamente sin descender ni un gramo la competitividad del equipo, pero resulta muy difícil aguantar tantos egos, estados de forma e intereses de manera equilibrada.



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