El PSG y Leo Messi, historia de una relación autodestructiva

  • ¡Vaya!
    Se ha producido un error.
    Vuelve a intentarlo más tarde.
·6 min de lectura
En este artículo:
  • ¡Vaya!
    Se ha producido un error.
    Vuelve a intentarlo más tarde.
Soccer Football - Champions League - Round of 16 Second Leg - Real Madrid v Paris St Germain - Santiago Bernabeu, Madrid, Spain - March 9, 2022 Paris St Germain's Lionel Messi looks dejected after Real Madrid's Karim Benzema scores their third goal REUTERS/Juan Medina
REUTERS/Juan Medina

Cuando quedó el cromo libre, el PSG corrió como loco a comprarlo. Obviamente, habían hablado antes, habían negociado buena parte de los términos del acuerdo por si Messi al final no renovaba por el Barcelona. Si tu equipo representa a Qatar y Qatar va a organizar el Mundial de 2022, ¿cómo vas a dejar pasar la oportunidad de fichar al que este mismo año ha ganado el Balón de Oro como mejor jugador del mundo? Al unirlo con Neymar, el PSG conseguía rescatar la mágica dupla que se llevó en 2015, junto a Luis Suárez, el triplete Liga-Copa-Champions. Nadie pareció darse cuenta de que habían pasado siete años de aquello.

Tampoco pareció darse cuenta nadie de que el PSG no necesitaba ya a Messi si quería seguir dependiendo de Mbappé y, desde luego, nadie en el entorno de Messi convenció al argentino de que juntarse con otras dos superestrellas en un entorno desesperado por ganar la Champions podría ser mala idea. Todos recordamos las carreras en defensa del joven Messi, aquel orgullo que le llevaba a recorrerse metros y metros por recuperar un balón que quizá él mismo había perdido. Todos recordamos su manera de colocarse en el lugar preciso para recibir el balón e iniciar su propia jugada fuera a base de regates o de combinaciones veloces. El PSG tenía ya a Neymar para eso. El PSG necesitaba a alguien que trabajara para sus otras dos estrellas y no añadir a alguien más que solo pensara en su rol en ataque.

Aparte, Messi llegó triste a París y triste sigue pareciendo. Su rendimiento ha sido vulgar durante toda la temporada. Vulgar, al menos, para un jugador de su enorme talento. Un jugador que, en el Barcelona, incluso en temporadas horribles, se iba con facilidad a los treinta goles y las diez asistencias. Todo surgía fácil de Leo Messi cuando el equipo jugaba para él y él podía limitarse a hacer lo que sabe hacer. Ni una exigencia más. Hablamos, al fin y al cabo, de un hombre a punto de cumplir los 35 años. Bien rodeado, con las espaldas bien cubiertas, con un plan de juego que le involucre justo donde él quiere empezar y acabar esa involucración, seguía siendo especial. En otro sistema, con otros jugadores, perdido en el campo, no consigue siquiera destacar.

Con todo, cuando uno tiene a Messi, confía en que sirva para algo en los momentos cruciales. El argentino ha ganado cuatro Champions, ha jugado multitud de semifinales, rondas eliminatorias... Lleva diecisiete temporadas en la élite y su verdadera función es aparecer en el momento clave. Contra el Madrid, no ha sido así. En la ida, falló un penalti que a la postre puede haber sido definitivo. En la vuelta, no apareció. Recordó a ese Messi que llegaba a los Mundiales con Argentina y no había manera de hacerle rendir porque no se sentía comprendido, no se sentía valorado, tenía que hacer demasiados ajustes a su juego que lo empujaban a la mediocridad.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un vídeo no disponible por tus preferencias de privacidad

El Messi del PSG es el peor Messi de Argentina. El hecho de que sus compañeros sean más talentosos no le ayuda sino al contrario. Messi ha compartido estrellato antes, pero de aquella manera. Neymar se fue del Barcelona porque sabía que siempre estaría a su sombra. Eto´o, Ibrahimovic o Luis Suárez tenían la orden de quitarse de en medio y estar atentos a la genialidad, algunos con más éxito que otros. Nunca hubo ninguna discusión seria, ni siquiera en los tiempos de Xavi y de Iniesta, en torno al liderazgo sobre la cancha de Leo. Incluso Guardiola, poco dado a las individualidades, cambió todo su sistema para ajustarlo a las formidables condiciones del argentino. No le fue nada mal.

Apurando los últimos años de su carrera, no vamos a decir el topicazo de que a Messi solo le interesa ganar el Mundial con Argentina -una Argentina que viene de ganar la Copa América con una guardia pretoriana al servicio de su capitán, sin llenar el equipo de supuestas estrellas que acababan buscándose la vida por su cuenta y sin atender a su líder- porque es evidente que ganar otra Champions fuera del Barcelona le haría subir un nivel más en la consideración de los aficionados de todo el mundo. Irte del club de toda tu vida con 34 años, marcharte a otro país y ganar de nuevo la "orejona" habría sido la leche. Y él lo sabe.

Ahora bien, Messi nunca ha tenido demasiada resistencia a la frustración. No es un hombre que se crezca cuando las cosas van mal. Messi tiende a dejarse llevar por los buenos y los malos momentos. Si la cosa se tuerce, se torció. No es que no haya tenido ataques de orgullo a lo largo de su carrera -de entrada, se me viene a la cabeza esa final de Copa ante el Valencia, en 2019, que casi gana él solo cuando ya estaba todo perdido-, pero no han sido la norma sino más bien la excepción. El PSG necesitaba no solo un campeón sino un campeón con hambre. Un tipo que se dejara de historias y de melancolías y quisiera comerse el campo en cada partido. Ese tipo no era Sergio Ramos y, desde luego, tampoco era Messi.

¿Qué queda ahora en esta relación autodestructiva? Messi tiene pocas salidas. El PSG, ya lo sabemos, no vende ni lo que necesita vender. ¿Adónde ir, además? El Barcelona está empezando a funcionar sin él y segundas partes nunca fueron buenas. La exigencia de Guardiola en el Manchester City está fuera ya de su capacidad competitiva. Por lo menos hasta el Mundial de noviembre, Messi tendrá que quedarse en París, tal vez en modo preparación y poco más. Luego, su destino podría ser una liga menor donde retirarse tranquilamente. En cuanto al PSG, si se confirma la marcha de Mbappé, con Neymar ya en los treinta años, y el fracaso del argentino y el sevillano, tiene poco margen de reconstrucción.

En principio, el dinero debería permitirte no ir siempre dos pasos por detrás de tus rivales. ¿Quién falta ahí, Cristiano Ronaldo? El PSG debe buscar quién estaría dispuesto a dejarse la vida por ganar la Champions. Alguien joven y que pueda hacer funcionar al equipo con ganas, que no parezca constantemente un muerto viviente sobre el campo. No hay muchos de esos, obviamente, y los que hay suelen ir a la liga inglesa. Mbappé encajaría perfectamente en el molde, pero está con pie y medio fuera del club. Me veo a Al-Khaleiffi fichando a Modric con 40 años por 150 millones. Tu equipo puede ganar o perder -de hecho, el PSG gana bastante-, pero lo que no puede convertirse es en una caricatura.

Vídeo | Ancelotti: "Ha sido la magia del Bernabéu"

Otras historias que también te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente