El karma devuelve a Lewis Hamilton el milagro de 2008

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2021 FIA Formula One World Champion Red Bull's Dutch driver Max Verstappen (R) greets second-placed Mercedes' British driver Lewis Hamilton (L) after the Abu Dhabi Formula One Grand Prix at the Yas Marina Circuit on December 12, 2021. - Max Verstappen became the first Dutchman ever to win the Formula One world championship title when he won a dramatic season-ending Abu Dhabi Grand Prix at the Yas Marina circuit on December 12, 2021. The Red Bull driver won his 10th race of the season to finish ahead of seven-time champion Lewis Hamilton. (Photo by ANDREJ ISAKOVIC / AFP) (Photo by ANDREJ ISAKOVIC/AFP via Getty Images)
Photo by ANDREJ ISAKOVIC/AFP via Getty Images

Seguro que, en cuanto Lewis Hamilton vio el coche estrellado de Latifi a falta de seis vueltas para coronarse campeón del mundo, lo primero que pensó fue en Interlagos 2008, en ese cómodo paseo por Brasil que se convirtió en pesadilla cuando a falta de nueve vueltas empezó a chispear y todo el mundo se volvió loco. Aquel Hamilton, trece años más joven, gestionó la situación de la peor manera posible: hecho un manojo de nervios, con el peso del mundial del año anterior, que también perdió en la última carrera ante Raikkonen y viendo cómo Sebastian Vettel le adelantaba a falta de dos vueltas y le dejaba sin Mundial.

El británico, a quien le bastaba con ser quinto en esa carrera, veía cómo hasta los doblados le adelantaban. McLaren se la había jugado a una lluvia extrema que no llegaba nunca y, así, pasaban las curvas y los neumáticos intermedios de Hamilton no podían competir con los de sus rivales. En el box de Ferrari ya celebraban mientras Nicole Scherzinger se llevaba las manos a la cabeza. Todo parecía ya sentenciado, cuando de repente ocurrió un milagro en forma de tromba de agua sobre Interlagos, como un castigo de los dioses al pobre Massa y una bendición para un Hamilton perdidísimo.

Con la lluvia extrema, que, en rigor, duró solo esa última vuelta, Hamilton pudo adelantar a un Timo Glock que iba haciendo eses, incapaz de controlar el coche en esas circunstancias. El adelantamiento a Glock, que pasó desapercibido en el box de Ferrari y en la retransmisión española, colocaba a Hamilton de nuevo quinto y campeón. Así hubo que explicárselo un ingeniero al padre de Massa cuando se abrazaba dando saltos con cualquiera que pasara por ahí. A los 23 años, Hamilton ganaba el primero de sus siete campeonatos del mundo. Lo celebró entre lágrimas de alegría y sobre todo de alivio.

El milagro de Interlagos es una de esas cosas que suceden una vez en la vida. O quizá no. En Abu Dhabi hemos visto otro milagro con un mismo protagonista... lo que ya era mucho pedir era que volviera a ser el agraciado. Los paralelismos con Brasil 2008 son inmensos: dejando de lado la polémica de la primera curva, el coche de Hamilton fue superior al de Verstappen toda la carrera. Muy superior, me atrevería a decir. Tan superior que, con los neumáticos gastados seguía siendo tan rápido como su rival con ruedas nuevas.

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Tuvieron que pasar muchas cosas para que Hamilton perdiera este Mundial in extremis como ganó el de hace trece años: tuvo que aparecer Checo Pérez para estorbarle durante una vuelta entera y hacerle perder ocho segundos. Tuvo que equivocarse Toto Wolff al no mandar parar al británico durante el Virtual Safety Car y mantener así los veintipico segundos de ventaja que tenía sobre Verstappen... y, sobre todo, tuvo que estrellarse Latifi, volver a sacar un safety car, volver a equivocarse Toto Wolff al pecar de nuevo de conservador... y decidir dirección de carrera que le daba una oportunidad de una vuelta al holandés para arreglar las cosas: Verstappen se comió a Hamilton como Hamilton se había comido a Glock.

Cuando se habla de los errores de Mercedes se hace a posteriori, claro está. También se podría decir que no tuvieron nada de suerte. Es complicado entender que se pierda una carrera con un coche tan superior. Complicado entregar un Mundial que has tenido en la mano durante absolutamente todas las vueltas del gran premio excepto la última. En el "virtual safety car", Mercedes pensó que la cosa iba para corta y que no merecía copiar la estrategia de Verstappen ante el riesgo de perder la posición y luego vete a saber cómo la recuperas en carrera. Lewis estaba que echaba humo.

En la segunda parada, la asunción fue la contraria: esto va a ir para largo. Es cierto que aquí sí que estaban vendidos, porque tenían que decidir primero: si Hamilton entraba a cambiar neumáticos, Verstappen se habría quedado en pista, habría ganado posición y tendría margen de sobra para ganar en ese último sprint. Se corría, incluso, el riesgo de que la carrera no se retomara. Al decidir quedarse en la pista, Hamilton quedaba al amparo de los dioses y de Michael Masi. Todo lo que no fuera una carrera finalizada tras el coche de seguridad era para él una condena.

Y al final, al contrario que en 2008, una carrera ganada se convirtió en perdida sin que el piloto tuviera mucho que ver en el desenlace. Eso, quizá, es lo único que nos molesta del mejor mundial en una década: que no se resolviera en pista sino que fuera una sucesión de casualidades, estrategias y decisiones externas. Aun así, Verstappen lideró durante meses y Verstappen ganó. Para nadie puede ser una sorpresa... como no lo fue en su momento que Hamilton ganara un primer Mundial que debería haber sentenciado incluso antes.

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