Por qué el PP se opone en el Congreso a que el Barça sea declarado campeón de la Liga Iberdrola

Luis Tejo
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Mariona Caldentey, jugadora del Barcelona femenino, regateando a dos rivales del Madrid CFF durante un partido de Liga Iberdrola.
Mariona Caldentey, del Barcelona, regateando a jugadoras del Madrid CFF en un partido de la Liga Iberdrola disputado el 1 de marzo. Foto: Xavier Ballart/Urbanandsport/NurPhoto via Getty Images.

La pandemia del coronavirus ha pillado a muchas competiciones deportivas con la temporada a medias y ha obligado a tomar decisiones controvertidas para intentar resolver el problema. Algunas, como la Liga de Fútbol Profesional masculina, han optado por tratar de reanudar la competición, con todas las precauciones posibles, a partir del punto donde se quedaron cuando se paró todo a mediados de marzo. Sin embargo, en otros casos la opción elegida ha sido más polémicas: dar por terminada la temporada y aceptar únicamente los resultados obtenidos hasta ese momento.

Así se ha hecho, por ejemplo, en la Liga Iberdrola, la competición más importante del fútbol femenino en España. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF), de quien depende el campeonato, ha decidido echar el cierre con 22 jornadas disputadas, a falta de ocho para que se completara el torneo. Las jugadoras del Barcelona, que ocupan el primer puesto, han sido proclamadas campeonas. También se ha determinado que no habrá descensos a segunda división (Reto Iberdrola), pero sí ascensos.

La RFEF adoptó el pasado día 6 de mayo “por unanimidad”, según expone en un comunicado, esta resolución y otras similares para otros torneos de fútbol “no profesionales”. Pero no todo el mundo está de acuerdo, ni mucho menos. Y no solo dentro del ámbito estrictamente futbolístico: incluso el Partido Popular ha presentado una proposición no de ley en el Congreso solicitando que se revoque esta decisión.

El documento, firmado por varios diputados del grupo parlamentario (entre los que destaca el riojano Javier Merino) e incluso por la portavoz Cayetana Álvarez de Toledo, pide que la medida que adoptó la RFEF se anule “hasta que no haya una decisión colegiada o acuerdo con la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino (ACFF) y la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE)”. También reclama que se establezcan “los protocolos sanitarios de protección contra la COVID-19” en caso de que el torneo se reanude. Y, sobre todo, solicita que se inicien los trámites oportunos para que la liga femenina tenga categoría de profesional.

Porque esta es la clave de todo. La RFEF ha podido dar la orden de suspender por su cuenta y riesgo amparándose en que, al menos de forma oficial, la Liga Iberdrola no tiene estatus de profesionalismo. En España ahora mismo solo hay cuatro competiciones que disfrutan de esta distinción: LaLiga, la ACB de baloncesto, la ASOBAL de balonmano y la LNFS de fútbol sala. Todas ellas son masculinas.

El hecho de ser liga profesional va más allá de que los deportistas cobren o no por disputar los partidos (algo que ocurre en muchos más deportes, aunque las cantidades sean menores). El profesionalismo tiene en España consecuencias jurídicas, tal como recoge la Ley del Deporte de 1990. La más relevante es que las ligas, es decir, los clubes integrados obligatoriamente en ellas, tienen competencias para organizar y gestionar como consideren oportuno los torneos correspondientes, sin depender de lo que diga su Federación.

Este es el motivo de que la RFEF haya podido ordenar que se acabe el fútbol esta temporada en toda España... salvo en Primera y Segunda División, que han vuelto a los entrenamientos y pretenden regresar al césped cuando las condiciones sanitarias lo permitan (si todo va bien, en junio). La propuesta del PP en el Congreso solicita que se agilicen los trámites para que la máxima categoría femenina también se convierta en profesional. Según alega, el fútbol de mujeres vive un “auge imparable”, citando hitos como el Atlético-Barcelona de la temporada anterior que reunió a más de 60.000 espectadores en el Wanda Metropolitano, y ya el pasado mes de febrero la ACFF y la AFE firmaron un convenio colectivo, lo que en la práctica supone una “profesionalización” que “ha conseguido regular y garantizar condiciones y derechos laborales reclamados desde hacía años”.

Si la iniciativa sale adelante, a corto plazo significaría que el Barça no sería campeón. O al menos no de forma automática. Habría que buscar la manera de disputar los ocho partidos que faltan, en los que las azulgranas deben enfrentarse, entre otras rivales, a Levante (3º clasificado), Deportivo (4º), Athletic (5º) y Real Sociedad (6º). Parece, no obstante, que solo sería retrasar lo inevitable, puesto que las culés tienen al segundo de la tabla (el Atlético de Madrid) a una distancia de nueve puntos, que ciertamente no son imposibles de remontar pero se antojan muy difíciles.

En cualquier caso, para evitar suspicacias que ya empezaban a surgir sobre la discriminación de la máxima categoría del fútbol femenino con respecto a la del masculino, la RFEF ha querido negarlo con rotundidad. La regla escogida para determinar los criterios de finalización de los torneos "se ha aplicado con carácter general a todas las competiciones, disciplinas, categorías y género sin distinción alguna, ni discriminación alguna", asegura la Federación en un comunicado.

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