Un equipo norirlandés saca una camiseta con los colores de un grupo terrorista protestante

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Integrantes del Linfield FC posando con la nueva camiseta. Foto: Twitter @OfficialBlues.
Integrantes del Linfield FC posando con la nueva camiseta. Foto: Twitter @OfficialBlues.

Una de las señas de identidad más importantes para cualquier equipo deportivo del mundo son sus colores. La camiseta que usa un club de fútbol normalmente lleva unos tonos muy reconocibles que forman parte de su tradición histórica y que los aficionados lucen con orgullo y pasión. Cambiarlos es una especie de sacrilegio que, a poco que un directivo tenga dos dedos de frente (lo que no siempre ocurre), ni se le pasa por la cabeza cometer.

Por suerte para los fabricantes de ropa, el repertorio de tonalidades disponibles no es tan amplio, así que a menudo hay coincidencias con los rivales. Esto lleva a la necesidad de crear segundas equipaciones, en las que, como en principio solo se usan en caso de emergencia, se puede ser más creativo y presentar innovaciones que no sigan la costumbre. Todo el mundo lo hace y el Linfield FC, de Belfast, la capital de Irlanda del Norte, no iba a ser menos.

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El vigente campeón de la NIFL Premiership (y líder de la clasificación antes de que el coronavirus obligara a suspender indefinidamente el curso actual) ha aprovechado el parón para ir presentando la indumentaria visitante que lucirá la temporada que viene. Se encarga de fabricarla la compañía británica Umbro, y ya está a la venta: por 50 libras puedes llevarte una. No sería una noticia especialmente relevante, muchos equipos en todo el mundo están haciendo lo miso, si no fuera porque la elección de colores ha hecho arquear cejas, en el mejor de los casos, y generado indignación entre los más exaltados.

No es que el morado con franja roja sea particularmente antiestético, al menos no más que otras combinaciones que hemos visto. Tampoco que aparentemente sea poco práctico, puesto que el contraste con el azul habitual puede que no sea lo suficientemente grande como para que algún árbitro quisquilloso impida su uso. El problema es que esa mezcla, justo esa, tiene un significado particular, y bastante desagradable, en el contexto de Irlanda del Norte.

Porque se da la coincidencia de que son los mismos que los del emblema del Ulster Volunteer Force (UVF). Se trata de un grupo armado que, durante The Troubles, el conflicto sectario que azotó la región durante todo el siglo XX (y que, aunque la situación está mucho más calmada, todavía no ha cerrado del todo sus heridas), funcionó como brazo paramilitar del bando unionista protestante. Tiene la consideración de grupo terrorista y se le responsabiliza de entre 400 y 600 muertes; la cifra exacta varía según la fuente, porque algunos crímenes se les atribuyen aunque no los hayan reivindicado.

Sí que hay constancia de numerosos atentados con bombas, por ejemplo la del bar McGurk en Belfast, en diciembre de 1971, que causó quince muertos. También son los responsables de numerosos tiroteos o incendios de consecuencias trágicas. Sus objetivos eran normalmente civiles católicos, si bien usaban la excusa de que contra quien luchaban era contra el IRA, la facción violenta del nacionalismo republicano irlandés. En 1994 acordaron un alto el fuego, aunque no llegaron a entregar las armas y se cree que hoy siguen dedicándose a actividades delictivas como el narcotráfico.

Bandera del UVF en las calles de Belfast. Foto: Paul Faith/PA Images via Getty Images.
Bandera del UVF en las calles de Belfast. Foto: Paul Faith/PA Images via Getty Images.

¿Simple y desafortunada casualidad? Tratándose del Linfield, es lícito sospechar que puede haber segunda intención detrás. Porque el club más laureado de Irlanda del Norte (ha ganado la liga nacional ni más ni menos que 53 veces) es el representante tradicional de los protestantes en este territorio. Normalmente viste de azul, blanco y rojo (los colores de la Union Jack, la bandera del Reino Unido... y del Glasgow Rangers, otro equipo claramente identificado con los unionistas protestantes) y el estadio en el que juega se llama Windsor Park, por el barrio de Belfast donde está situado, que a su vez recibe ese nombre en referencia a la ciudad a 30 kilómetros de Londres donde se encuentra el castillo-residencia de la familia real británica. De hecho, en un detalle muy simbólico, este edificio aparece representado en el escudo del equipo.

Los hinchas del club, además, han protagonizado en ocasiones episodios poco edificantes cuando se han tenido que enfrentar a rivales que se identifican con los católicos. Como muestra, quizás puedan “presumir” de ser el único equipo del mundo capaz de causar, literalmente, la desaparición de su mayor rival; el Belfast Celtic se retiró de la competición y se disolvió en protesta por los incidentes durante un derbi de 1948 en el que la afición azul invadió el campo y agredió a los jugadores verdiblancos (hubo hasta piernas rotas).

También fue uno de los responsables, si bien no el único, de que el Derry City, de la localidad del mismo nombre de mayoría católica, tuviera que abandonar la liga norirlandesa en 1972 e integrarse años después en la competición del sur de la frontera, debido al clima irrespirable que se generaba en cada partido contra equipos protestantes. Igualmente, cuando ha participado en competiciones internacionales contra clubes de la parte republicana de la isla ha habido disturbios terribles; en 1979 le tocó enfrentarse al Dundalk en Copa de Europa, y fue tal la batalla que se montó en el partido de ida en el sur que la UEFA prohibió usar Windsor Park para el encuentro de vuelta, mandando a ambos clubes a un campo neutral en Holanda y obligando al Linfield a hacerse cargo de los gastos. Sin llegar a tales extremos, las multas por cánticos ofensivos de la hinchada son bastante frecuentes.

Es justo reconocer que la directiva del club ha hecho algún que otro esfuerzo para quitarse de encima esa imagen de radicalismo. Durante mucho tiempo se les acusó de no contratar jugadores católicos, pero ellos siempre negaron que hubiera alguna norma explícita al respecto, y en la plantilla actual hay varios miembros de esta comunidad. Asimismo, han alcanzado acuerdos de colaboración con la Gaelic Athletic Association, la entidad que gestiona deportes como el fútbol gaélico, el hurling y otras actividades que se suelen vincular con la tradición histórica irlandesa (y, por tanto, en oposición a la británica, que se ve como “invasora”).

Precisamente a cuento de estas iniciativas las cosas llevaban unos años relativamente tranquilas. Se desconoce por qué ha optado ahora el club por elegir justo estos colores, cuando podía haber optado por el celeste y el blanco de la bandera de la ciudad, o por los de los condados tradicionales entre los que se reparte su territorio (amarillo y blanco de Antrim, negro y rojo de Down), o por cualquier otra opción, la que fuera, que no causara controversia. El Linfield, en vista del revuelo, ha publicado esta misma mañana un comunicado en el que asegura que se trata de una camiseta más, que cualquier similitud con el diseño de otras entidades es una “coincidencia totalmente no intencionada” y que se consideran “un club inclusivo, abierto a todos, representativo de todos, y opuesto a cualquier forma de prejuicio, violencia y discriminación”. Queda en la conciencia de cada uno creérselo o no.

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