El mejor partido del mundo

Con un Barça que se mueve a balón parado y un Madrid que ha decidido ponerse a jugar a fútbol por primera semana de las últimas cincuenta, es inevitable girar la vista atrás a aquellos tiempos en los que ambos equipos eran las agujas del reloj futbolístico mundial, hoy detenido para ellos. 

Nos referimos a una época en que azulgranas y blancos paralizaban el universo e invadían todos los televisores de todos los rincones del planeta. Hoy, ya no hace falta girar la vista atrás para volver a recuperar esa sensación. En realidad solo hay que girarla unos grados al noreste.

Guardiola y Klopp han ocupado la atención que antes tenía El Clásico. Foto: Reuters/Carl Recine
Guardiola y Klopp han ocupado la atención que antes tenía El Clásico. Foto: Reuters/Carl Recine
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El Liverpool-City de ayer se confirmó como lo que siempre había sido el Barça-Madrid: el mejor partido del mundo. No contentos con llevarse toda la atención que se desprende de ese calificativo, el duelo también se queda con otro elemento que solía ser característico de nuestro Clásico: el choque de estilos. Cuando Guardiola y Mourinho reinaban en nuestra Liga, o Capello y Rijkaard o Cruyff y Benito Floro, da igual la época, la gracia de los enfrentamientos no era solo la rivalidad histórica de ambas aficiones, la lucha por el liderato y los puntos en juego, ni siquiera la amalgama de estrellas mundiales que se daban cita en el césped. No. Es que además se enfrentaban dos formas muy distintas de entender el fútbol.

Cambien ustedes a Mourinho por Klopp y a Guardiola por, bueno, por Guardiola. Estamos en ese mismo escenario. El Liverpool-City de ayer es lo que fue durante muchos años el Barça-Madrid de aquí: el mejor equipo del mundo con el balón versus el mejor equipo del mundo al contraataque. Posesión contra intensidad. Orquesta Filarmónica contra Heavy Metal. Coches de lujo contra aviones.

Por supuesto que el mérito es totalmente suyo pero uno no puede evitar culpar a los responsables, culés y merengues, de sendos banquillos y despachos por permitirlo. Cuando alguien te gana terreno tan descaradamente debes aplaudir pero a la vez, no puedes obviar el pensamiento de que algo de culpa tendrás tú. Esa reflexión se torna más dolorosa si cabe cuando añadimos un elemento aún más aterrador: nosotros tenemos mejor materia prima.

El mejor futbolista del planeta y de la historia, está aquí. El mejor - o segundo mejor, querido Jan- portero del planeta también. El que venía siendo mejor jugador de la Premier en los últimos años, ahora viste de blanco. El que venía siendo mejor portero de la Premier en los últimos años, también. Eran compañeros en Londres y ahora lo son en la capital de España. El futuro del fútbol europeo, el centrocampista que arrasó y enamoró en la pasada edición de la Champions con un Ajax histórico, viste a cuadros azul y granas. Tres de los futbolistas más importantes del Mundial que acaba de ganar Francia- Griezmann, Umtiti y Varane- forman parte del Clásico. Diablos, el actual Balón de Oro pertenece a la plantilla del Real Madrid.

Entonces, ¿por qué nos han pasado la mano por la cara? ¿Por qué el mundo ya no nos mira? ¿Cómo han conseguido llevarse la atención mundial a las Islas Británicas? Muy fácil: por la IDEA de fútbol. Eso que siempre se ha despreciado en Madrid y últimamente en Barcelona. Es eso, cristalizado en dos entrenadores, lo que ha cogido el pasaporte y ha ido a desequilibrar la balanza. Si no me creen, les invito a que hagan un ejercicio conmigo. De hecho, les suplico y les imploro que lo realicen para no sentirme solo y tener la seguridad de que no me he vuelto loco. Allá vamos.

Si no tocamos nada a nivel de plantillas, si se quedan Salah, Firmino y Mané en Liverpool y Rodri, Gundogan y De Bruyne en el City pero movemos los banquillos, el panorama volvería a cambiar radicalmente. Hagan el experimento en sus cabezas. Coloquen a Valverde y Zidane en Anfield y el Ettihad o al revés. Sienten a Guardiola en el Camp Nou y a Klopp en el Bernabéu - esto sí que me temo que no funcionaría en la otra dirección, lo siento, se produciría un fallo en el sistema. ¿Lo han hecho? Díganme ahora, ¿qué partido tienen ganas de ver?


Yo respondo por ustedes: el Clásico otra vez. El Barça-Madrid.


Para que luego digan que los entrenadores no importan y que todo depende de los futbolistas. Aquí tenemos a los mejores y no tenemos ni la mitad de fútbol que ellos. En diez minutos del partido de ayerhay más amor por el deporte que en los últimos dos años y medio del Barça de Valverde e incluso de la máquina de ganar Champions que ha sido el Madrid. De hecho, si nos ponemos a hablar de títulos, también la cosa parece estar virando. Ya no nos queda ni el consuelo de “sí, sí, la Premier es muy bonita pero en Europa mandamos nosotros”.


No. Ya no mandamos. Pinta mal. Habrá que ir a unas nuevas elecciones.


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