Lo que debe hacer Marcelo para reconquistar el lateral izquierdo

REUTERS/Lucy Nicholson
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Volvió tras su lesión Ferland Mendy a ser titular en el lateral izquierdo del Real Madrid, ese espacio que ha sido coto privado de caza de Marcelo durante prácticamente el último lustro.

No estuvo acertado el francés, que aunque defensivamente demostró nuevamente que es insuperable, una roca, puro músculo, también dejó bien claro lo verde que está en el aspecto ofensivo. No es un virtuoso del balón el chico, eso lo sabemos desde el día de su calamitosa presentación. El ex del Lyon aseguró que estaba nervioso y que sus amigos en la grada le chinchaban con que no podría hacer toques, por lo que se bloqueó. Pero viéndole en el campo con el balón en los pies nos damos cuenta que la técnica individual no es su fuerte. Ojo, en muchas fases del juego no desentona, sobre todo porque juega con calma, intenta no cometer errores en zonas peligrosas, y se asocia con relativa facilidad con sus compañeros. Eso sí, en cuanto cruza la línea divisoria, se le nublan las ideas.

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Ante el Betis Mendy tuvo en sus botas una de las ocasiones más claras del encuentro. Un balón filtrado de Kroos mandó al francés a la carrera contra Emerson y en ese momento el nuevo fichaje merengue demostró toda su fuerza. Un toro desbocado parecía el internacional francés, que en un par de zancadas se plantó frente a Joel con todo a favor para marcar y ser el héroe del partido, pero su disparo al primer palo acabó golpeando en el exterior de la red.

La jugada destapó las carencias de un jugador al cual pidió expresamente Zinedine Zidane, convencido que al Real Madrid le hacia falta músculo —también pidió con insistencia a Paul Pogba— para afrontar la temporada. Sin embargo Zizou nunca ha negado que en el lateral izquierdo, de momento, Marcelo sigue siendo su opción prioritaria.

El brasileño tuvo siempre que luchar con laterales mucho más defensivos que él desde su llegada al Real Madrid. Tras la marcha de Roberto Carlos a los seis meses de su llegada, Marcelo compartió lateral con Gabriel Heinze, Miguel Torres, Nacho o Fabio Coentrao, que fueron siempre las alternativas con las que se resguardó el club para balancear la alegría ofensiva de Marcelo.

Porque el brasileño, quizás incluso más que Roberto Carlos, es un defensa con alma de extremo. El mítico tres madridista, que estuvo de 1996 a 2006 en el club, era un portento físico que llegaba arriba gracias a su velocidad y potencia, convirtiéndose en un verdadero puñal. Marcelo es mucho más fino, también vertiginoso en sus incorporaciones, pero él tiene una calidad técnica más depurada, exquisita. Más que de extremo su alma tal vez sea de mediapunta.

Sin embargo sus pocas dotes defensivas siempre le jugaron en contra. Cuando más lo sufrió el brasileño fue en la primera temporada de Carlo Ancelotti. El italiano, a pesar de ser un enamorado del juego de Marcelo, le dejó en el banquillo en la ida de semifinales de la Champions League y también en la final de Lisboa contra el Atlético de Madrid. Coentrao, siempre tan criticado y más tras la macha de su protector, José Mourinho, fue el lateral titular, y Marcelo tuvo que lamerse las heridas en el banquillo.

El mensaje lo captó al momento. En la final de Lisboa salió al minuto 69, junto a Isco, y cambió el encuentro. Fue un puñal por su banda, desdoblando a Ángel Di María, conectando con Ronaldo, y esforzándose como nunca para defender también su lateral. Fueron quizás los 50 minutos más intensos de su carrera, pero seguro le sirvieron como lección e incluso pudo celebrarlos marcando el 3-1 en la prórroga batiendo a Thibaut Courtois con un tiro de media distancia.

A partir de entonces, el brasileño parecía un hombre nuevo. Seguía siendo igual de efectivo en ataque, pero no daba tregua en defensa. Su entrega física en los siguientes cuatro años fue encomiable, convirtiéndole en imprescindible para Ancelotti, Benítez Zidane, y convirtiéndole en el mejor lateral izquierdo del mundo. Ni Nacho ni Coentrao ni Arbelo ni Theo Hernández fueron capaces de toserle en las siguientes temporadas.

A. Ware/NurPhoto via Getty Images
A. Ware/NurPhoto via Getty Images

Pero el año pasado, por algún motivo, algo cambió. Marcelo se dejó llevar. Cuentan fuentes del club que llegó a subir ocho kilos —su figura lo notó y todos pudimos verlo— y sus actuaciones semana tras semana dejaban mucho que desear. Santiago Solari, tras el despido de Julen Lopetegui prescindió de él, y cuando sí le daba minutos, el equipo lo notaba. Sergio Reguilón le ganó el puesto a ojos del técnico argentino, y es que la estadística no mentía: Prácticamente todos los partidos en los que Marcelo salía de titular acaba perdiendo el Real Madrid.

La vuelta de Zidane le devolvió la titularidad. Su compromiso en verano para bajar de peso y volver a concentrarse en el fútbol y ponerse en forma le permitieron quedarse en el club. La amenaza de Mendy es latente, porque es un hombre del agrado del entrenador, que no comete errores defensivos y del que se sabe lo que puede aportar día sí y día también. Pero Marcelo no ha dicho aun la última palabra.

El brasileño sabe perfectamente lo que debe hacer para volver a ser el lateral punzante, sorprendente, avasallador, pero también confiable, que cautivó al Bernabéu y al mundo del fútbol durante cuatro años mágicos. Su enfoque defensivo debe ser la prioridad, sobre todo ante los equipos grandes, pues luego siempre va a tener oportunidades para mostrar su magia en ataque. De lo contrario, acabará viendo los partidos importantes desde el banquillo, mientras Mendy se bate en el barro con el extremo de turno, llámese Griezmann, Neymar o Steerling.

Marcelo tiene 31 años, es el segundo capitán del Real Madrid y todavía puede aportar muchísimo, pero debe enfocarse. Ante el Betis quedó claro que, de proponérselo, Mendy no será ningún escollo para el brasileño si quiere reconquistar el puesto de lateral izquierdo blanco. El plan de ruta es no le será extraño a Marcelo. Al fin y al cabo, es el mismo que siguió tras aquella noche en Lisboa en 2014.

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