Lo que esconden las lágrimas de Vinícius Júnior con el Real Madrid

Vinícius Junior celebra el gol ante Osasuna sobre el césped del Santiago Bernabéu. (Foto Burak Akbulut/Anadolu Agency/Getty Images)
Vinícius Junior celebra el gol ante Osasuna sobre el césped del Santiago Bernabéu. (Foto Burak Akbulut/Anadolu Agency/Getty Images)

Corría el minuto 36 de partido cuando las lágrimas de Vinícius Júnior regaron el césped del Santiago Bernabéu. El joven brasileño había dibujado el 2-0 para acabar con la sequía goleadora que arrastraba desde hacía 17 encuentros. Un momento especial, diferente. Necesario. El mayor premio para un delantero. Tras esa explosión de felicidad, rompió a llorar. Y de pronto, las gotas que brotaban de sus ojos nos mostraron la otra realidad de ser un elegido a los 19 años. Cuánta presión debía haber sentido para liberarse de esa forma. Cómo ansiaba ese momento.

El fútbol va rápido, demasiado deprisa. El aficionado, por lo general, cada día tiene menos memoria y más dificultades para ponderar razonablemente el nivel y la evolución futbolística de los jóvenes talentos. Y aún así, la precocidad de los jugadores es una de las que más nos excita. En parte, no es su culpa. Cada día es más difícil impresionarnos, sorprendernos; pero pocas veces se es justo. Sin embargo, lo que logró Vinícius Júnior la pasada campaña debería ser suficiente para medir a un futbolista que llegó a un Real Madrid en crisis y no dudó en cargar el peso del escudo sobre sus hombros en una de las temporadas más desastrosas de la última década.

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El impacto del brasileño fue inmediato. En un transatlántico sin desborde, gol ni electricidad, el joven brasileño se encargó de desenfudar su repertorio atacante y cayó de pie en un Santiago Bernabéu huérfano de dribbling. Cuando debutó, el Real Madrid tenía un déficit de gol, creatividad y desborde titánico. La temporada ya había nacido muerta como resultado de la paupérrima dirección deportiva blanca, pero el joven sudamericano la revitalizó.

Él no sólo se adaptó, sino que desde el primer momento se convirtió en el mayor foco de desborde y velocidad del equipo de la capital. Ajeno a la realidad y en un ambiente difícil y hostil, nunca dudó a sus 18 años de sus propias convicciones. A pesar de su falta de técnica e irregularidad en el regate y su gran margen de mejora a la hora de finalizar las jugadas, jamás le tembló el pulso para seguir intentándolo mientras otros compañeros con más galones tiraban balones fuera en forma de responsabilidad.

El partido en el Santiago Bernabéu ante el Barça, la exhibición en el Wanda Metropolitano, la sociedad que armó con Karim Benzema, el mayor foco de desborde y regate ante el Ajax de Amsterdam en la Champions League. Vinícius Júnior ya ha dejado muestras de su calidad, pero sobre todo de su personalidad. Ante colosos, en plazas donde a la mayoría les flaquean las piernas y en momentos de máxima tensión, el sudamericano falla y lo vuelve a intentar, fracasa y sigue tratando de superar al rival. Se cae y se levanta. Y este es su gran valor, la autoconfianza que le lleva a creer en su fútbol.

Tiempo, paciencia y confianza. La receta mágica para que los jóvenes crezcan. El talento y la personalidad de Vinícius Júnior están ahí, solo necesita alguien que la estimule. Unas virtudes que se tienen o no se tienen. Solo así se entiende que, con tal presión, el brasileño tratase de realizar 12 regates ante Osasuna en la noche de ayer. Por ello, ahora llega el momento de que el club apueste por él, Zidane le ayude a crecer y desarrollarse como futbolista y parte del Santiago Bernabéu no le pite cada vez que pierda un balón como si estuviese en el anfiteatro romano. Al fin y al cabo, Vinícius Júnior cargó con una responsabilidad que no le tocaba y dio vida a una temporada con fecha de caducidad bajo el dorso desde el inicio.



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