Una locura: la semifinal del Federal C se jugó entre piedrazos y agresiones

El plantel de Unión de Totoras recibió todo tipo de ataques antes, durante y después del partido como visitante contra Parque Sur, de Entre Ríos.

El fútbol argentino está sumido en un espiral de violencia que no parece tener final. Y el Federal C dio una nueva muestra de la locura que rodea a la pelota. El domingo, menos de 24 horas después de que hinchas de Belgrano asesinaran a Emanuel Balbo por creer que era de Talleres, el público de Parque Sur protagonizó serios incidentes antes, durante y después del partido de vuelta de las semifinales de la tercera categoría del Ascenso del Interior frente a Unión de Totoras, que pudieron haber terminado en tragedia.

El equipo visitante, que en su cancha había ganado 3-0 y tenía encaminada la clasificación, vivió un verdadero calvario desde su llegada a Concepción del Uruguay. El micro que trasladaba al plantel fue emboscado en las cercanías del estadio y quedó bajo una lluvia de piedras, por lo que la policía decidió desviarlo: el vehículo quedó estacionado a resguardo frente al edificio de la Prefectura local. Ante la imposibilidad de trasladar los equipos de utiliería, los jugadores debieron cambiarse en plena calle, antes de viajar rumbo a la cancha camuflados en distintos remises. Por precaución, a los dirigentes santafesinos no les permitieron ni siquiera desplazarse hacia el estadio. 

Ya en el predio, el plantel de Unión no pudo realizar la entrada en calor dentro del campo de juego por las piedras que caían: descalzos, hicieron los movimientos precompetitivos en un gimnasio de básquet. Una vez que comenzó el partido, la violencia no sólo no se detuvo, sino que se amplió: Walter Ledesma, capitán del visitante, fue a reclamar por una violenta falta contra un compañero que no había sido sancionada y recibió una trompada por parte de un auxiliar del cuerpo técnico de Parque Sur, que volvió a golpearlo cuando estaba en el suelo.

Cuando finalizó el primer tiempo, con el resultado 1-1, los jugadores del cuadro santafesino debieron esperar más de 10 minutos para llegar hasta el vestuario porque desde las tribunas les caían tantos proyectiles que no podían abandonar el césped. Sólo pudieron ingresar a los vestidores en una suerte de scrum y cubiertos por escudos policiales.

En el complemento, el segundo tanto de Unión liquidó la serie y caldeó aún más los ánimos: dos jugadores del visitante recibieron piedrazos desde las tribunas e incluso un futbolista de Parque Sur fue agredido por sus propios hinchas. Además, en uno de los alambrados prendieron fuego una bandera de Unión, que había sido robada en la ida. El árbitro, de todos modos, decidió continuar con el partido.

Una vez que sonó el pitazo final, la historia continuó: el público local quiso invadir el campo de juego para linchar a los rivales, que debieron permanecer durante un par de horas dentro del campo de juego, a la espera de tener garantías de seguridad para retirarse. Mientras tanto, las calles aledañas al estadio se convirtieron en un campo de batalla entre la policía y los hinchas, con proyectiles, balas de goma y gases. El saldo final fue de cuatro uniformados heridos. Y ningún detenido: "Hubiera generado más violencia", justificó el comisario a cargo del operativo.

 

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