Celebran un título nacional de fútbol en Bulgaria y acaban provocando un brote de coronavirus con más de 50 infectados

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Jugadores del Lokomotiv Plovdiv celebrando con su afición la conquista de la Copa de Bulgaria. Foto: Facebook Lokomotiv Plovdiv.
Jugadores del Lokomotiv Plovdiv celebrando con su afición la conquista de la Copa de Bulgaria. Foto: Facebook Lokomotiv Plovdiv.

El fútbol búlgaro no pasa por ser precisamente el más conocido y popular de Europa, pero su situación es más o menos similar a la de tantos otros países que nos resultan más cercanos. Históricamente hay dos grandes equipos, dos transatlánticos que se reparten la inmensa mayoría de los títulos a lo largo de la historia, que son el CSKA y el Levski. Al par de colosos de Sofía, la capital nacional, se les está sumando últimamente un tercero, el Ludogorets de Razgrad, que a raíz de la inversión de un multimillonario local pasó de ser un vulgar cuadro de Segunda a ganar nueve veces seguidas la Liga. El resto de clubes han de limitarse a recoger las migajas que dejan estos tres.

El Lokomotiv, el segundo equipo más popular (tras el Botev) de Plovdiv, la segunda ciudad más poblada, es uno de tantos que raramente tienen la ocasión de celebrar triunfos. En su palmarés apenas hay una Liga, una Supercopa (ambas en 2004) y, hasta ahora, una Copa, la de 2019. Por eso, el hecho de que hayan logrado su segundo campeonato consecutivo en el torneo del KO es algo digno de una buena fiesta.

La final, contra el CSKA, se disputó el pasado 1 de julio en Sofía, en el Estadio Nacional Vasil Levski, que tiene capacidad para 44.000 espectadores. Se dejó acceder al público a las gradas, pero con restricciones de seguridad debido a la pandemia de coronavirus de la que aún no hemos salido. Así, solo 12.000 espectadores pudieron presenciar un encuentro más bien aburrido, en el que, tras el 0-0 en el tiempo reglamentario y la prórroga, los blanquinegros se alzaron con la victoria en la tanda de penaltis.

Ya de por sí durante el partido el respeto a la distancia de seguridad fue más bien escaso. Pero tras la victoria se decidió que tal proeza merecía la juerga oportuna. ¿Que las condiciones sanitarias actuales no hacían de esta idea la más recomendable? ¡Qué más da! A saber cuándo van a volver a verse los ferroviarios en una parecida. De manera que se montó el fiestón correspondiente, con caravana por las calles (en la que por supuesto participaron los futbolistas) y celebración en bares y pubs de la ciudad hasta altas horas.

Con semejante aglomeración de gente, y sabiendo lo extremadamente contagioso que puede ser el virus, un solo caso positivo podría desencadenar una catástrofe. Que es, efectivamente, lo que ha pasado. Se cree que el foco de infección fue un miembro de la plantilla, aunque no se sabe con certeza; de momento, el club ha confirmado que siete integrantes (cinco jugadores y dos técnicos) tienen la enfermedad, aunque “se sienten bien” y “están aislados de los demás”. No obstante, medios como el italiano DerbyDerbyDerby, asociado a La Gazzetta dello Sport, elevan la cifra a nueve miembros del plantel y, además, a cincuenta seguidores citando a los responsables sanitarios regionales.

Aunque el club no ha especificado en su web oficial qué jugadores se han visto afectados, Reuters nombra al capitán Dimitar Iliev, así como al portero suplente Ilko Pirgov (que entró a jugar en el último minuto de la prórroga, específicamente para la tanda de penaltis) y al delantero austriaco Kenan Muslimovic, quien no llegó a tener minutos en la final, entre los que sufrieron el contagio. De otros titulares como el mediapunta hispano-brasileño Lucas Salinas o el central argentino Lucas Masoero no se sabe nada.

Las autoridades reaccionaron prohibiendo la entrada a todo tipo de espectáculos públicos, deportivos o no, inicialmente solo en la ciudad de Plovdiv. En Bulgaria hasta ahora las medidas de confinamiento eran más relajadas, ante la menor incidencia de casos; por ejemplo, la liga de fútbol, que se había suspendido a mediados de marzo, se retomó a primeros de junio permitiendo una ocupación máxima del 50 % del aforo de los estadios y no más de 1000 espectadores por cada sección de la grada. Pero en vista del rebrote (este se suma a otros, de manera que Bulgaria, país de siete millones de habitantes, está registrando en estas fechas su tasa máxima de infectados desde que empezó la epidemia, con unos 240 al día) el gobierno nacional acaba de decidir que, entre otras medidas restrictivas, todo el deporte volverá a disputarse a puerta cerrada por tiempo indefinido.

Mientras tanto, la competición continúa en Bulgaria. Los eslavos utilizan un sistema más o menos habitual en el este de Europa: tras la finalización de la temporada regular, se divide la tabla en varios grupos que, acumulando los puntos conseguidos, siguen jugando para alzarse con el campeonato o evitar el descenso. El Lokomotiv, que terminó segundo, se metió en la fase de lucha por el título, pero no la ha empezado con buen pie: tres derrotas en otros tantos partidos, que le han hecho caer a la quinta posición. En cualquier caso el campeonato ya tiene dueño: de nuevo será para el Ludogorets, que no ha perdido un solo encuentro en todo el curso y es matemáticamente inalcanzable para ningún oponente. Solo falta por jugarse una jornada, y un partido de la penúltima, que servirán para ver quién se lleva dos plazas de acceso a la Europa League. La tercera, precisamente, va para el Lokomotiv como campeón de Copa.

Faltando tan poco, es de suponer que la Liga se podrá terminar, pero no hay ni mucho menos certezas. Porque la situación se está empezando a descontrolar. Se ha sabido recientemente que en un partido entre el Tsarsko Selo de Sofía y el Cherno More de Varna, disputado también la semana pasada y correspondiente a uno de los grupos de la lucha por evitar el descenso, se produjeron hasta veinte contagios. El responsable, de forma totalmente involuntaria, fue el defensa Martin Kadvanski, del Tsarko Selo, quien estaba infectado pero no lo sabía porque el test al que se había sometido dio un falso negativo. Curiosamente, de los veinte infectados, cuatro son compañeros suyos... y los otros dieciséis, rivales del Cherno More.

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