Los amoríos que fueron castigados con la peor comida de la Casa Blanca

Eleanor Roosvelt presta poca atención a un libro de cocina rusa en mientras conversa en apertura de un bazar navideño en Washington en la década de 1930. Junto a ella se encuentran Mme T.Y.Soong, esposa del ministro de Relaciones Exteriores de China (zquierda), y Joseph Davies, esposa del ex embajador en Moscú. (Getty Images)
Eleanor Roosvelt presta poca atención a un libro de cocina rusa en mientras conversa en apertura de un bazar navideño en Washington en la década de 1930. Junto a ella se encuentran Mme T.Y.Soong, esposa del ministro de Relaciones Exteriores de China (zquierda), y Joseph Davies, esposa del ex embajador en Moscú. (Getty Images)

Érase una vez una primera dama que, en represalia por sus infidelidades, castigo a su marido durante años sirviendo la peor comida en la historia de la Casa Blanca.

Lo increíble es que no se trata de un cuento de hadas sino de la historia contemporánea de Estados Unidos, basada en numerosos testimonios históricos que describieron los banquetes incomibles que ofrecía Eleanor Roosevelt a los huéspedes de la residencia presidencial.

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Eleanor es recordada como la mujer que dio un vuelco total al papel desempeñado por las esposas de los mandatarios estadounidenses. Desde que su esposo Franklin D. Roosevelt asumió la presidencia en 1933, Eleanor participó activamente en defensa de los derechos de las mujeres, de la infancia, del derecho universal al sufragio, escribía columnas y conversaba regularmente con representantes de la prensa.

Era una primera dama admirada y respetada que todos querían conocer. Pero también existía el consenso de lo horripilante que resultaba ser invitado a cenar a su mesa.

La historiadora culinaria Laura Shapiro investigó durante años los relatos de los invitados a los banquetes presidenciales de los años 30 del siglo XX, cuando las personas aún escribían largas cartas donde contaban con lujos de detalles sus experiencias y pensamientos más íntimos.

“Describían pedazos de carne descoloridos y secos. La carne estaba tan pasada de cocción que todos pensaban que era un cordero viejo aunque en realidad se trataba de un trozo de carne de la mejor calidad. Siempre escribían estos tristes y asombrados comentarios de lo desagradable que había sido el banquete”, dijo Shapiro en una entrevista con el podcast “Burn Toast”.

Una de las experiencias relatadas por Shapiro en “What she ate”, que se centra en la historia de seis mujeres y su relación con la comida, habla de la experiencia del celebrado escritor Ernest Hemingway y la periodista Martha Gellhorn al volar desde Newark para cenar con los Roosevelt.

La primera señal de alarma vino cuando Gellhorn engulló un par de bocadillos antes de su partida. Cuando Hemingway le preguntó por qué comía con tanta avidez antes de llegar a la cena, la corresponsal le respondió: “Todo el mundo en Washington conoce la regla: cuando te invitan a comer en la Casa Blanca comes antes de salir”

Luego Hemingway describió la naturaleza del menú:  “Sopa de agua de lluvia, pichones de goma, una agradable ensalada marchita, y una tarta que un admirador había enviado. Un admirador entusiasta pero poco avezado”.

Uno de los abominables platillos eran los "huevos mexicanos" que de mexicanos no tenían nada. Los comensales describieron un mazacote preparado a base de arroz blanco, huevo y bananas que era difícil de tragar.

Eleanor fue criticada con dureza por tener un gusto espantoso a la hora de elegir el menú porque parecía incapaz combinar los sabores para ofrecer una cena agradable y equilibrada.

Pero la realidad es que no era ella la que cocinaba. Todo su esmero culinario se concentraban en la preparación de una comida dominical que unía a todos los miembros de la familia Roosevelt alrededor de la mesa en una tradición que se prolongó durante 40 años.

La responsable de la comida del horror se llamaba Henrietta Nesbitt, una ama de casa que Eleanor contrató en Nueva York para cocinar pasteles y que terminó como jefa de cocina del equipo presidencial.

Eleanor no prestó atención a su falta de credenciales ni en su sazón porque no deseaba una cocinera profesional, sino una mujer en la que pudiera confiar.

La necesidad constante de Roosevelt de permanecer rodeado de mujeres inteligentes y refinadas que lo consintieran, adoraran y distrajeran de las presiones de su trabajo hirió de manera profunda a Eleanor.

El presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt (izquierda) y el primer ministro británico Winston Churchill poco antes de la campaña militar conocida como la Batalla de Inglaterra, una serie de combates áreos en el espacio aéreo británico entre ‎el 10 de julio y el 31 de octubre de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. (Getty Images)
El presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt (izquierda) y el primer ministro británico Winston Churchill poco antes de la campaña militar conocida como la Batalla de Inglaterra, una serie de combates áreos en el espacio aéreo británico entre ‎el 10 de julio y el 31 de octubre de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. (Getty Images)

Shapiro dijo que Eleanor contrató a Nesbitt para tener aliada y para someter a su marido a pequeñas venganzas diarias.

La primera mujer en acaparar la atención del presidente fue su dominante madre, Sara Delano Roosevelt, quien supervisaba todos sus actos y amenazó con desheredarlo cuando Franklin estuvo a punto de divorciarse para casarse con su gran amor, Lucy Mercer Rutherfurd, quien para colmo trabajó como secretaria personal de Eleanor.

Otra mujer importante en su vida fue su asistente privada Missy LeHand, quien lo acompañaba en todos sus viajes y hacía de anfitriona en las fiestas presidenciales.

La represalia cotidiana de Eleanor molestaba a Franklin, quien había sido criado en una familia con refinados gustos gastronómicos. Pero el pacto implícito de que él no se metería en el manejo interno de la Casa Blanca si ella no interfería en sus amoríos lo habría llevado a soportar la comida infame de Nesbitt durante 12 años.

A favor de Nesbitt, el Museo Nacional de la Mujer Sydnee C. Windston señaló que estuvo a cargo de una renovación total de la cocina que se extendió todo el verano y el otoño de 1935.

"Los ingenieros de General Electric y Westinghouse trabajaron con el personal de la Casa Blanca para llevar a todo el departamento culinario al siglo XX".

Nesbitt escribió en sus memorias que jamás negó a Eleanor su falta de experiencia culinaria y que trabajó al máximo de sus habilidades. En sus diarios parece más interesada en luchar contra la proliferación de insectos "gigantes" como cucarachas, hormigas negras, ratas y ardillas entre las estanterías y los fogones de la cocina presidencial.

La comida era incomible pero la cocina era impecable.

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