David Faitelson, el 'contreras' del deporte mexicano

Captura de pantalla del programa de ESPN 'Fútbol Picante'.
Captura de pantalla del programa de ESPN 'Fútbol Picante'.

Pareciera que un campeonato mundial Sub-17 puede ser un termómetro para saber el nivel que tiene nuestro fútbol. Nada más erróneo que eso. Lo que hizo la selección mexicana en Brasil debe apreciarse a su justa dimensión, valorar cómo este grupo de jóvenes hicieron lo que es parte inseparable del accionar mexicano en cualquier disciplina, venir de menos a más y alcanzar el triunfo o estar cerca de él, pese a las adversidades.

No porque sean unos donceles o porque sean mexicanos, sino porque simplemente manejaron estratégicamente un partido final que quizá ninguna otra selección hubiese manejado igual. La forma en que estos jovencitos, dirigidos por Marco Antonio Ruiz, jugaron y tuvieron por 20 minutos el título por 20 minutos, debe tener el merecido reconocimiento.

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Excepto para el eterno ‘contreras’, el comentarista David Faitelson.

Fiel a la fórmula polarizada que le ha dado ‘éxito’ al comentarista deportivo José Ramón Fernández con la que creó un línea de descendencia con la esencia de cómo puede formar a un auténtico fastidioso, encontramos como primogénito al mismo Faitelson sin dejar a un lado al hermano menor, igual de contrario e inaguantable André Marín. No podemos olvidarnos tampoco del ‘hermano’ de José Ramón, otro agresivo, irascible y violento, Carlos Albert, quien sigue de manera aún más exagerada, dicha fórmula.

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Tras la final del Sub-17 en la que se coronó Brasil, se pudo comprobar otra vez, por enésima vez, esa desgastada fórmula ‘Joséramoniana’ altamente explotada por el mismo Faitelson en cada oportunidad que le viene a la boca.

Rafael Martínez y Luis Puente, seleccionados mexicanos Sub-17. / Foto: Getty Images
Rafael Martínez y Luis Puente, seleccionados mexicanos Sub-17. / Foto: Getty Images

Ya no es creíble su ‘objetividad’ al momento de sus comentarios. El periodismo deportivo se le escapó de las manos (de verdad añoramos sus reportajes de color). Su interés es ser la contraparte, no un contrapeso porque su negatividad no equilibra una mesa de discusión, sino que llega a insultar a los panelistas, de señalar el alcoholismo del hermano de uno de ellos o simplemente pintar de negro cuando todos los demás pintan de blanco.

Sus tuits ácidos, llevando la contraria solamente por llevarla, por alborotar a los usuarios de esta red social, sólo increpan, molestan, no dan pie a la discusión, sino al rencor, al enojo, a su placer de sentirse detestado porque eso fue lo que aprendió en la escuela de Canal 13.

No hay en su universo un comentario en el que la mayoría esté de acuerdo. Faitelson no los imagina así, los publica pensando en lo que nadie debe estar de acuerdo, en lo que puede levantar ámpula porque evaden lo objetivo, porque el lector se sentirá ofendido, porque simple y sencillamente así debe ser para él. El análisis deportivo, el señalar lo admirable, el esfuerzo atlético, estratégico, repetimos, no existe en sus mensajes.

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Si bien no es necesario estar de acuerdo en las opiniones, de eso se tratan las mesas de discusión basadas en la libertad de expresión, los niveles que alcanza Faitelson sobrepasan la ética y el sano ejercicio del periodismo. Hacen parecer al programa de debate deportivo “Fútbol Picante” como hambriento de raiting al grado de copiar fórmulas televisivas sólo vistas en “Laura de América”, donde la violencia física que alcanza es comparable únicamente con la violencia verbal y la altanería de Faitelson.

Aún así el mismo comentarista trata de hacer equilibrio con sus mensajes en Twitter, pero no son creíbles. Su ‘reconocimiento’ a la hazaña deportiva se pierde en sus corrosivas palabras, indirectas y ofensas a quienes osan pensar diferente a él. Sabe que miles lo leen y sabe jocosamente el resultado de sus palabras.

Si este comentarista no existiera en el universo mediático mexicano, seguramente no se perdería nada y se evitarían penosos momentos en televisión o innecesarios coscorrones en los vestidores de algún estadio.

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