Los críticos se equivocan: el Real Madrid sí puede ayudar al fútbol femenino

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Florentino Pérez, presidente del Real Madrid. Foto: Burak Akbulut/Anadolu Agency/Getty Images.
Florentino Pérez, presidente del Real Madrid. Foto: Burak Akbulut/Anadolu Agency/Getty Images.

Entre el jaleo habitual de las pretemporadas, los rumores de fichajes, las presentaciones de las nuevas adquisiciones, se ha colado una noticia que cambia por un momento el foco del planeta deporte. Y lo ha desplazado a un ámbito que pocas veces es protagonista: el fútbol femenino. Todo porque el Real Madrid ha decidido montar un equipo que competirá en la Primera División (la que actualmente se conoce como Liga Iberdrola) a partir de la próxima temporada.

En sentido estricto esto no es cierto del todo, ya que la Casa Blanca no ha creado un equipo, sino que ha comprado la licencia de otro club ya existente, el CD Tacón, que acaba de ascender a la máxima categoría. Vale que el Tacón lleve años, desde su fundación en 2014, aspirando a convertirse en una sección más del Real Madrid, que compita en la zona norte de la ciudad no muy lejos ni del Bernabéu ni de Valdebebas, que una de sus equipaciones sea blanca y que incluso René Ramos, hermano de Sergio, haya sido vicepresidente. Pero aun así, es un hecho que el Real Madrid como institución lo que está haciendo es subirse a un caballo ganador, en lugar de empezar desde abajo como sería deseable.

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Tanto monta. Los blancos, la entidad más poderosa del fútbol español y posiblemente mundial, ya están ahí. E indudablemente eso va a suponer un cambio de magnitudes colosales en la competición femenina. ¿Lo suficiente como para justificar una de las últimas portadas del diario Marca?

Quizás hablar de “otra dimensión” sea un poco exagerado. No en vano este año, sin el Real Madrid de por medio, ha estado lleno de hitos en el fútbol femenino español. Ahora mismo, por ejemplo, tenemos a la selección en octavos de final del Mundial. Y el Wanda Metropolitano, la casa del Atlético de Madrid, batió un récord de asistencia de espectadores cuando metió a 60.000 personas para ver a las rojiblancas contra las mujeres del Barcelona. Las azulgrana, por cierto, llegaron ni más ni menos que a la final de la Champions. Todas estas proezas han hecho que la atención mediática crezca sobremanera con respecto a temporadas anteriores.

Eso sí, habría que ver hasta qué punto se trata de algo sostenible o no son más que acontecimientos puntuales más fruto del marketing que de un crecimiento real y no estamos inflando artificialmente una burbuja sin cimientos. Porque llenar el coliseo colchonero está muy bien, da muy buena imagen... pero no contar también que la inmensa mayoría de las entradas eran invitaciones gratuitas que podían retirar los abonados del equipo masculino, y que el público general podía pasar pagando solo cinco euros, quizás sea un poco tramposo. Como también lo es obviar que el siguiente partido de las rojiblancas como locales, contra el Betis, las llevó de vuelta al Cerro del Espino, campito con menos de 4.000 localidades, que se quedó muy, muy lejos del máximo de su aforo. Y eso que hablamos de las campeonas de las tres últimas Ligas; imagínese el lector la situación de otros equipos más modestos.

En este sentido sí que es verdad que la irrupción del Real Madrid lo puede cambiar todo. Porque, nos guste o no, estemos más o menos de acuerdo con sus valores, el escudo de los blancos arrastra multitudes. Y más cuando se enfrentan a su némesis, el Barcelona, que ya tiene una plantilla más que consolidada.

Más allá de los “clásicos” de los primeros equipos masculinos, que generan tanta pasión entre los fieles merengues y azulgranas como hartazgo entre todos los demás, la polarización del país en estos dos bloques se comprueba cuando se ven las caras en cualquier otro lugar. Un torneo de juveniles pasa desapercibido para la opinión pública hasta el momento en que la Fábrica compite contra la Masía.

Incluso el baloncesto, segundo deporte de equipo más popular en España pero a años luz del fútbol, salta a las primeras páginas cuando luchan vikingos y culés. De hecho, la liga ACB multiplica sus audiencias si estos dos equipos se ven las caras. Informa Movistar+, la plataforma de pago que tiene los derechos de transmisión, de que la final de este año ha tenido un 54% más de espectadores que la del pasado, cuando jugaron los madridistas también pero contra el Baskonia. En Twitter las canastas llegaron a acaparar siete de los diez trending topics nacionales durante el final del segundo partido, y los canales oficiales de Movistar+ y la ACB registraron más de seis millones de visualizaciones de vídeos.

Son cifras inimaginables si los oponentes hubieran sido otros. De ahí que la presencia del Real Madrid y la posibilidad de que haya un frente más de competición contra el Barcelona (y, en menor medida, también contra el Atleti) vaya a atraer, con altas probabilidades, a una gran cantidad de espectadores que, en otras circunstancias, puede que jamás se plantearan ver fútbol femenino. Por eso, que Florentino se haya animado a entrar en este sector es objetivamente bueno para ellas: crecerá la afición, por tanto los ingresos, y estaremos más cerca de lograr la profesionalización completa de este deporte, con unas condiciones laborales dignas para las jugadoras y unos sueldos más cercanos a los de sus compañeros varones.

¿Riesgos? Los de siempre: que traslademos el duopolio a otro deporte más. Que perdamos la oportunidad de que esa inyección de dinero cree una estructura generalizada más fuerte, con plantillas más competitivas en todos los equipos y mejora de las condiciones generales para todas. Lo ideal sería no calcar la estructura del fútbol masculino con los dos transatlánticos y el resto a rebufo.

Aunque pensándolo bien, en el fondo la liga femenina ya vive algo así, solo que las protagonistas son el propio Barça... y el Atleti en lugar del Real Madrid. Azulgranas y rojiblancas son actualmente una apisonadora. Las madrileñas han ganado 28 partidos de 30, las catalanas 25, y el tercer clasificado, el Levante, ha acabado más de veinte puntos por debajo. Si el Real Madrid se lo toma en serio, por lo menos habrá un tercer actor. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, pero ya de por sí es una mejora digna de tener en cuenta.

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