Cómo el coronavirus puede cambiar tu forma de ver el dinero: ¿una generación de superahorradores?

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La epidemia de coronavirus ha golpeado severamente la vida, la salud y la economía en todo el mundo. Muchas cosas han cambiado y se transformarán una vez que se mitigue la presente crisis y las actividades recuperen su ritmo “normal”.

Y una de las realidades que podrían modificarse de modo importante, de acuerdo al IB Times, es el comportamiento de muchas personas, sobre todo de los jóvenes, en relación al consumo, a las finanzas personales y en general al uso del dinero.

Se trata de la posible aparición de una generación de “superahorradores”, personas que optan por mantener una actividad económica comparativamente más austera, optan por evitar riesgos como el endeudamiento y tienen prioridades diferentes en materia de dinero.

Una generación de "superahorradores" que rechazan los riesgos financieros y prefieren el ahorro al gran consumo y las deudas podría aparecer a gran escala a consecuencia de la epidemia de coronavirus, según analistas. (Getty Creative)
Una generación de "superahorradores" que rechazan los riesgos financieros y prefieren el ahorro al gran consumo y las deudas podría aparecer a gran escala a consecuencia de la epidemia de coronavirus, según analistas. (Getty Creative)

Hasta ahora, muchas personas en Estados Unidos y otros países recurren al crédito, vía tarjetas, hipotecas y otros préstamos, para realizar un consumo o hacerse de bienes en una medida superior a la que podrían por sus medios estrictos. Ello les permite, cuando todo ello es manejable, incrementar su nivel de vida y su patrimonio.

Pero cuando las personas se ven imposibilitadas de sufragar esa deuda y no les es posible ya vivir en condiciones de déficit, el derrumbe económico puede resultar estrepitoso.

Los “superahorradores”, así, prefieren evitar esa ruda posibilidad a toda costa y prefieren la seguridad al riesgo, la protección en lugar del incremento de su consumo o de su riqueza a costa de incurrir en riesgos mayores.

El severo bajón económico producido por la epidemia de coronavirus, con su enorme carga de negocios cerrados, empleos destruidos y expectativas inciertas, ha sido una suerte de sacudida para muchas personas, que caen en la cuenta de la enorme fragilidad de su circunstancia económica personal y, en general, de la sociedad.

Nuestra capacidad de asumir riesgos

De acuerdo a CNBC, el experto financiero Morgan Housel comentó que “cuando uno se despierta súbitamente en un mundo mucho más frágil de lo que uno creía, entonces uno tiene mucho menos apetito para tomar riesgos ante el futuro que antes”.

Tan solo en Estados Unidos, la epidemia de COVID-19 ya ha forzado a millones de personas a solicitar beneficios de desempleo y muchos otros millones están ante el dilema de cómo pagar la renta, la hipoteca, el auto, la tarjeta bancaria y la despensa familiar cuando no cuentan con ahorros apropiados y, en cambio, enfrentan severas deudas y pérdida de ingresos.

En el futuro, muchos de ellos optarán por reducir su consumo y su endeudamiento, ahorrar su dinero y potenciar los elementos que les ofrezcan seguridad como, por ejemplo, incrementar sus aportaciones a fondos de retiro para prevenir que, al llegarles la edad de jubilación, se topen en condiciones de nueva fragilidad económica.

Y eso no solo se daría a escala individual. Inversionistas que mueven fuertes suman estarían considerando opciones más conservadoras que antes a fin, también, de reducir el riesgo y sus posibles pérdidas.

Al final todo ello podría conducir a un menor crecimiento económico a escala general pero también podría propiciar menos dispendio, mayor ahorro y una generación más firme en materia financiera que la que, actualmente ha quedado desnudada por la epidemia.

Cómo influyen en nuestras vidas las crisis

Aunque no es un fenómeno nuevo, la crisis del coronavirus podría catalizarlo. En Estados Unidos, de acuerdo a los medios citados, desde la recesión de 2008 muchas personas prefieren ahorrar a gastar, y el 60% de las personas encuestadas al respecto en 2019 por Gallup dijeron que prefieren lo primero a lo segundo. Eso en contraste con patrones del pasado, cuando el consumo era una opción aún más extendida.

¿Es la posible llegada a gran escala de una generación de “superahorradores” un factor positivo o negativo para la economía?

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La epidemia de coronavirus ha tenido ya severos efectos en Europa. Estados Unidos y otras regiones desarrolladas. El impacto en naciones de menor riqueza también podría ser considerable. (Getty Creative)
La epidemia de coronavirus ha tenido ya severos efectos en Europa. Estados Unidos y otras regiones desarrolladas. El impacto en naciones de menor riqueza también podría ser considerable. (Getty Creative)

Ciertamente, el enorme dinamismo de la economía estadounidense y la mayor riqueza comparativa de su población (en comparación con otros países) se apuntala en la enorme vitalidad de su crédito, lo que permite un consumo y, por consiguiente, una producción a escala enorme. Eso podría mermarse si la gente deja de gastar a ese nivel, por lo que la economía podría afectarse, al menos la que hasta ahora se ha conocido.

Otros consideran que mitigar los excesos de esa economía consumista y fortalecer las finanzas personales será en sí benéfico, incluso aunque eso desacelere el ritmo económico.

Los escépticos que no esperan cambios

Y hay quien es escéptico y no cree que la presente situación vaya a desatar cambios de largo plazo: una vez que se supere el fenómeno transitorio de la epidemia, afirman, los patrones volverán a sus cauces usuales sin cambios sustantivos.

Por otra parte, no todos pueden considerar la dicotomía entre ahorro y consumo. Quienes viven día a día y dedican su gasto a cuestiones básicas de superviviencia no cuentan siquiera con recursos que puedan ser ahorrados. Su ingreso no es suficiente para permitir ese ahorro y sus ingresos reducidos se dedican al pago de cuestiones de primera necesidad.

Las personas de bajos ingresos son de las más golpeadas por crisis económicas, y lo han sido en la presente epidemia. Para ellos, incluso una vez que se recupere la marcha “normal” tras la epidemia, la opción entre gastar y ahorrar será minúscula, si es que existe, salvo que las condiciones permitieran un incremento de salarios que les dé opción a contar con ciertos excedentes para construir ahorros y, con ello, estar más preparados y con menor riesgo ante dificultades futuras.

La justicia social y la reducción de la desigualdad son clave en ello. Y aún son asignaturas pendientes. Antes y después de la pandemia.