Los zapatos que usamos influyen en nuestra salud: cómo elegirlos mejor

Adriana Terán
·5 min de lectura

Aunque era un calzado de ensueño, la Cenicienta no largó la zapatilla de cristal por accidente, no. Los zapatitos diminutos no le daban suficiente libertad de movimiento, tal vez le apretaban y ella quizás agradeció que llegaran las 12 para poder salir corriendo a quitárselos porque no los soportaba.

Lo sentimos. No solo la estética importa a la hora de comprar y usar zapatos. El calzado realmente puede hacerte daño si el material con que está fabricado no es el adecuado, si la altura no es la correcta para equilibrar tu cuerpo o si ocasiona rozaduras que pueden convertirse en heridas en la piel.

Parece obvio que los zapatos con tacón muy alto sean los primeros señalados como dañinos para la estructura corporal, pues hacen que el soporte sea desequilibrado, entre otras cosas, pero lo cierto es que todos los tipos de calzado podrían afectar nuestra salud.

Los tacones altos obligan a que de alguna manera soportemos todo el peso del cuerpo hacia adelante, afectando la columna, las rodillas y la zona del metatarso que podría inflamarse. Esto también puede ocurrir con los zapatos o tacones con plataforma, los cuales -aunque podrían brindar soporte al talón por ser más gruesos- si son altos ejercerán presión al metatarso.

(Getty Creative)
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Sin embargo, los zapatos demasiado planos tampoco son la solución, pues la planta del pie necesita soporte en el arco que de no existir puede ocasionar tensión en los tendones, dolores de espalda, cadera e incluso en los tobillos y otras áreas del pie.

Los zapatos muy apretados -quizás recomendados en tallas menores por la práctica de algún ejercicio que lo amerite- también pueden ocasionar daños como deformidades, uñas encarnadas y propician la aparición de hongos y bacterias; mientras que los muy flojos pueden causar rozaduras y una posición poco natural al caminar para que no se salgan, lo cual tendrá como consecuencia dolores en las piernas, en los pies y en la espalda.

Los tenis, zapatillas o zapatos deportivos, por otra parte pueden ser adecuados si ofrecen el soporte en la planta, materiales adecuados y la suela proporciona el equilibrio adecuado, pero si se usan muy frecuentemente se recomienda hacerlo con medias de algodón, puesto que podrían propiciar también la aparición de hongos.

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Las flip flops, cholitas o chanclas tampoco son el tipo de calzado adecuado para usar habitualmente. Al ser muy planas y con mínima amortiguación, pueden ocasionar fascitis plantar, producir dolor en los talones, pantorrillas, y hacer daño en los dedos, además de que, obviamente no protegen el pie. Para desplazarnos en la playa y dejarlas en la arena mientras disfrutamos del mar, sí son perfectas.

Esto nos deja prácticamente descalzos porque todas o casi todas las opciones representan un posible daño a nuestra salud. Pero no todo es tan malo. La clave está en atender a tiempo los requerimientos y necesidades de nuestros pies, primero reconociendo cuando un par de zapatos nos hace daño, por más lindo que sea, y segundo aprendiendo a elegir los adecuados.

La doctora Olga Lucía Estrada, fisiatra consultada por el diario El Tiempo, argumenta que la salud de los pies y el daño que causan los zapatos son tomados en cuenta por los pacientes solo cuando aparecen síntomas como dolor, inflamación, y deformidades. Incluso admite que son las mujeres quienes mayores problemas presentan por el uso de tacones demasiado altos.

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Lo ideal es encontrar zapatos que se adapten a la forma de nuestros pies y no al revés. Para esto, es también valioso conocer nuestro tipo de pie y de pisada, de manera que podamos equilibrar con el calzado los requerimientos que necesitamos para una buena postura y correcto andar. Determinar estas características no es solo cuestión de quienes tengan alguna condición especial y un especialista puede orientarnos al respecto.

En todo caso y siendo realistas, sí podemos contemplar algunas características para adquirir nuestros zapatos, por lo menos los que usaremos para el trabajo y para la cotidianidad, y dejar los diseños audaces para las ocasiones especiales.

Cómo elegir los zapatos adecuados

Por supuesto que todo se trata del uso habitual, unos hermosos tacones altísimos tal vez no representan amenaza si los usas en una ocasión especial, salvo el riesgo de una torcedura si pisas mal. Tampoco se trata de usar botines ortopédicos, pero sí de conocer qué características debe tener el calzado para resultarnos el adecuado sin riesgos.

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En la misma nota de El Tiempo, María Fernanda Pérez, del área de fisioterapia del Hospital Universitario San Ignacio en Colombia, aconseja que los zapatos sean amplios, que permitan que los dedos están cómodos sin apretarse entre ellos. Que el material sea suave y sin costuras internas.

Además, la especialista recomienda que verifiquemos que el calzado no permita desplazamientos, que el contrafuerte sea sólido y adaptado al talón, y que tanto para hombres como para mujeres el tacón no exceda los 4 centímetros para que no se altere la distribución equilibrada del peso del cuerpo.

Por otra parte, los zapatos de caballero, dependiendo del estilo pueden tener la suela más o menos delgada. Es ideal que sea lo suficientemente gruesa como para proteger el pie de las irregularidades el piso y que tengan un puente o soporte en la parte interna para mayor comodidad en la planta del pie.

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Entre otras recomendaciones más prácticas están probárselos los dos a la vez, con las medias que usamos habitualmente y preferiblemente al final de la jornada para que los pies estén cansados y en toda su dimensión. Además, que el material sea flexible y transpirable.

Debemos asegurarnos de que los dedos pueden moverse y que al caminar no necesitamos estirarlos para que los zapatos estén en su sitio; además verificar siempre la talla correcta, pues según la marca o el modelo podría variar.

El pie debe poder entrar en el zapato suavemente sin forzarlo, y si es trenzado, procura ajustarlo para determinar si es cómodo en el empeine. Finalmente, tomemos medidas para cuidar correctamente de nuestros pies. La higiene, conocer su forma y visitar al especialista oportunamente harán la diferencia.

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