El fútbol le debe a Louis Van Gaal este último Mundial

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El fútbol le debe un último Mundial a Louis Van Gaal. Foto: Broer van den Boom/BSR Agency/Getty Images
El fútbol le debe un último Mundial a Louis Van Gaal. Foto: Broer van den Boom/BSR Agency/Getty Images

Poca gente con tanta capacidad para polarizar a los aficionados como Louis Van Gaal. Desde su irrupción en el fútbol de élite a principios de los 90, con aquel Ajax mágico que sorprendió a Europa, primero gracias al mítico Dennis Bergkamp y luego a la mezcla perfecta de enormes jugadores y un enorme sistema, Van Gaal es un tipo al que se le adora o al que se le odia. Si uno es capaz de obviar su carácter irascible, su cabezonería táctica y su escaso don de gentes, el amor es inevitable. Si uno prefiere centrarse en esos detalles en vez de en todo lo que ha aportado al fútbol moderno, entonces el odio está servido. O, peor aún, la burla.

Sea como fuere, todos nos hemos quedado impactados al conocer que Van Gaal, de 70 años, padece un cáncer de próstata "bastante agresivo" diagnosticado en 2020. El estoicismo con el que lo ha llevado cuadra bastante con el personaje. No le había dicho nada a nadie hasta que ha llegado el día del estreno de un documental sobre su vida que incluye el tratamiento de la enfermedad. Ahí, no ha quedado más remedio. Aunque quizá se nos ha intentado vender la imagen de un Van Gaal presuntuoso, algo creído y prepotente en ocasiones, la verdad es que, por lo general, al holandés le ha gustado siempre pasar desapercibido, con lo que eso tiene de bueno y de malo.

Van Gaal siempre ha tenido problemas para comunicarse con el público, y eso incluye a la prensa. Su altivez era más bien un "dejadme en paz, dejadme trabajar a gusto, tengo mucho que hacer como para ir explicándoos cada detalle". Van Gaal no ha salido nunca a defender su legado ni a ponerlo en perspectiva. Cuando Guardiola y su entorno menciona mil veces la figura de Cruyff y obvia la de Van Gaal, supongo que algo se rompe en su corazón -Guardiola es una versión avanzada de Van Gaal, no hay nada en Guardiola del "salgan y diviértanse" cruyffista- pero tampoco sale a quejarse a ninguna tribuna pública.

Su propia trayectoria como entrenador ha estado llena de altos y de bajos. Su Ajax marcó los noventa y esa mezcla de físico, presión, toque y llegada sigue dominando el fútbol actual. Igual que él bebió de una enorme escuela, el resto de entrenadores se han pasado treinta años bebiendo de lo que él creó en Amsterdam, esa combinación perfecta entre el juego defensivo, la posesión, la recuperación del balón y el uso de extremos para aligerar el ataque.

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Tal vez esos primeros años fueron tan deslumbrantes que Van Gaal se puso el listón muy alto. En sus cuatro años al frente del Barcelona, Van Gaal ganó dos ligas y una copa... y, sobre todo, fue quien le dio su primera oportunidad a Xavi, a Puyol, a Valdés o a Iniesta, entre muchos otros. Sin embargo, se le recuerda como un fracasado que llenó el equipo de holandeses y se pegó una torta tras otra en la Champions League. Un tipo con cabeza de ladrillo incapaz de bajarse de sus excéntricas ideas, que, irónicamente, se han convertido en el credo del equipo en las siguientes dos décadas.

Después, años buenos en Munich, años buenos en Alkmaar... combinados con finales de Champions perdidas y con actuaciones irregulares al frente de la selección -desastre en 2002, semifinales en 2014-. Van Gaal es una figura imponente, pero no es una presencia constante en los medios. Sabemos de él de vez en cuando y generalmente nos alegramos. Cuando Holanda volvió a contar con él para la clasificación para Qatar 2022 -que consiguió sin demasiados apuros- todos lo festejamos. Cuando salió el otro día, visiblemente delgado y serio, a anunciar su cáncer de próstata, todos nos vinimos abajo.

Muchos se preguntaron entonces si el tratamiento iba a impedir a Van Gaal disputar su segundo mundial. La respuesta habitual fue: "¿Qué más da eso ahora?", pero esa es una respuesta equivocada. Claro que da. Si me quiero despedir deportivamente de uno de mis héroes, es justo que quiera saber dónde va a ser la despedida. Sigue siendo un entrenador sensacional, sigue siendo el seleccionador de uno de los mejores equipos del Mundial y hay que seguir interesándose por su carrera deportiva sin sentirse culpables por ello.

En ese sentido, es una excelente noticia que Van Gaal vaya a estar en Qatar. Sería maravilloso verle ganar o al menos verle hacer de las suyas: cambiar al portero antes de los penaltis, dibujar una táctica incomprensible, enfrentarse a los medios con su carácter de siempre... Queremos un poco más de Van Gaal, un poquito más. Queremos verle en el gran escenario del fútbol y comprobar que sigue estando un paso o dos por delante del resto. Van Gaal, el entrenador de Luis Enrique; Van Gaal, el entrenador de Xavi; Van Gaal, el que eligió a Mourinho como segundo cuando Robson abandonó el Barcelona en 1997. Una figura única que merece un último baile. Será en noviembre en tierra hostil. Ahí estarán De Ligt, Van Dijk, De Jong, Depay, Danjuma y compañía para darle la alegría de su vida.

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