Luis Enrique baja los brazos

Los hombres de Luis Enrique deberán reponerse del varapalo sufrido en Champions League ante la Juventus para tratar de no descolgarse en Liga

Luis Enrique Martínez sigue gafado en Turín. Con la Roma visitó la capital del Piemonte en dos ocasiones, encajando un contundente 4 a 0 en cada una de ellas. Con el Barcelona fueron tres los goles que se llevó el técnico, que en todo caso sigue sin conseguir meterle un gol a la Juventus como local. El asturiano, de hecho, se mostró abatido, algo que nunca había permitido que captara ninguna cámara. Pero esta vez fue distinto. Porque el equipo ya estaba avisado tras lo que sucedió en París.

Alves: "Su tristeza es mi tristeza"

"Tengo la sensación de revivir una pesadilla" comentó en clara referencia al partido en el Parque de los Príncipes. Y, raro en él, reveló sus pensamientos sin ninguna clase de tapujo, llegando a criticar por primera vez desde que asumió el banquillo a sus jugadores. "El posicionamiento y algunas cosas más dentro del terreno de juego estuvieron muy por debajo del nivel requerido" comentó para destacar que "con el balón la intensidad debe ser otra y en el primer tiempo nos relajamos".

Debía ser un mes de abril que aupara al Barcelona en la lucha por la Liga y la Champions League pero a día 11 el equipo ya ha visto ampliar la distancia del Real Madrid en lo alto de la clasificación del campeonato doméstico y ha vuelto a salir vapuleado de la eliminatoria de la máxima competición continental. Por supuesto todavía hay posibilidades de remontada pero el propio entrenador admitió que "hoy cuesta creer en ella".

El técnico recordó cómo "regalamos dos goles" y lamentó su incapacidad para darle la vuelta al marcador. No en vano, a principio de temporada repetía que "esta es, a priori, la mejor plantilla que he tenido en mi vida". A la hora de la verdad, solo realizó un único cambio -el de Jérémy Mathieu por André Gomes- y apenas hizo calentar a Jordi Alba, aunque no llegó a ingresar en el terreno de juego.

"Me hago responsable al 101%" insistía. Pero esta vez no podía esconder que el equipo no había estado a la altura de las circunstancias. "Aunque sea optimista por naturaleza también puedo pasar mis momentos de luto". Lo cierto es que esta vez, a diferencia de lo que sucedió en París, no hay margen de maniobra. Entonces gozó de un mes para realizar los cambios necesarios y agitar el equipo desde dentro y desde fuera. Esta vez solo tiene un partido de por medio y es, ni más ni menos, contra la Real Sociedad, una de sus bestias negras.

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