El verano que Luis Enrique y Morata nos hicieron amar la locura

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Spain's coach Luis Enrique celebrates at the end of the UEFA EURO 2020 round of 16 football match between Croatia and Spain at the Parken Stadium in Copenhagen on June 28, 2021. (Photo by STUART FRANKLIN / POOL / AFP) (Photo by STUART FRANKLIN/POOL/AFP via Getty Images)
Photo by STUART FRANKLIN/POOL/AFP via Getty Images

Hay torneos de selecciones que están llamados a ser generacionales, independientemente del resultado de tu equipo. La Eurocopa 2000, por ejemplo, con aquel gol de Alfonso, aunque luego cayéramos en cuartos ante Francia. El Mundial 94 y el autopase de Hierro contra Suiza... aunque luego se perdiera en la siguiente ronda ante la Italia de Roberto Baggio. De la sucesión 2008-2010-2012 ya ni hablamos, claro. Lo que echábamos de menos en estos veranos de fútbol no era ya el triunfo, nueve años sin pisar los cuartos de final. Lo que echábamos de menos era divertirnos. Y en eso, tanto la Eurocopa en general como España en particular, nos está resarciendo con intereses.

Luis Enrique es un tipo tozudo y a menudo faltón en las relaciones públicas. Ahora bien, su apuesta ya tenía una pintaza estupenda desde hace tiempo. Si España llega a perder contra Croacia tras desaprovechar un 3-1 a favor o por culpa del autogol de Pedri y Unai Simón, ahora mismo estaría en la calle y volverían a salir la retahila de nombres del mes pasado: Sergio Ramos, Iago Aspas, Nacho Fernández... Pero, mira, no perdió. Y no solo eso, sino que por el camino, nos hemos ventilado un partido de los que hacen época, un 5-3 histórico, divertidísimo, improbable, con el balón continuamente acechando un área o la otra y 35 disparos entre los dos equipos.

Después del horror de Rusia 2018 y aquellos octavos de final con dos mil quinientos millones de pases horizontales que devinieron en derrota y penaltis, España necesitaba mambo. Y el mambo no se consigue con el orden, con la lógica. Se consigue apelando a lo improbable, viviendo al límite de la locura. Jugándotela con Ferrán Torres, con Sarabia, con Gayá, con Eric García, con Pedri, con Dani Olmo de revulsivo... Una de las bromas recurrentes antes de la Eurocopa era que nadie conocía a los jugadores. En realidad, a veces parecen una selección sub 21 con retoques, pero ya están en cuartos de final y ahí su rival será Suiza, otra fiel amante de la locura.

El reto de Luis Enrique, por supuesto, es ganar, no vamos a andarnos con tonterías. El problema es que ganar es improbable. Ganar es una anomalía en cualquier deporte. España ganó mucho durante cuatro años pero no había ganado nada en los cuarenta y cuatro anteriores. Asumiendo esa realidad, es más fácil disfrutar del deporte en general y en concreto del fútbol. Uno se pone el partido de España y le apetece verlo. Ya no sabe lo que va a pasar. Lo mismo en cuartos nos meten cuatro y dos son en propia puerta. Los partidos de España se han instalado en una locura adictiva que nos impide pestañear, ese juego imprevisible que hace que vayas a la cocina y te hayas perdido algo.

TOPSHOT - Spain's forward Alvaro Morata celebrates after scoring his team's fourth goal during the UEFA EURO 2020 round of 16 football match between Croatia and Spain at the Parken Stadium in Copenhagen on June 28, 2021. (Photo by STUART FRANKLIN / POOL / AFP) (Photo by STUART FRANKLIN/POOL/AFP via Getty Images)
Photo by STUART FRANKLIN/POOL/AFP via Getty Images

Eso se había perdido. Luis Enrique ha conseguido cuadrar el círculo y ahora solo queda que los resultados le acompañen: ha hecho grupo a partir de las críticas de la prensa y la confianza ciega en determinados jugadores; ha sabido utilizar a prácticamente todos sus jugadores dependiendo de las circunstancias; ha confiado en la posesión del balón sabiendo que esta es un medio y no un fin... y se ha atrevido a una renovación generacional que pedíamos a gritos. Vale, aún queda Morata ahí, pero todo se andará, y lo mismo si tu apuesta es el caos, Morata te puede encajar perfectamente.

La locura funciona a ratos, por supuesto, no es mágica. Ante Suecia y Polonia funcionó regular. La locura necesita un gestor y ese gestor es Busquets. Lo que pasa es que Busquets a veces gestiona y a veces se pierde también un poco. Aun así, merece la pena. No es lo mismo este equipo dirigido por Rodri que por Sergio. De entrada, libera a Koke para poder buscar la llegada desde atrás, cosa que ante Croacia casi provoca dos goles. Luego, ayuda a tener el balón y protegerse de las acometidas rivales, porque hay que reconocer que España es un equipo que defiende mal y que tiene tendencia al error grosero. Un equipo que se descoloca y de repente queda expuesto a cualquier contraataque.

Quizá por eso nos habría venido mejor Francia en cuartos de final. Francia era un equipo cartesiano y abrumado por las responsabilidades. Francia, con sus propias dudas, sería pasto ideal para nuestro desmadre a la española. Ahora bien, Suiza es otra historia. Si estamos jugando a hacer lo contrario a lo que se espera de nosotros, tendría su punto de lógica que ahora cayéramos ante una selección menor. En rigor, esto siempre es posible porque España nunca va a ser una selección dominadora, sino una selección enfebrecida. Falta talento para otra cosa. Suiza va a tirar contras y balonazos al área y a uno le entra el tembleque imaginando a Pau Torres o Eric García intentando alejar a esas torres de la portería.

Lo bueno es que ya da igual. Siempre vamos a recordar este verano y este día post-partido en el que todos nos vemos un poco campeones con un equipo lleno de suplentes de la liga inglesa. Porque, además, lo necesitábamos después de tanta tristeza. Necesitábamos un poco de frenesí y un poco de alegría. Recordar por qué decidimos aficionarnos al fútbol. Sentarnos con los niños delante de la tele y explicarles esta bendita locura para que ellos lo hagan dentro de veinte años con nuestros nietos. España vuelve a ser divertida. No brillante, esa era una batalla que no íbamos a ganar nunca, convocaran a quien convocaran, pero divertida. Y a mí me vale, desde luego. Pase lo que pase en cuartos de final.

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