El verdadero drama del arbitraje hay que buscarlo fuera de los WhatsApps de Rubiales

LAS ROZAS, SPAIN - APRIL 20: Luis Rubiales, President of RFEF (Real Spanish Soccer Federation) during press conference at Ciudad del Futbol on April 20, 2022 in Las Rozas, Madrid, Spain. (Photo By Irina R. Hipolito/Europa Press via Getty Images)
Luis Rubiales, en rueda de prensa, defendiéndose en abril por la primera difusión de sus conversaciones privadas en el periódico El Confidencial (Photo By Irina R. Hipolito/Europa Press via Getty Images)

No hace tanto que se hicieron virales las declaraciones de Juanfran Moreno, jugador del Málaga, después de que el árbitro de su partido contra el Tenerife le hubiera señalado un penalti incomprensible. Moreno clamaba contra el colegiado, contra el VAR y, por derivación, contra la liga española. Todos los medios se pusieron de acuerdo en que aquello era una barbaridad, pero desde entonces la hemos visto repetida demasiadas veces.

Hay un fútbol -y ni siquiera voy a entrar en el federativo- que está relativamente lejos de los focos y que es carne de escándalo constante. Es el fútbol de los partidos de segunda división, sin analistas comentando cada jugada al día siguiente, o el fútbol de los Elche-Mallorca, por poner un ejemplo muy reciente, de este lunes mismo por la noche. El que se asoma a esos abismos sabe que solo puede encontrar dioses y bárbaros. Los dioses se los queda como joyitas de coleccionista. Los bárbaros suelen ser árbitros completamente superados, a menudo arrogantes, sin ayuda ninguna por parte de sus compañeros de Las Rozas y sabedores de que, hagan lo que hagan, los grandes medios pasarán por encima de sus errores (y aciertos).

Lo de ayer en el Martínez Valero fue un festival de errores, algunos de ellos refrendados por el VAR, que no deja de ser otro árbitro al que le ponen cinco pantallas delante y aun así no consigue dar una. Ahora bien, nadie vio ese partido. Nadie vio el Tenerife-Málaga. Nadie vio tantos y tantos arbitrajes infames que se repiten cada fin de semana y, por eso, cuando les toca a ellos, cuando les toca a su Madrid o a su Barça o a su Atleti o a su Sevilla, se escandalizan. Ellos, los equipos Champions, saben de qué va esto porque participan en la misma liga, pero prefieren creer en conspiraciones antes de asumir que los mismos árbitros que despluman al Tenerife o al Elche son los que les pueden desplumar a ellos en cualquier momento. Sin premeditación alguna, solo inutilidad.

Durante años, desde el entorno del Real Madrid se empeñó en difundir que la liga estaba vendida al Barcelona, que sus conexiones con la Federación hacían que los árbitros les beneficiaran sistemáticamente. La cosa llegó hasta el punto de que ficharon a un entrenador -José Mourinho- para poner orden y poder repetir en rueda de prensa, uno a uno, los errores en su contra de cada árbitro en la historia de la humanidad. ¡Hasta UNICEF estaba en el ajo de la conspiración antimadridista! Todo acabó cuando el Madrid volvió a ganar ligas y Champions como churros, sin que nadie pensara que al árbitro le había llamado nadie para darle instrucciones al respecto.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un tuit no disponible por tus preferencias de privacidad

Los lloros se repitieron la semana pasada en Barcelona. El árbitro anuló un gol absurdo y no pitó un penalti muy claro a favor de su equipo. ¿Eran errores, sin más, de un colegiado incompetente? Imposible. Tenían que ser manifestaciones de la voluntad del malvado Ceferín, que odia al Barcelona por encabezar el proyecto de la Superliga y, por eso, habría decidido favorecer al Inter de Milán, que también encabezó en su momento el proyecto de la Superliga. Al respecto, hay que recordar que el año pasado se insistió mucho en la prensa madridista en que Ceferín iba a machacar al Madrid en Champions. El equipo de Ancelotti acabó ganando la competición sin ningún error de la más mínima relevancia en el camino.

La última teoría de la conspiración es muy reciente, de la misma mañana del martes. Al parecer, el presidente de la Federación, Luis Rubiales, le habría mandado un WhatsApp a su padre diciendo que le caen muy mal el Villarreal, el Sevilla y el Valencia. Inmediatamente, los aficionados de los tres equipos aludidos han salido a buscar ejemplos de arbitrajes designados por la Federación de Rubiales para perjudicar a su equipo. Obviamente, los encontrarán, porque, ya digo, en cuanto uno rasca un poco, lo que encuentra da miedo.

Ahora bien, culpar a un WhatsApp de Rubiales, un mensaje privado a un familiar sin trascendencia alguna, del tremendo problema que tiene el arbitraje español sería absurdo. Tan absurdo como culpar al VAR, que, insisto, solo incide en la torpeza de los colegiados que tienen que decidir a partir de las imágenes. No tenemos manera de saber cuándo una mano es penalti y cuándo no; cuándo una entrada es tarjeta roja y cuándo se queda en amarilla. Por no tener claro, no tenemos claro ni en qué acciones el VAR procede a actuar y en qué acciones, no. Da la "casualidad" de que los partidos grandes tienen mil repeticiones y los pequeños, muy poquitas.

Los árbitros están perdidos. Como están perdidos, sobreactúan, para que no se note, y se acaba notando más. Abusan de las tarjetas para imponer una autoridad que no se demuestra en el campo, se quedan delante del monitor uno o dos minutos porque no saben interpretar la jugada en cuestión y es imposible saber cuándo van a ceder a la evidencia de que se han equivocado y cuándo van a reconocer que lo que vieron en el campo no se ajustaba a lo que sucedió en realidad. Y ahí no hay conspiraciones ni hay Ceferines ni Rubiales, hay un hombre enfrentado al reglamento y a sus propias inseguridades. Los buenos salen adelante. Los malos naufragan. A lo grande. Y eso, desde luego, no se cambia buscando falsos culpables ni yendo atrás en la tecnología.

Vídeo | Xavi, en titulares: "Sentimos que ha sido una injusticia muy grande"

Otras historias que también te pueden interesar: