No sabemos qué más tiene que hacer Luka Doncic para ganarse a sus haters

Guillermo Ortiz
·5 min de lectura
LAKE BUENA VISTA, FLORIDA - AUGUST 23: Luka Doncic #77 of the Dallas Mavericks celebrates a game winning three point basket against the LA Clippers during overtime in Game Four of the Western Conference First Round during the 2020 NBA Playoffs at AdventHealth Arena at ESPN Wide World Of Sports Complex on August 23, 2020 in Lake Buena Vista, Florida. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement.  (Photo by Kevin C. Cox/Getty Images)
Photo by Kevin C. Cox/Getty Images

Las hipérboles no ayudan a nadie. Cada vez que se compara a Luka Doncic, a sus 21 años y sus cuatro partidos de play-off, con Michael Jordan, Oscar Robertson o Magic Johnson, muere un fan de la NBA víctima de un ictus. La excusa habitual es que, claro, Doncic jugó en el Madrid y la prensa española tira al merengue. Incluso en EEUU, si uno lee las respuestas en Twitter a cualquier comentario elogioso hacia Doncic por parte de un experto más o menos conocido, tarde o temprano llega al “lo dices porque es blanco”. No por los 29 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias por partido. No por liderar un equipo cuya pareja interior ayer fue Dorian Finney-Smith y Maxi Kleber, no por conseguir el mayor número de triples-dobles esta temporada. No, por ser blanco. En eso, me van a permitir los puristas, sí que recuerda a Larry Bird.

Sin duda, estos prejuicios son una reacción al halago desmedido. Obviamente, Doncic no es Jordan ni Robertson, ni Magic, ni LeBron, ni nadie que haya ganado un anillo NBA y haya dominado la liga durante al menos una década. Esa es la expectativa pero aún no es la realidad. Ahora bien, ¿es la exageración motivo para el desprecio? En el primer partido de la serie contra Los Angeles Clippers, partido que los Mavericks lucharon hasta los últimos dos minutos pese a jugar sin Porzingis durante casi dos cuartos por una doble técnica, Doncic anotó 42 puntos, el récord de cualquier debutante en un partido de play-off. Hay quien dice que George Mikan lo consiguió en 1949 y hay quien dice que aquello no era la NBA como tal y no cuenta. Es lo mismo: si tenemos que rascar 70 años para encontrar algo parecido, es que está claramente fuera de lo normal.

Su reacción tras el partido fue decir que había jugado “horrible”. Doncic no solo metió 42 puntos sino que perdió el balón 11 veces. “Le privé a mi equipo de 11 posesiones y eso es mucho”, dijo el esloveno en la rueda de prensa posterior al partido. No vamos a discutir con Luka sobre si su partido fue bueno o malo. No vamos a tratarle como a uno de tantos “haters” que tiene en las redes y que al momento insistieron: “pierde muchos balones, no defiende, es un chupón”. Doncic sabe que esos pueden ser sus defectos y seguro que está trabajando en ello, así que voy a intentar matizar todo esto para los demás.

Sabido es que la experiencia de Doncic no es comparable con la de ningún otro jugador profesional de 21 años. Luka llego a la NBA como campeón de Europa de clubs, MVP de la Euroliga, dominador absoluto de la liga española y campeón del Eurobasket con Eslovenia, ni más ni menos, formando una dupla con Goran Dragic para recordar durante años y años. Con todo, tiene 21 años y el entrenador ha decidido que todos los ataques de su equipo cuando él esté en el campo tienen que pasar por sus manos. Sus compañeros parecen aceptarlo gustosos. Eso es una carga de trabajo físico y psicológico descomunal. Es tener que ejecutar algo positivo cada menos de 24 segundos. Una y otra vez, ante un equipo que no se queda mirando, precisamente.

Por mucho que controles el juego, es muy complicado controlarlo continuamente y a ese nivel de concentración. Doncic lo hace todo en el campo: tira de tres, penetra en suspensión, se mete en la zona y empieza a clavar pivotes como si fuera Bodiroga para anotar entre las torres enemigas. Doncic toma ventaja en el primer paso y el mundo se abre para él. Todo está en su cabeza: quién continúa el bloqueo, a quién no se le ha hecho una segunda ayuda, quién está solo en una esquina para tirar. Las asistencias de Doncic no son las típicas NBA de contraataque o de “se la paso al de al lado y la mete”. Son de una precisión quirúrgica y muestran un conocimiento del juego tremendo. Cada 24 segundos, insisto.

Y, claro, a veces se equivoca. A veces, el pase se desvía demasiado y se va fuera. A veces, tras ese primer paso brutal se queda atrapado en una red sin salida, a veces abusa del contacto y le pitan falta en ataque. Decidir es lo que tiene. ¿Cuántas veces se equivoca un mediocre? También se equivoca lanzando tanto de tres, a veces sin tocar aro. Se equivoca en la selección de tiro, en general... pero lo hace por algo: primero, porque si su juego se basa en el pick and roll, no puede permitirse que el defensor le dé hueco todo el rato y tape la penetración. Segundo, porque sabe que cuando llegue el año que empiece a anotar esos tiros con una mínima consistencia, será imparable.

Por último, sí, absorbe demasiado balón. Tiene que aprender a manejar eso. Dallas ha perdido tantas ventajas en los últimos segundos porque su ataque se viene abajo lamentablemente. Doncic la bota y la bota y no sabe encontrar el camino a canasta, no sabe localizar a sus compañeros o sus compañeros pasan demasiado tiempo mirándolo. Tampoco hablamos, precisamente, de la mejor plantilla de la historia sino de un equipo de guerreros con buena mano que se han hecho un hueco en la liga pasando de franquicia en franquicia.

No es Jordan, no, pero aprende. Se ha pasado todo el año probando ese triple dando un paso atrás y bombeando la pelota para finalizar los partidos y el éxito ha sido escasísimo... pero eso ha servido para meterla cuando cuenta. Tiene la cabeza amueblada. Sabe detectar los errores antes que los aciertos (algo que tendrá que medir, porque la autoexigencia ha de tener también sus límites). Sabe alejarse del ruido: no entra en debates ni en comparaciones. Si hay que abrazar y bromear con Trae Young, se bromea con él. Si hay que esquivar el politiqueo de su altercado con Montrezl Harrell, se esquiva. No da la sensación de haber ido a la NBA a ganar amigos sino campeonatos. Ahora bien, que tenga enemigos se entiende con dificultad. No se los merece.

Otras historias que te pueden interesar: