Ganar la NBA: una oportunidad inesperada para Luka Doncic

Yahoo Deportes
Photo by Ronald Martinez/Getty Images
Photo by Ronald Martinez/Getty Images

La NBA anunció ayer su intención de retomar en julio el campeonato con la participación de 23 de los 30 equipos (los siete sin opciones a clasificarse para los play-offs se quedan fuera) en una sola sede en Orlando ligada al complejo Disneyworld. En realidad, lo anunció Adrian Wojnarowski, periodista de ESPN, pero si “Woj” anuncia algo es como si lo hiciera Adam Silver. Se jugarán unos cuantos partidos de liga regular, si se ve que el octavo y el noveno de cada conferencia están muy igualados (menos de cuatro partidos de diferencia) jugarán una eliminatoria entre ellos... y el resto, a los play-offs de cabeza.

¿Qué cambia con respecto a otros años? Obviamente, el factor cancha. Durante la liga regular, el único objetivo de los equipos, lo único que les mantiene concentrados incluso cuando hay que jugar con los Detroit Pistons, es el hecho de poder disputar un séptimo partido en casa llegado el momento. Ahora, todos tendrán el mismo apoyo: Mickey y Goofy con alguna aparición estelar de Darth Vader. Ese cambio puede no parecer demasiado relevante (los Clippers seguirán siendo mejores que los Grizzlies jueguen donde jueguen) pero sí tiene su importancia: 106 de los 135 séptimos partidos jugados a lo largo de la historia de la liga acabaron con victoria local. No es poca cosa.

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

Aparte, estamos ante un formato mucho más explosivo. Una especie de Copa del Rey a lo bestia en la que como un equipo enganche cinco o seis semanas tontas, te puede complicar mucho la vida. Una competición en la que equipos que funcionan a rachas tienen una posibilidad que antes era prácticamente imposible con tanto viaje, tanto cansancio, tanto lidiar con la presión en cancha extraña y ante un equipo en principio superior... La nueva NBA requerirá, y en eso coincidía Wojnarowski, de más trabajo mental que táctico o físico. Requerirá de gente lista, que maneje bien esta avalancha y sepa surfear la ola. No importará tanto que las plantillas sean más o menos profundas. No importará tanto si los jugadores tienen tendencia a las lesiones o no. Después de descansar cuatro meses casi, y sin traslados de por medio, la salud y el reposo deberían estar más que garantizados, dentro de lo posible en una competición tan voraz.

En ese sentido, y solo en ese sentido, hay equipos que no pasan a ser favoritos ni mucho menos... pero de repente pasan a ser candidatos cuando antes no lo eran bajo ningún concepto. Como evaluar uno a uno a todos los equipos es una tarea inabarcable, vamos a centrarnos en el que casi todos los lectores conocen por una razón o por otra: los Dallas Mavericks, el equipo de Luka Doncic y Kristaps Porzingis. Los Mavericks son el equipo imprevisible por excelencia dentro de la “élite” de la NBA. Un buen equipo pero con obvias limitaciones que cuando está en racha puede anotar 130 puntos con facilidad y que cuando no entran los triples, puede perder con cualquiera.

Sus dos estrellas habrían llegado a los antiguos play-offs en una situación precaria: Luka Doncic, agotado y con el tobillo muy castigado. Porzingis, incapaz de jugar con regularidad en días consecutivos por problemas de tobillo y de espalda. Con el nuevo formato, ambos estarán frescos y al cien por cien. Basta con ver el rendimiento de Doncic en octubre y noviembre, cuando las piernas no pesaban, para hacerse una idea de lo importante que es esa circunstancia. Aparte, tienen a uno de los mejores entrenadores de la NBA y, desde luego, uno de esos veteranos que sabe cómo adaptarse a cada situación: Rick Carlisle.

Los Mavericks encajan perfectamente en el molde que comentábamos de equipo que te hace un mes redondo y es muy difícil pararlo. El típico equipo imprevisible al que nadie quiere enfrentarse. Aparte, es de los peores equipos cuando juega en su propia cancha, así que liberarse de esa presión tampoco les va a venir mal. De repente, tienen muchísimo que ganar y nada que perder. Antes, tampoco se esperaba demasiado de ellos (jóvenes, cansados e irregulares) pero estaba justificado: todos sabíamos que los Mavericks no iban a ganar la NBA tal y como la habíamos entendido siempre. Era imposible.

¿Es imposible ahora? No. Ahora, esta sensación de “bola extra” que tiene que haber invadido a toda la franquicia puede hacerles aún más peligrosos. Por supuesto, que puedan ganar (o hacer un excelente play-off, moderemos el entusiasmo) no quiere decir que vayan a hacerlo. Son los Dallas Mavericks. Lo mismo pierden 4-0 en la primera ronda y se vuelven en el avión privado de Mark Cuban sin darle demasiadas vueltas al asunto. Precisamente, en esa condición de “balas perdidas” se pueden apoyar para llegar muy lejos esta temporada. Mucho más de lo que habrían soñado a principios de marzo.

La lucha de Luka Doncic por su primer anillo NBA ha dejado de ser una quimera. De repente, un equipo tiene una meta que puede conseguir y que antes no se planteaba... y se crece. De repente, el equipo que se veía ya en la final, se da cuenta de que los enemigos se multiplican... y llega algo parecido al miedo. ¿Contará más el desparpajo de la juventud o la pausa y experiencia de la veteranía? Estamos ante un escenario completamente nuevo. Por un momento, todos pueden soñar. Los Mavericks, tanto como cualquier otro.

Otras historias que te pueden interesar:

Otras historias