La noche en que Luka Doncic acabó con todos los prejuicios

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May 15, 2022; Phoenix, Arizona, USA; Dallas Mavericks guard Luka Doncic (77) reacts during the fourth quarter against the Phoenix Suns in game seven of the second round for the 2022 NBA playoffs at Footprint Center. Mandatory Credit: Mark J. Rebilas-USA TODAY Sports
Luka Doncic sonríe durante el séptimo partido entre los Dallas Mavericks y los Phoenix Suns (Mark J. Rebilas-USA TODAY Sports)

Luka Doncic ha tenido que lidiar con muchísimos prejuicios desde que entró en la NBA. Tanto en Estados Unidos como en nuestro país, por razones muy diversas. Si empezamos por aquí, todo ha girado en torno a su pasado madridista. La prensa le elogiaba porque la prensa era madridista, decían los haters. Tampoco era para tanto, pero, claro, como jugó en el Madrid... Antes de irse a la NBA, con 19 años, Luka Doncic ya había ganado la Euroliga con su club y el Eurobasket con Eslovenia, en uno de los mejores partidos que se recuerdan en la historia del baloncesto de selecciones. Pero daba igual. Era todo propaganda.

Algo parecido pensaban en Estados Unidos. Demasiada prensa para tan poco competidor. Durante cuatro años, Luka ha sido el blanquito ojo derecho de los medios, que hacía unos números muy buenos, pero no era capaz de llevar a su equipo al siguiente nivel como sí había hecho, por ejemplo, Trae Young, en 2021. Doncic, como todas las estrellas jóvenes por otro lado, ha tenido que lidiar durante todo este tiempo, con el "sí, pero..." constante. A cada triple doble le acompañaba un "sí, pero es que le dejan coger los rebotes". A cada exhibición en ataque le seguía un "sí, pero no defiende un pimiento". A cada victoria de su equipo, muchos repetían: "Claro, pero no involucra a sus compañeros".

Jugando casi cien partidos cada año, es probable que cada una de esas críticas tuvieran sentido en algún momento concreto, pero obviaban el escenario general: Doncic no es un gran defensor, pero si juega en uno de los tres mejores equipos defensivos de la liga, será que el entrenador ha encontrado la manera de que al menos no desentone. Cuando, tras el segundo partido contra los Phoenix Suns, se hizo viral el vídeo en el que se mostraba cómo sus rivales le buscaban continuamente para atacarle, algo debió de hacer "clic" en Luka y en Jason Kidd, porque en los siguientes cinco partidos (cuatro victorias de Dallas) no hemos visto ni un solo vídeo al respecto.

En cuanto a las estadísticas, Doncic ha promediado 32,6 puntos; 9,8 rebotes y 7 asistencias. En los diez partidos de playoffs no ha sumado ni un solo triple doble. No ha hecho ninguna falta. Son números descomunales, históricos a este nivel, especialmente para un chico que, a sus 23 años, habría sido un "rookie" en muchos otros momentos de la historia de la liga. Entre la victoria y el efectismo estadístico, Doncic lo ha tenido claro siempre. Pero no ahora, desde que entró en la liga. Este chico solo quiere ganar y, sí, quiere ganar con sus compañeros.

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Lo que nos lleva al tercer "pero", que probablemente tenga que ver con el aciago paso de Kristaps Porzingis por la franquicia. Doncic no solo involucra a sus compañeros en ataque sino que ha conseguido que un equipo formado por Spencer Dinwiddie, Jalen Brunson, Dorian Finney-Smith, Dwight Powell, Reggie Bullock o Maxi Kleber parezca ahora mismo un serio contendiente a ganar el anillo de la NBA. Brunson va a firmar un contrato descomunal este verano. Hardaway Jr. lo hizo el pasado. Ninguno de los dos lo habría conseguido sin el esloveno a su lado.

Doncic es una cosa muy seria y bueno es que se empiece a afrontar la cuestión sin prejuicios. Liderando a su equipo, ha derrotado a un equipo que había ganado 65 partidos en la temporada regular. No es nada fácil conseguir algo así. Los Suns han parecido durante siete meses una máquina sin fisuras y de repente les han parado en seco. Consolidado como estrella indiscutible de la NBA -sobre si lo era antes o no, recordemos que Doncic no fue elegido titular del All Star de este año-, es el momento de mirar al futuro, tanto a corto como a largo plazo.

La preocupación más inmediata de Doncic y los Mavericks se llama Golden State Warriors. Los de San Francisco no son el equipo (casi) imbatible que fueron de 2015 a 2018, pero han conseguido pese a todo llegar a su sexta final de conferencia en ocho años, niveles propios de los Lakers de Magic o los Bulls de Jordan. El equipo que revolucionó el baloncesto a mitad de la década sigue teniendo a Curry, a Thompson y a Green como estandartes y una buena colección de secundarios. Probablemente, pongan a Green sobre Doncic y confíen en que el resto de sus compañeros no esté a buen nivel.

Más allá de esta eliminatoria y estos playoffs, los Mavericks deben trabajar para que esos compañeros sean los mejores posibles. Doncic aún irá a más en los siguientes años, por supuesto, pero no es fácil pensar en una regularidad competitiva con los nombres que citábamos más arriba. Da para un año, quizá dos, pero no mucho más. Los Mavericks no necesitan formar "Big 2" ni "Big 3". Necesitan el tipo de estrella silenciosa que acompañe a Doncic como Pippen acompañaba a Jordan o Gasol acompañaba a Kobe. Podría haber sido Porzingis, pero no lo fue. Ahí hay que buscar: un segundo espada para los momentos complicados y un buen montón de jugadores de calidad. No es fácil y Dallas no tiene mucho margen, pero el éxito no puede cegarles. No ahora que han llegado tan lejos.

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