Lydia Valentín denuncia una discriminación sexista que nunca ocurrió

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Valentín con su medalla de oro de Londres 2012. Foto: Óscar González/NurPhoto via Getty Images.
Valentín con su medalla de oro de Londres 2012. Foto: Óscar González/NurPhoto via Getty Images.

Era otro momento de gloria para el deporte español. La levantadora de pesas Lydia Valentín añadía uno más a su larga lista de reconocimientos y medallas. En esta ocasión, la Federación Internacional de Halterofilia (IWF, por sus siglas en inglés) le acababa de conceder el galardón a la mejor del año 2018. Se trata del equivalente en su deporte al Balón de Oro, según explicaba la propia Lydia.

Pero. Siempre hay un pero. Esta vez fue ella misma la encargada de contarlo. Tras desplazarse al complejo turístico de Kobuleti en la república de Georgia, en pleno Cáucaso, donde se celebró la gala de entrega el pasado lunes, comprobó un hecho que le llamó mucho la atención y le indignó a la vez: el ganador del mismo premio en la categoría masculina había recibido una recompensa económica que ella no se había llevado.

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Para informar de la situación usó su cuenta en la red social Twitter, en la que roza los 50.000 seguidores. Y la denuncia tuvo mucho éxito: en apenas un día supera los 14.000 me gusta y se ha retuiteado otras 7.000 veces. Su matización posterior, en la que aclaraba que la responsable de la diferencia no era la IWF sino los organizadores del acto, no alcanzó ni de lejos tanta repercusión.

Contado así, era para indignarse. No obstante, poco después nos enteramos de lo que había ocurrido realmente. Tal como explican diarios como el Marca y el As, el premio de la IWF implica, aparte de la gloria y el honor, la entrega únicamente de un trofeo de cristal. No hay dotación económica alguna. El dinero que recibió el campeón masculino (Lasha Talajadze, también georgiano), una cantidad no especificada, procedía de patrocinadores privados y se entregó en un acto independiente.

De hecho, Talakhadze (como también se le conoce, por la transliteración de su nombre según la ortografía inglesa) es un héroe nacional para los georgianos. Se trata de uno de los poquísimos deportistas de su país que han ganado un oro olímpico. También se ha proclamado numerosas veces campeón de Europa y del mundo y ha batido plusmarcas mundiales que siguen vigentes en su categoría (más de 105 kilos).

En cualquier caso, sí es cierto, y fácilmente comprobable en cualquier deporte, que el dinero que se mueve en la competición femenina suele ser mucho menos que en la masculina. Tanto los patrocinadores como, en ocasiones, los propios organizadores de los torneos suelen destinar recursos inferiores para ellas. Es frecuente oír protestas desde posiciones feministas quejándose de que a igual mérito y esfuerzo debería corresponder una recompensa similar. Pero también están los que replican que, tratándose de deporte profesional, es decir, de espectáculo para los aficionados, un criterio prioritario de cara a distribuir las ganancias debe ser el interés que genera en el público, las audiencias que arrastra; en esto las mujeres, en general y al menos de momento, sí que están por detrás.

¿Tú qué opinas? ¿Debería haber igualdad de ingresos entre deportistas hombres y mujeres? ¿O cada uno cobra lo que merece según lo que genera? ¡Cuéntanos tu punto de vista en los comentarios!

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