Una noche de radio como las de antes

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Soccer Football - La Liga Santander - Real Madrid v Getafe - Alfredo Di Stefano Stadium, Madrid, Spain - July 2, 2020   Real Madrid's Sergio Ramos celebrates scoring their first goal, as play resumes behind closed doors following the outbreak of the coronavirus disease (COVID-19)   REUTERS/Sergio Perez     TPX IMAGES OF THE DAY
El camero. (Foto: Reuters/Sergio Perez)

El periodismo es un concepto muy amplio, permeable a terrenos colindantes como el entretenimiento o el espectáculo, cuyo funcionamiento puede sin embargo resumirse en un sencillo proceso: hablar con los que saben, comprobar que dicen la verdad y contarlo. De estas tres fases, la única que está garantizada actualmente es la última.

Al periodista deportivo, eufemismo con el que denominaremos al profesional de la información que se emplea en temas polémicos relacionados con el Real Madrid y el FC Barcelona, se le hace bola la primera fase porque los protagonistas cada vez necesitan menos a los medios y se han ido volviendo escurridizos. Aun así, trabajarse una fuente es relativamente fácil porque basta con adherirse a sus tesis y defenderlas con ardor; lo complicado es ganarse su confianza sin sacrificar otras fuentes en conflicto con ella. Traducido al cristiano: si uno se lleva bien con Sergio Ramos y defiende que el Real Madrid debe renovarle por cinco temporadas con el doble de sueldo, es probable que no se lleve igual de bien con Florentino Pérez. Y viceversa.

Hace tiempo que nuestros periodistas deportivos dieron con la solución: prescindir de la segunda fase. Ya no hace falta hablar con la Fuente A y con la Fuente B para comprobar si lo que dicen es cierto; es decir, para contrastar. Ahora un periodista habla con la Fuente A, otro habla con la Fuente B y ambos comparecen sobre el ring para presunto disfrute de la audiencia. Así lo hicieron la semana pasada durante varias noches en ‘El partidazo de Cope’ Manolo Lama, ramista mayor del reino, y Siro López, medalla al florentinista del año. Lama juraba que el Real Madrid no le había hecho ninguna oferta a Sergio Ramos y Siro perjuraba que sí. Uno decía que Ramos le acababa de mandar un whatsapp para desmentir algo y el otro aseguraba que Florentino en persona le había contado otra cosa.

“Para el oyente ha sido maravilloso”, decía Dani Senabre al término del último asalto. “Ha sido como escuchar negociar en directo a Florentino y Sergio Ramos; de hecho, ha sido escucharlo en directo porque uno enviaba mensajes a uno y el otro se los había enviado al otro”. El oyente menos versado podría pensar que había sido víctima de una desinformación absoluta pero, por lo visto, estaba asistiendo a un espectáculo periodístico de primer nivel. Una “noche de radio de las de antes”. Algo “maravilloso”, nada menos.

Algunos periodistas han interiorizado estas prácticas de tal forma que las asumen no ya como correctas sino como ideales. Hace unas semanas, cuando varios medios aseguraron que Zinedine Zidane podía ser destituido, Lama felicitaba lo mismo al que decía que el entrenador corría peligro (Jaime Rodríguez de ‘El Mundo’ o José Félix Díaz de ‘Marca’) como al que decía que no (el propio Siro López). Porque ahora el periodismo, por lo visto, sólo consiste en eso: llamar a alguien y contar lo primero que te dice; y a poder ser, sin atribuírselo. Simplificar la fórmula permite obtener más información (peor, pero más) en menos tiempo, una dinámica que engrasa la maquinaria de un show voraz. Y todo ello sin tener que renunciar a tu imagen de informador independiente: “Yo no soy abogado de nadie”, se defendía Lama en un arrebato de dignidad parecido a otro de hace un año y medio, cuando dijo: “A mí no me utiliza nadie”, justo después de haber sido utilizado por Sergio Ramos en otro sainete, el de la salida a China. Una “noche de radio de las de antes”. De las de antes de sentar los códigos del oficio, se entiende.

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