Marc Márquez podría tener otro final... pero no habría sido Marc Márquez

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Marc Márquez ha vuelto a sufrir una diplopia que le mantendrá apartado de los circuitos. Foto: KARIM JAAFAR/AFP via Getty Images
Marc Márquez ha vuelto a sufrir una diplopia que le mantendrá apartado de los circuitos. Foto: KARIM JAAFAR/AFP via Getty Images

Es inevitable sentir un profundo dolor cuando uno repasa las tres últimas temporadas de Marc Márquez. Después de proclamarse campeón de Moto GP en 2019 por sexta vez en siete años (octava en diez, si contamos sus títulos en 125cc y Moto 2), la única pregunta que nos hacíamos los aficionados era cuántos entorchados acumularía el chico teniendo en cuenta que tenía 26 años y que la Honda seguía siendo, con mucho, la mejor moto de la parrilla. Nadie podía imaginar cómo nos cambiaría a todos la vida a los pocos meses y, en particular, cómo le cambiaría a Marc Márquez.

En plena preparación del inicio de temporada, pocos días antes del debut en Catar, la OMS calificó de "pandemia" el brote de coronavirus que había empezado en China en diciembre de 2019. Hasta julio, las motos no volvieron a los circuitos y tuvo que ser precisamente en España, en Jerez, donde el vigente campeón sufriera una caída brutal que acabó de hecho con su temporada. A punto de completar una remontada histórica, Márquez salía despedido de la moto y al aterrizar se rompía el húmero del brazo derecho. Hasta tres operaciones necesitó el piloto catalán para volver a subirse en una moto. Cuando lo hizo, ya no era el mismo.

2021 fue una temporada de altos y bajos. Empezó el año lesionado, lo acabó lesionado y en medio ganó tres grandes premios, pero también tuvo que retirarse en cuatro carreras por distintos incidentes. Pese a ser un año de transición, lideró la lista de caídas, con más de veinte, y no pudo participar en las dos últimas carreras por un accidente mientras entrenaba en un circuito de tierra. Márquez sufrió un traumatismo craneal que le provocó una diplopia -visión doble- que ya había sufrido en 2011, lo que le impidió por entonces competir con Stefan Bradl por el título de Moto 2.

La diplopia duró más de lo previsto y arruinó la puesta a punto de su moto. Cinco meses después del accidente, Márquez se subía a su Honda y quedaba quinto en el G.P. Catar, un resultado aceptable, incluso prometedor. Su compañero Pol Espargaró luchó por la victoria hasta las últimas vueltas, incluso en un circuito no demasiado favorable para la marca japonesa. Con un poco de suerte y de regularidad, este podía ser de nuevo el año de Márquez, el del noveno título mundial, séptimo en Moto GP, para desempatar con la leyenda, Valentino Rossi, en la máxima categoría. La ilusión no duró ni dos semanas.

En el warm-up previo a la siguiente carrera, en Indonesia, el neumático delantero de la moto de Márquez falló, el piloto perdió el control de la conducción y acabó saltando dos metros por el aire antes de caer brutalmente contra el suelo y dar volteretas por la inercia durante unos diez segundos de espanto. En palabras de Aleix Espargaró: "Nunca en mi vida he visto una caída así". Al principio, se quiso quitar hierro a las consecuencias: Márquez se perdería la carrera "por precaución", pero poco más. Poco después, supimos la verdad: un nuevo traumatismo craneal y una nueva diplopia.

Las dudas sobre el futuro de Marc Márquez son razonables. No solo por los dos años ya perdidos sino porque este tercero no pinta mejor. Eso, sobre la pista. Fuera de la pista, tiene que cuidarse. A los 29 años, no se sabe cuánto puede aguantar ese nervio óptico continuamente dañado por tantos golpes. Son casi 200 caídas a velocidades de vértigo a lo largo de su carrera. Hablar del "final" siempre es duro, pero puede que no quede más remedio. Si acaba siendo así, será un final triste, prematuro y doloroso... pero, hasta cierto punto, inevitable. Si Marc Márquez no hubiera apurado siempre la moto al máximo, si no hubiera arriesgado en cada curva, si no hubiera buscado el hueco imposible, si no hubiera aguantado los golpes como nadie... no habría sido Marc Márquez.

El talento en la velocidad se da por sentado. Lo que marca la diferencia es la valentía, la actitud. De eso ha tenido Márquez para dar y tomar... incluso ha sido muy criticado -a veces justamente; otras, desde luego, no- por rozar lo temerario. Eran esas prisas de Márquez, esa ambición sin límites las que no admitían términos medios: o puerta grande o enfermería. Durante años y años, fue lo primero. Mientras tuvo una moto superlativa, los riesgos merecían la pena porque implicaban títulos y exhibiciones. Una vez la moto perdió prestaciones, dichos riesgos tuvieron que multiplicarse para poder competir, llegando a situaciones exageradas.

Nadie ha ganado más que Marc Márquez en los últimos doce años... y nadie se ha caído más veces. Siempre sonriente, el catalán sabía absorber cada nuevo golpe en entrenamientos para completar carreras perfectas. Era su estilo. No iba a cambiarlo y, desde luego, no lo ha cambiado después de su año en blanco. Podría ser cualquier otro piloto, más conservador, más tranquilo, pero no sabe ser así. Si ha ganado ocho campeonatos del mundo es por esto, no tiene sentido arrepentirse de nada, solo cuidarse, recuperarse bien y ser consciente de que la salud es lo primero.

Vídeo | Marc Márquez: "Mi objetivo es luchar por el Campeonato"

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