Asensio no puede permitirse volver a ser Ausencio en Tokio

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MADRID, SPAIN - MAY 22: Marco Asensio of Real Madrid looks on during the La Liga Santander match between Real Madrid and Villarreal CF at Estadio Alfredo de Stefano on May 22, 2021 in Madrid, Spain. Sporting stadiums around Spain remain under strict restrictions due to the Coronavirus Pandemic as Government social distancing laws prohibit fans inside venues resulting in games being played behind closed doors (Photo by Denis Doyle/Getty Images)
Photo by Denis Doyle/Getty Images

El problema de algunos jugadores es, curiosamente, que el aficionado se enamore de ellos. No hay peor peso para determinadas personalidades que el de las expectativas. Recordemos a Marco Asensio en agosto de 2017, con 21 años y medio. Recordemos aquella Supercopa contra el Barcelona en la que fusilaba la portería contraria desde cualquier lugar. Esa zurda mágica que colocaba la pelota donde quería, esa plenitud física que le permitía aparecer por cualquier lado del campo y mejorar la jugada, ese hambre voraz que le hacía destacar jugara de titular o suplente. 

Era imposible no enamorarse de aquel Marco Asensio, campeón de Europa en 2017, campeón de Europa en 2018. Un jugador con todo para marcar las diferencias: vertical, goleador, distinto. Y, sin embargo, a partir del flechazo, nada volvió a ser lo mismo. Desde entonces, desde aquella promesa de hace cuatro años, el estancamiento ha sido obvio y, lo que le perdonaríamos a cualquier otro -lo que incluso alabamos en Lucas Vázquez, por ejemplo, una cierta mediocridad solvente- a Asensio se lo echamos en cara. Queremos que vuelva a ser el que nosotros quisimos que fuera y no aceptamos menos.

Es cierto que el chico no ha tenido suerte: de entrada, su rol en el Madrid no ha acabado de quedar claro ni con Zidane ni con los entrenadores que le sustituyeron en su momento. De media punta goleador se le intentó reconvertir a extremo o incluso a interior. Aparte, por supuesto, la lesión de ligamentos de julio de 2019, con solo 23 años, que no solo le hizo pasarse casi toda una temporada en blanco -volvió para ayudar al Madrid a ganar la liga pandémica- sino que le llenó de dudas y le dejó con una marcha menos bastante evidente sobre el campo.

El mismo aficionado que le adoraba en 2017 y le auguraba balones de oro le ha cogido una manía terrible en 2021 y está dispuesto a pasarse el partido señalando todo lo que no hace. De ahí, el famoso mote de "Ausencio", que acaba de TT en cada partido que juega Marco, independientemente casi de lo que haga. Es cierto que Asensio a menudo desaparece de los partidos y es cierto que, probablemente, nunca será la estrella mundial que creímos entrever... pero machacarle psicológicamente todo el rato tampoco es un buen camino hacia la recuperación.

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Otra cosa es que él lo ponga fácil, ojo. Pongamos el ejemplo más reciente: el espantoso partido contra Egipto que ha dado inicio a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Por jerarquía, Asensio debería encabezar ese grupo junto a Ceballos. Es doble campeón de Europa, tiene 25 años, viene fresco porque no ha disputado la Eurocopa. Casi parece una exigencia que se eche el equipo a las espaldas y tire del carro. Desgraciadamente, no hemos visto nada de eso. Hemos visto chispazos de Pedri, la habitual intuición rematadora de Rafa Mir, la clase del propio Ceballos... y un jugador algo desorientado en la banda izquierda sin saber muy bien si ir a por el balón o esperar a que el balón le encuentre.

Asensio ha de ser consciente de la enorme oportunidad que tiene delante: pese al sombrío inicio -el fútbol a las nueve y media de la mañana no augura nada bueno-, España es uno de los grandes candidatos al oro. El equipo es impresionante, al menos sobre el papel, aunque necesita soltarse, perder orden y ganar algo de esa locura que acompañaba cada partido de la Eurocopa con Luis Enrique. Exactamente, lo que necesita Asensio: olvidarse de lo que tiene por perder -muy poco- y pensar en todo lo que puede ganar en una competición menor, encandilando de nuevo al público y alegrando a todo el país con una medalla.

Asensio tiene que despendolarse. Tiene que volver a los 21 años y a intentarlo desde cualquier lado. Tiene que dejar de mirarse los pies como el escritor torpe que se mira las manos. Digan lo que digan sus ex amantes aún resentidos, Asensio sigue siendo un jugador superlativo, cuya versión menor es aún superior a la de la mayoría de sus contemporáneos. Una eliminación en primera ronda sería un desastre para su reputación pero en su mano está al menos intentar impedirlo. En el fondo, todo el mundo está esperando la reconciliación. A todos nos encantaría volver a aplaudirle y dejar en una minoría absurda a los que se ríen de él.

Para eso, tiene que dar un paso adelante. Y sus compañeros tienen que ayudarle. El partido fue tan malo que sabe hasta mal señalar a un solo jugador. No se puede ser tan joven y tener tanto miedo. A los 25 años ya, Asensio debe decidir qué quiere ser: si quiere seguir dejándose llevar y aprovechar de vez en cuando los chispazos de su talento... o si quiere reivindicar su lugar en la élite del fútbol europeo. Pocos jugadores hay con sus condiciones y pocos jugadores hay que las desaprovechen tan sistemáticamente. Puede que Tokio sea el lugar para un nuevo inicio. De lo contrario, las oportunidades se irán acabando y junto a ellas, el crédito ganado en aquel verano fulgurante.

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