Marcos Llorente, de primero de cholismo

Goal.com
Ruben Uria Blog
Ruben Uria Blog

Con “mono” de fútbol por culpa del maldito coronavirus y el recuerdo fresco de la batalla épica en las praderas de Anfield, a los atléticos aún les dura la euforia. El curso no estaba siendo ni mucho menos un crucero de placer hasta que los de Simeone rubricaron el pase a cuartos con su filosofía marca de la casa: hacer posible lo que casi todos dicen que es imposible. Parte de la autoría de la gesta correspondió a Marcos Llorente, cuya personalidad, amén de su pasado blanco, entronca de maravilla en la idiosincrasia atlética. Experto en nadar contracorriente – quería jugar en su casa y en su casa no le quisieron-, rebelde con causa – escogió el Atleti cuando tenía otros destinos más “amables”-, valiente para vivir en campo contrario – nada más anunciarse su fichaje sufrió en silencio el “vinkingos no” de turno- y practicante de la religión del si se cree y si se trabaja, se puede, Llorente pudo. Y pareció fácil, pero no lo fue.

Marcos eligió al Atleti pudiendo firmar por otros. Y nada más estampar su firma, supo que con él habría división de opiniones: los aficionados del Madrid nunca le perdonarían y los del Atleti que no le aceptarían. Así que tomó el camino más difícil, pero más honesto. No renunció a su pasado, no ocultó sus sentimientos, no entró al trapo de faltas de respeto gratuitas, no se achicó cuando algunas voces críticas le tacharon de “paquete” y respetó siempre las decisiones del entrenador, que prefería a otros compañeros. Obseso de la preparación física, consagrado a la mejora del atleta, feligrés del alto rendimiento y de una dieta alimenticia espartana, Marcos Llorente procesó que salía del Madrid para llegar al Atleti, asumió que no jugaría de titular y lejos de bajar la guardia, mostró su madurez y personalidad. Si no era titular, ni un reproche. Si salía de refresco, daba lo mejor. Si tenía que hablar, ni un agravio. Sumar, siempre. Restar, nunca.

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

Descifrar a Llorente es echar mano del manual del cholismo: no se preocupa de qué puede hacer el Atleti por él, sino de qué puede hacer él por el Atleti; está convencido de que lo que importa no es la cantidad de minutos, sino la calidad de esos minutos; y su verbo favorito es trabajar, porque sólo en el diccionario la palabra éxito viene antes que trabajo. Tras unos meses complicados, donde Marcos ha tenido que convivir con una competencia interna feroz, su trabajo ha dado fruto. Su fe en sí mismo abrió la puerta grande de Anfield y le hizo un hueco en la historia: se convirtió en el segundo jugador que marca dos goles en la prórroga de un partido de Champions tras Cristiano y en el primer jugador que anota dos tantos con el Atleti en sendos disparos desde fuera del área en la Copa de Europa. No está mal, pero quizá lo mejor esté por llegar. 

Resulta imposible saber si Marcos va a jugar más a partir de ahora, ni si se consolidará como titular o seguirá siendo suplente. Es lo de menos. Lo sustancial es que más allá de los dos goles de Anfield, su tesón ha conquistado por fin un territorio que algunos querían que fuera vedado: el del corazón de su nueva afición, que por fin reconoce su valía. Su fútbol gustará más o menos y el tiempo dirá si triunfa como colchonero o no. Lo que nadie le puede ganar a este chico es que le adornan todas las virtudes que predica el profeta Simeone. Marcos, partido a partido, está demostrando que el esfuerzo no se negocia y que, si se cree y si se trabaja, se puede. De primero de cholismo.

Rubén Uría

Otras historias