Martínez Munuera también era mentira

La Libreta de Van Gaal
·4 min de lectura
Soccer Football - La Liga Santander - FC Barcelona v Real Sociedad - Camp Nou, Barcelona, Spain - March 7, 2020  Referee Juan Martinez Munuera awards a penalty to Barcelona  REUTERS/Albert Gea
Martinez Munuera no es Munuera Montero. (Foto: Reuters/Albert Gea)

¿Recuerdan aquel brillante ejercicio de reporterismo que hará un par de meses les recomendé degustar en el diario ‘Sport’? Iván San Antonio había viajado a Benidorm, se había mezclado con sus gentes y había recabado las pruebas necesarias para denunciar, ante La Haya si hiciera falta, que el árbitro Martínez Munuera es aficionado del Real Madrid y esto le lleva a prevaricar en el ejercicio de su profesión. Pues resulta que, como Marta Domínguez en la histórica portada de ‘Marca’, el cuento de San Antonio también era mentira. Una decepción nivel Milli Vanilli para quienes aún creemos en el periodismo comprometido.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Lo hemos sabido esta semana porque Juan Ramón Martínez, padre del árbitro, ha hecho valer su derecho de rectificación. Para demostrar la filia blanca del colegiado, el reportaje se sustentaba fundamentalmente en un hecho: su padre es fundador de una peña madridista. ‘Sport’ ahora admite que esto es falso y se “retracta públicamente” de algunas manifestaciones aparecidas en el reportaje “por no ser en absoluto ciertas y por no haberse confrontado debidamente con otras fuentes solventes”. ¡Quién iba a pensar que grabar a unos paisanos en la barra de un bar mientras les iban poniendo cervezas no era del todo profesional!

‘Sport’, que dedicó al tema la portada de su edición impresa y un generoso despliegue online, ha tratado de colar la rectificación de puntillas. Apareció, eso sí, en la portada del miércoles -imaginamos que por imperativo legal- ocupando un fino cintillo a pie de página, lo más discreto posible. En la web había que ser master en SEO para encontrarlo. De hecho se publicó el martes por la tarde y nadie se hizo eco en redes sociales hasta el miércoles por la mañana. En el resto de medios que en su día se hicieron eco de la exclusiva tampoco es que se hayan vuelto locos por aclarar la verdad a la audiencia. La profesión mira para otro lado, no les vaya a pasar mañana a ellos, no vaya a creer la gente que eso de confirmar noticias con dos o tres fuentes es una mentira mil veces repetida. La edad de oro del periodismo deportivo.

Si ya era lamentable husmear en la vida familiar de un árbitro para justificar un mal resultado deportivo, no digamos ya sustentarlo en una mentira. Pero lo mejor estaba por llegar. San Antonio, no mostró el menor signo de autocrítica o arrepentimiento. Al contrario, estaba encantado durante su participación semanal en la tertulia ‘La tribu’ de Radio Marca cuando el director, Raúl Varela, le preguntó si tenía algo que añadir: “Se cometió un error en forma, que no en fondo. El objetivo del reportaje era descubrir el madridismo de este colegiado y eso se consiguió. El periodismo también está para denunciar estas cosas. Estoy convencido de que, denunciándolo, se logra más justicia. Estoy seguro de que, si no sale ese reportaje, si no existe esa presión, no le pitan tres penaltis al Real Madrid en Valencia”.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Envalentonado, San Antonio se negó a pedir perdón. “La disculpa es algo muy cristiano y yo no lo soy”, llegó a decir, como si la educación entendiera de credos. En su afán por excusarse dijo también que el error había sido “de forma, no de fondo”, cuando el problema ha sido, precisamente, de fondo. Lo que quizá quería decir es que una verdad de más o de menos es una minucia: él tenía una misión y la llevó a cabo. No era elaborar un reportaje según las normas básicas del periodismo sino publicar que los árbitros están al servicio del Real Madrid y en contra del Barça. Los medios empleados y las reputaciones que se pueda llevar por delante son lo de menos. Se entiende perfectamente que dude de la profesionalidad y de la honorabilidad de los árbitros. ¿Cómo va a creer, si ni siquiera cree en las suyas?