Por qué a veces es más fácil desahogarse con extraños que con amigos o familiares

Jennifer Delgado
·6 min de lectura
Casi la mitad de nuestra red de confidentes está compuesta por extraños y personas con quienes no mantenemos un vínculo emocional. [Foto: Getty Images]
Casi la mitad de nuestra red de confidentes está compuesta por extraños y personas con quienes no mantenemos un vínculo emocional. [Foto: Getty Images]

¿Alguna vez le has contado un episodio importante de tu vida a un extraño o le has hecho partícipe de tus preocupaciones y sentimientos más profundos, esos que ni siquiera habías confesado a tu pareja o tu mejor amigo? No eres el único. A veces es más fácil desahogarse con esa persona que se sienta a nuestro lado en el avión, en un banco del parque o en la barra de un bar que hablar de nuestras preocupaciones y frustraciones con quienes forman parte de nuestro círculo íntimo.

Tampoco es tan raro, sobre todo teniendo en cuenta que pasamos parte de nuestras jornadas rodeados de extraños. Investigadores de la Universidad de Chicago preguntaron a 2.000 personas con quiénes solían hablar cuando tenían problemas o necesitaban desahogarse y descubrieron que el 45% de su red de confidentes estaba compuesta por extraños y personas con quienes no mantenían un vínculo emocional, como médicos, compañeros de trabajo o líderes espirituales. ¿Por qué buscamos apoyo en desconocidos?

Necesitamos empatía cognitiva y una perspectiva objetiva

Estos psicólogos creen que cuando se trata de asuntos importantes o nos encontramos en una situación particularmente difícil, no nos basta con la simpatía que puedan profesarnos las personas más cercanas, necesitamos empatía cognitiva. Buscamos a personas que consideramos expertas en la materia o que hayan pasado por circunstancias similares para que nos ayuden a dar un sentido a lo que nos ocurre.

En otras palabras, no buscamos simplemente validación emocional sino alguien que sepa exactamente por lo que estamos pasando o que pueda darnos consejos válidos para superar ese trance. Por eso, por ejemplo, podemos sentirnos más cómodos hablando sobre nuestras dolencias con otro paciente en la sala de espera de una clínica que con nuestra pareja o un amigo. Con esa persona se crea un vínculo especial, no tenemos que detallarle cómo nos sentimos o por lo que estamos pasando porque ya lo sabe.

En la empatía cognitiva no recibimos lástima o incredulidad por parte de nuestro interlocutor sino una comprensión plena, sin ningún tipo de implicación personal, lo que abre las puertas a una visión más pragmática y objetiva del problema. Los desconocidos pueden brindarnos una perspectiva desapegada, más clara y completa de lo que nos ocurre ya que no están implicados emocionalmente en nuestra vida.

De hecho, rodearnos de personas con ideas, creencias y valores afines a los nuestros nos asegura unas relaciones más fluidas, pero también puede ser una limitación cuando tenemos un problema. Un extraño se encuentra fuera de ese círculo íntimo, de manera que puede aportarnos una visión diferente de lo que nos ocurre, en comparación con nuestros familiares y amigos que comparten nuestra manera de ver el mundo. Esa perspectiva nueva puede ayudarnos a solucionar el problema o abordarlo desde otra óptica.

Además, un desconocido puede hablarnos con mayor franqueza y darnos una opinión menos sesgada porque no nos conoce ni tiene ideas preconcebidas sobre nosotros. Esa persona puede centrarse con mayor facilidad en el aquí y ahora, se limitará a analizar la información que le demos y no realizará inferencias erróneas basadas en nuestra historia vital.

No podemos olvidar que cuando hablamos con una persona cercana sobre un problema, es probable que ese problema también le incumba. Eso influirá en el apoyo que recibiremos. Nuestros padres, por ejemplo, pueden reaccionar mal ante la perspectiva de un divorcio porque tienen un vínculo emocional con nuestra pareja. Ese nivel de implicación podría impedirles brindarnos la validación y el apoyo que necesitamos. Con los extraños no tendremos ese inconveniente porque nuestros problemas no les afectan directamente, de manera que pueden abandonar con mayor facilidad su perspectiva egocéntrica y ponerse en nuestro lugar.

Por tanto, los desconocidos se encuentran a la distancia psicológica perfecta para que las emociones no nublen su perspectiva. Por eso pueden hacernos las preguntas correctas o decirnos lo que nos molesta o preocupa antes de que lo admitamos. En cambio, la perspectiva de una persona cercana estará determinada inevitablemente por nuestras palabras y actos del pasado, así como por la imagen que tiene de nosotros e incluso sus expectativas respecto a la relación.

Desahogarnos con un desconocido nos permite liberar la tensión emocional y a la vez mantener nuestro mundo privado a salvo. [Foto: Getty Images]
Desahogarnos con un desconocido nos permite liberar la tensión emocional y a la vez mantener nuestro mundo privado a salvo.[Foto: Getty Images]

Sin juicios, sin recordatorios, sin repercusiones

Las relaciones más íntimas también suelen ser las más complejas. Los roles que asumimos en esas relaciones, el conocimiento mutuo e incluso la historia compartida no siempre nos unen, a veces actúan como una barrera para las confidencias. Si hemos hecho algo de lo que no nos sentimos particularmente orgullosos, podemos temer al juicio de las personas que amamos o quizá no nos atrevamos a confesarlo para no enturbiar la imagen que tienen de nosotros.

Con un desconocido no tenemos ese problema. Es probable que no le volvamos a ver, de manera que podemos sentirnos más libres para expresar directamente lo que sentimos, no tenemos que medir nuestras palabras por miedo al juicio o a dañar la relación. Eso reduce la presión psicológica, nos hace bajar la guardia y nos permite abrirnos.

Saber que nuestra conversación no tendrá repercusiones puede ser muy liberador. Es probable que no nos atrevamos a confesarle a un amigo en común con nuestra pareja que la hemos engañado porque no sabemos cómo reaccionará. En cambio, confesárselo a un completo desconocido nos permite liberar esa tensión emocional y al mismo tiempo mantener nuestro mundo privado a salvo.

Los desconocidos actúan, por tanto, como válvulas de escape para nuestros conflictos interiores. No debemos olvidar que guardar un secreto es una carga pesada que afecta nuestra percepción de la realidad haciendo que percibamos el mundo como un sitio más hostil y agotador, como comprobaron psicólogos de la Universidad Tufts, además de arrebatarnos la felicidad y afectar nuestra salud física a largo plazo, según un estudio de la Universidad de Columbia.

Desahogarnos con desconocidos tiene otra ventaja: eludimos las preguntas de seguimiento. Cuando hablamos con un extraño mantenemos cierto grado de control, decidimos cuándo hablar de nuestro problema y cuándo desconectarnos. Decidimos hasta qué punto vamos a compartir información y qué queremos callar.

En cambio, cuando compartimos nuestras preocupaciones con una persona cercana nuestras palabras se quedarán flotando en el aire. Es probable que esa persona saque a colación el tema nuevamente en otras circunstancias, ya sea para preguntarnos más detalles e interesarse por nuestro bienestar o para usarlo como arma arrojadiza cuando discutimos. Cuando no queremos que un asunto se proyecte como una sombra en la relación, lo más fácil es hablarlo con un extraño.

De hecho, en ocasiones simplemente no compartimos nuestros pensamientos y sentimientos más profundos con las personas más cercanas para no preocuparlas. Cuando sabemos que nuestros problemas pueden ser un peso más sobre sus hombros, preferimos ahorrárselos y contárselos a desconocidos que no se los tomarán tan a pecho.

Sea cual sea nuestro motivo, debemos recordar que desahogarnos de vez en cuando con desconocidos es completamente normal y no significa que desconfiemos de nuestro círculo más íntimo. Tan solo significa que hemos sentido la necesidad de hablar con alguien que pudiera escucharnos y comprendernos sin juzgarnos por nuestra historia vital o bagaje relacional.

Más historias que te pueden interesar

5 señales psicológicas que revelan que estás al límite

Si quieres sentirte mejor, no intentes ser feliz, sé auténtico

5 hábitos mentales que necesitas cambiar para ser más fuerte emocionalmente