Mayada: "Algunos dicen que no soy muy uruguayo"

Camilo Mayada aclara que lo pueden tildar de uruguayo poco uruguayo. Nunca nadie lo vio con un termo bajo el brazo ni lo van a ver: no toma mate. Dice que si revisan su celular, en la parte de música no le van a encontrar una sola murga: ni el carnaval ni los tablados son para él. Tampoco salió ni de Nacional ni de Peñarol. Ni siquiera es de Montevideo. 

Así lo dice, sentado en una escalera del predio de Ezeiza de River, donde todavía mira asombrado lo gigante que es el club al que pertenece. No lo hace por situarse en ningún lugar: esa es la manera de analizar la vida cotidiana que tiene este uruguayo. 

- ¿Terminaste el colegio secundario?
- Tuve la chance de subirme temprano a la Selección juvenil y empecé a viajar y en ese momento se me cortó la posibilidad de seguir estudiando porque, encima, yo no era de Montevideo, entonces viajaba todos los días. Podría haberlo terminado en algún liceo nocturno, pero me queda en el debe. A medida que pasa el tiempo, cuesta más. Estaría bueno, de una vez por todas, liquidarlo.

- ¿Cómo es tu familia?
- Mi familia es de clase media. Mi viejo trabaja y mi mamá es ama de casa. Somos cuatro hermanos. Todos viven en casa, salvo yo, que hago lo que me gusta, y por eso vivo en Buenos Aires.

- ¿Y cómo asumías la responsabilidad de ser futbolista siendo chico?
- De chiquito, a los 13 años, ya lo vivía. Porque a la mañana iba al liceo, me tomaba un colectivo hasta la ruta y ahí mi mamá me intercambiaba la mochila de estudio por la de entrenamiento. Seguía de largo para Montevideo. Comía en Danubio y después práctica. Salía a las 7 de la mañana de casa y a las 20 recién volvía. Nunca tuve la presión en mi casa de ser futbolista. Lo hacía como algo que me gustaba. Era un complemento, como quien estudia clase de piano. 

- ¿Cuándo te das cuenta que sos futbolista?
- Cuando te empezás a dar cuenta que hay concentraciones prologandas o pretemporadas. En Uruguay, igual, es diferente, más si no jugás en uno de los grandes. Acá sólo me pasó de irme a Orlando y a Miami a jugar. Pero son cosas que uno relega sin renegar. Nunca sentí que me estaba perdiendo de todo. Estoy convencido de que, en diez años, sí voy a extrañar mucho los vestuarios. 

- ¿Qué hubieras sido si no hubieras sido jugador de fútbol?
- Tenía buena capacidad para estudiar algo asociado a las letras más que a los números. Algo de Derecho hubiera sido mi camino.

- ¿Acá no estudiás nada?
- El año pasado empecé a estudiar inglés. Tenía mucho tiempo libre a la tarde y pensé que algo tenía que hacer. Entonces, nos enganchamos con Arzura a ir a clases, pero ahora dejamos. Yo de chico había estudiado este idioma, pero lo perdí y quería agilizarlo. 

ps Camilo Mayada River Plate


- ¿Qué tan distinto es ser futbolista en un club grande de Argentina?
- Este club tiene millones de hinchas y por eso las cosas se juzgan de otra manera. Viajás a cualquier provincia y una multitud te recibe. Lo particular es que este es un club hecho para ganar. Acá te piden ganar todos los días. Más allá de la ilusión que siempre tenemos, yo jugaba la Sudamericana con Danubio y no empezaba igual que en River. Acá estás convencido de que jugás para ganarla.

- ¿En qué más sorprende River?
- Todos los días te sorprende. Cuando esto se vuelve rutina, me pongo a pensar en cuántos quisieran jugar acá. La mayoría de los futbolistas de Argentina querrían estar en River. Todo es muy lindo. Más en la época en que me tocó estar a mí, donde ganamos cinco títulos y eso es increíble. Este es un lugar grande: los refuerzos son buenos y los que se van, en general, se van a buenos equipos.

- ¿Qué es lo más diferente que tiene?
- El Mundo River es mucho en el estadio y hay mil actividades y eso me parece espectacular. La primera vez que fui al Monumental pensé que no me iba a reconocer nadie y había tanta gente que todos te saludaban. Me sigue sorprendiendo porque es muy lindo cómo se vive el día a día en el club, esa vida social que tiene.

- Antes no eras siquiera de Montevideo y ahora vivís en una ciudad mucho más grande, como Buenos Aires.
- Es una vida distinta. Yo hace dos años vivo en Buenos Aires. Acá en Capital Federal, que entra mucha gente por día, el tránsito es terrible. Ves gente por las calles todo el tiempo. Pero las posibilidades de esparcimiento son gigantes. Podés ir a comer o a ir al teatro. La gente acá se cría a este ritmo y se acostumbra a no tener reparo en comer un asado un miércoles a la noche. En Uruguay, si te querés juntar un miércoles, todos dicen mañana hay que trabajar o estudiar. Pero no me gusta ir a bailar.

- ¿Por qué?
- Porque no me gusta exponerme. 

- ¿Cómo te llevás con el reconocimiento en la calle?
- Salgo al shopping o algo de eso y te piden una foto. No tengo problemas con nada de eso. Trato de ser amable porque, cuando era chico, había personas que yo adoraba y quería que me retribuyeran el saludo. 

- ¿Quién te llamaba la atención?
- Mi ídolo siempre fue Zanetti, por una cuestión de posición, pero no lo conozco. Después, tuve la suerte de compartir equipo con el Chino Recoba, un ídolo para nosotros. Pero era otra época. La gente no andaba con los celulares sacándose foto. Nadie tenía un rollo en el bolsillo.

- ¿Qué tiene de diferente el futbolista uruguayo?
- Al futbolista uruguayo lo caracterizan por la garra y la entrega que tienen. Dicen que son muy tomadores de mate, pero yo en eso no me distingo: no me gusta el mate y no me van a ver con un termo bajo el brazo. El fútbol uruguayo tiene un crecimiento diferente. No todo es tan profesional. Por eso, cuando estás acá valorás las cosas de manera diferente. Veo a los chicos de Reserva y pienso en que viven una tremenda realidad del lugar donde entrenan. Y eso que Danubio se caracteriza por tener buenas inferiores. Pero es atípico este mundo.

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