Efectos colaterales de las medidas anti-COVID: menos gripe y menos piojos

M. J. Arias
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La higiene de manos, la distancia social, el uso obligatorio de mascarilla, el descenso del número de niños por clase… todas estas son medidas impuestas para reducir el riesgo de contagio por coronavirus. Si se cumplen, funcionan. Está demostrado. Como ha quedado evidente en las últimas semanas que, además de para evitar enfermar de COVID-19, también están funcionado para reducir una plaga como los piojos y una enfermedad propia de estas fechas como la gripe.

La venta de productos para la eliminación de piojos ha caído, al igual que la de antigripales. (Foto: Getty Images)
La venta de productos para la eliminación de piojos ha caído, al igual que la de antigripales. (Foto: Getty Images)

Según publicaba hace unas semanas la Cadena Ser, la venta de tratamientos para combatir a los piojos habían caído este año hasta un 40% con respecto a las ventas del año anterior. En parte, por el confinamiento, que supuso el cierre de los colegios a mediados de marzo. Sin los niños en clase, principal foco de transmisión de estos parásitos, se hacía prácticamente imposible que pasasen de una cabeza a otra. Los campamentos de verano, otro gran foco, quedaron también reducidos a la mínima expresión.

Con la reapertura de los centros educativos en septiembre todos los alumnos han vuelto a las aulas y la presencia de piojos se ha convertido en algo aislado. Decir que han desaparecido por completo no sería cierto. Por un lado porque las ventas han caído, pero lociones, champús, protectores y tratamientos varios siguen saliendo de las farmacias. Es más, seguro que hay padres que se han encontrado con la clásica circular del colegio de sus hijos informándoles de que deben revisar las cabezas de los niños porque se han detectado visitantes no deseados en la de algún compañero.

Aún así, son menos frecuentes y la explicación parece obvia. “Con la reducción de los contactos tenemos una categoría de productos antipiojos muy desfavorecida. En lo que va de año ha vendido 1,7 millones de unidades en la farmacia, lo que equivale a 17,4 millones de euros, pero sobre todo, que ha vendido un 40% menos de lo que lo había hecho a estas alturas en 2019”, decía a finales de noviembre Guillermo Durán, responsable de negocio de farmacia de la consultora IQVIA, en declaraciones a la Cadena Ser.

Dos semanas más tarde, en Antena 3 publicaban unos datos similares y actualizados según los cuales los centros de tratamientos habían perdido un 50% de sus clientes infantiles y apuntaban que desde marzo la venta había caído un 35%. Dicho esto, desde un centro especializado en despiojar cabezas hacían notar, basándose en su propia experiencia, que “los adolescentes están siendo un foco de infección y sirve como indicador de que el distanciamiento social no se está cumpliendo porque los piojos ni saltan ni vuelan”.

Más allá de esta situación en las cabezas de la población infantil, lo que se ha reducido considerablemente es la incidencia de la gripe esta temporada. Como señalan los expertos, ambos virus, tanto este como el que provoca el COVID-19, se propagan de manera similar y por las mías vías. De ahí que lo que sirve para contener a uno funcione también para el otro. Eso se nota en las consultas médicas, pero también en las farmacias, donde, según ha explicado el consultor farmacéutico Guillermo Durán a la Cadena Ser, “en lo que llevamos de año se ha vendido un 20% menos de unidades [de antigripales] respecto a lo que se había vendido en 2019 y un 16% de su facturación en euros”.

Añaden en la citada emisora que las cifras actuales –que habría que esperar a que acabe la época de gripe para cerrar– podrían reflejar el nivel más bajo de la década. En el caso de la gripe, además de las medidas anti-COVID también hay que tener en cuenta la campaña de vacunación, que este año ha tenido una mayor repercusión. El especialista en Medicina Preventiva, Jaime Jesús Pérez, ha señalado a Antena 3 que este 2020 ha sido entre un “40 y un 50% más exitosa”.

Por otro lado, también se han reducido los cuadros de bronquiolitis, que afecta a niños y bebés, y que habría caído en un 80% según Pedro Gorrotxategui, vicepresidente de la Asociación Española de Pediatría y Atención Primaria.

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