Messi, salvavidas de un Barcelona que casi se ahoga


EDITORIAL

Como si fuera la primera vez que marcaba celebró Leo Messi el importantísimo gol que le dio la victoria al Barcelona a falta de cinco minutos para el final. De hecho lo era, porque nunca antes el rosarino había marcado en el nuevo estadio del Atlético de Madrid. No pudo llegar en mejor momento su diana, pues, dando tres puntos que mantienen al Barcelona en lo alto de la tabla clasificatoria junto al Real Madrid, y por eso lo cantó de forma tan contundente, porque vale su peso en oro.

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Porque hasta entonces al cuadro azulgrana le había costado sobrevivir en el Wanda Metropolitano. A los ocho minutos ya había visto como Mario Hermoso enviaba un balón al poste y las ocasiones colchoneras no dejaron de sucederse a partir de entonces. Si Álvaro Morata y el propio Hermoso no vieron puerta fue solo por el acierto de un Marc-André Ter Stegen que se convirtió en una pared bajo la intensa lluvia madrileña. El balón corría con velocidad y el Barcelona, siempre incómodo, tiró de personalidad para que Piqué enseñara los dientes con un cabezazo que se estrelló en el poste al filo del descanso.

El parón le fue bien al Barcelona. Le dio aire cuando más ahogado se sentía y supo hacer buena la máxima de quien perdona ante un grande lo acaba pagando. Porque el segundo tiempo fue muy distinto al primero, cuando había sido el cuadro local el que había dominado y disfrutado de más opciones para marcar. Messi tardó un cuarto de hora en avisar desde la frontal y poco después sería Luis Suárez quien haría lo propio, obligando a Jan Oblak a lucirse como no había podido hacer en el primer tiempo.

Al otro lado Ter Stegen seguía luciéndose y hasta armando contras que bien pudieron costar un gol, como cuando se la dio a Messi para que la subiera tras superar alguna que otra patada pero el remate de Antoine Griezmann, voluntarioso pero poco acertado ante el griterío de la que fue su afición, se marchó desviado. Y tuvo que ser él, el de siempre, quien acudiera al rescate una vez más. Desde que no estuvo en Getafe ha participado en dos de cada tres goles de su equipo, que sigue líder gracias a su estrella y su portero. Si el Balón de Oro quiere mantener mañana su credibilidad no tiene otro amo que el rosarino.

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