Messi: las teorías y los dolores de su ausencia

Una confrontación muy poco feliz entre Leo y Alfredo Astiz, símbolo del terrorismo de Estado que sufrió el país entre 1976 y 1983.

De todas las teorías que rodean al caso de la sanción de Lionel Messi, hay una que hace saltar el tablero por sus apuntes sobre política internacional: "La FIFA ha sido tomada por los Estados Unidos y, como el Mundial es en Rusia, hay una directa intención de parte de la organización de boicotear la Copa del Mundo al dejarla sin el mejor jugador y el más vendedor". Otra es que se trata de una venganza de la máxima asociación de países del mundo contra Argentina: con justificaciones que van desde sanción por desprolijidad hasta la que planteó Humberto Grondona, entrenador de Arsenal, quien asume que el mundo siempre odió a los argentinos y sin su padre nadie puede frenar esa rabia. Se podría seguir reproduciendo voces, pero la única conclusión firme sería una: en Zurich, hay una jornada de lo más importante para los celestes y blancos.

Argentina iba a jugar contra Bolivia por las Eliminatorias y, llegando a Santa Cruz, donde descansarían para evitar la altura de La Paz, salió la sanción a Messi. En el plantel, estalló una bronca inmensa hacia un sector: la prensa, acusada de construir la circunstancia de sanción desde su megáfono. El grupo, tan enemistado con los periodistas como para haber decidido no dar conferencias ni entrevistas, escupía bronca en el hotel porque el temor era grande. "Hay dos tipos de líderes en este grupo: Mascherano es el que habla y Messi el líder futbolístico. El que todos miran para saber cómo vamos a salir", explicó, en Chicago, en la última Copa Centenario, Gerardo Martino. Ese sentir estaba ahí: sin su 10, sin el detalle que lo vuelve diferente, el equipo se sentía pinchado.

Pocas veces hablaron Claudio Tapia y Jorge Sampaoli desde que AFA decidió echar a Edgardo Bauza y considerar al entrenador de Sevilla el plan A. Aunque se haya planteado mediáticamente que charlaron sobre futbolistas y hasta sobre proyectos de inferiores, eso es mentira. Pero sí han intercambiado, en cada diálogo, la misma consulta: qué pasa con Messi. Sampaoli y Messi tienen una buena relación desde que se conocieron en la gala del Balón de Oro de 2015, se han saludado en cada cruce entre los catalanes y los andaluces. Amigos y conocidos entre sí se han encargado de mandarse un mensaje cruzado importantísimo: el capitán no puso ni pone compañeros, no define ni definió entrenamientos y este grupo, pese a lo que se diga, es disciplinado y da la vida por esta Selección. 

Sampaoli, en fases diferentes, considera que este grupo necesita, mucho más que cambiar figuras, modificar su ideología y su manera de apegarse a una idea. El 10, en eso, es lógicamente el que menos necesita de concebir esa filosofía porque él mismo la ejerce dentro de la cancha. Pero en ambos sectores asumen que es muy imporante que a éste grupo se le ponga delante alguien que no se ponga límites a la hora de hablarle a este grupo. Con Messi, esa actividad se vuelve más sencilla. Sin él, es mucho más complejo. Reducirle las fechas sería muy importante, entonces, según entiende el entrenador, no sólo por su individualidad, sino por la manera en que el grupo acelerará su comprensión del nuevo mensaje.

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