El problema de que solo Mikel Landa salve al ciclismo español de otra semana horrible

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BAZA, SPAIN - FEBRUARY 19: Mikel Landa Meana of Spain and Team Bahrain Victorious reacts after cross the finishing line during the 68th Vuelta A Andalucia - Ruta Del Sol 2022 - Stage 4 a 167km stage from Cúllar Vega to Baza 836m / #68RdS / on February 19, 2022 in Baza, Spain. (Photo by Bas Czerwinski/Getty Images)
Photo by Bas Czerwinski/Getty Images

Sí, Juan Ayuso y Carlos Rodríguez. Repetimos los nombres de estas jóvenes promesas (19 años, el primero, y 21, el segundo) porque son el clavo ardiendo al que agarrarse. De las pocas cosas que nos hace pensar en un futuro para el ciclismo español que nos saque de esta mediocridad. Ayuso y Rodríguez tendrán que ponerse las pilas cuanto antes porque lo que tenemos ahora mismo no nos levanta del asiento. Alguna cosa suelta de Alejandro Valverde, imperial a sus 42 años, y poco más.

La pasada semana, por ejemplo, fue una de las grandes en el calendario internacional: se daban a la vez la París-Niza y la Tirreno-Adriático. Se trata de dos pruebas con enorme tradición, con una participación descomunal y con unos recorridos suficientemente variados para que todo tipo de corredor tenga su momento de protagonismo: contrarrelojes, sprints masivos, etapas tramposas para rodadores con instinto, media montaña, cumbres para elegidos... Entre las dos, sumaron 15 etapas. Solo en una de esas 15 vimos a un español acabar entre los cinco primeros: Mikel Landa, tercero en la penúltima de la Tirreno, lo que le valió a su vez el tercer puesto en la general, como el año pasado.

Nada más. No hubo nada más. Hay que reconocer que al menos a Marc Soler le vimos bastante, también en Italia, y que tanto Peio Bilbao como Omar Fraile tuvieron momentos destacados de trabajo para sus equipos. Pero eso fue todo. En plena apoteosis del ciclismo internacional, con enormes escuadras, enormes corredores y una voluntad de ataque constante casi diaria, España ha desaparecido del mapa. Dos escapadas de Marc Soler y una buena regularidad de Mikel Landa. Es probable que Enric Mas se hubiera sumado a ese grupo de solventes candidatos a un buen puesto en la general, pero una caída se lo impidió en la penúltima etapa.

El problema de depender de Mikel Landa o de Alejandro Valverde es que tienen ya una edad. Landa, un tipo muy popular cuyos mejores años ya han quedado detrás, ya ha cumplido los 32. No puede ser el depósito de demasiadas ilusiones. Su tercer puesto, además, fue algo engañoso. Igual que he dicho antes que a Soler le vimos aunque no culminara -algo que se agradece-, la verdad es que a Landa (como a Mas hasta la caída), le vimos lo justo. Tirando del grupo de perseguidores, que parece ser su sino.

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Lo que le falta al ciclismo español no son solo corredores que decidan en las grandes vueltas o que compitan en las pequeñas con los mejores. Le falta una clase media ganadora. No hablo de un Contador, un Purito o un Valverde. Hablo de un David Etxeberría, de un Juan Antonio Flecha, incluso de un Samuel Sánchez. Gente que gane cosas en grandes escenarios, que sepa colarse en fugas y que sepa rematarlas. Gente rápida en pequeños grupos y con hambre y picardía para labrarse un enorme palmarés. No hay nada de eso.

Vemos pasar carreras y siempre descubrimos a alguien salido de la nada: descubrimos a Pidcock, descubrimos a Hindley, descubrimos a Hayter, descubrimos a Storer, a McNulty, a O´Connor... Como ven, no estoy hablando de la élite de la élite, sino de excelentes corredores que no solo ganan sino que quedan en la memoria de los aficionados. Pero nunca aparece un español. Pasan y pasan los años y ahí siguen Cortina luchando por algún top ten y Alex Aranburu buscando concretar en pequeños grupos. Gonzalo Serrano es también un corredor rápido en determinado tipo de llegadas, sobre todo cuesta arriba, pero poco más se puede rescatar.

Para que un español gane una etapa o una clasificación general, para que quede siquiera entre los cinco primeros, tienen que pasar demasiadas cosas raras. Cosas que parecen ahora mismo reservadas a Valverde, por su experiencia, y a los dos jovencitos por todo lo que han demostrado aún en la postadolescencia. No pedimos un Pogacar, ni un Evenepoel ni nada por el estilo. Pedimos corredores que ataquen, que desafíen las jerarquías, que pongan en jaque al pelotón, que nos hagan mirar el GPS continuamente a ver si aumentan su distancia o se les echan encima...

Pedimos, en definitiva, algo más que un puestómetro al que agarrarse el Landa o el Mas de turno. Incluso el siempre criticado Nairo Quintana tuvo una presencia constante en la París-Niza. Acabó fuera del podio, pero lo intentó. Al final, estamos en lo de siempre: solo pedimos que lo intenten, porque talento tienen. No me creo que los Izagirre no tengan talento o que no lo tenga Bilbao o que no lo tenga, desde luego, Enric Mas. Pero hay que tirar para arriba y poner a la gente en pie. Esta mediocridad no nos lleva a ningún lado.

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