Mindfulness: ¿negocio, moda pasajera o práctica ideal para mejorar la productividad?

Jaime Quirós
·3 min de lectura

El mindfulness se ha introducido en el entorno laboral como una práctica para mejorar el bienestar y la productividad de los trabajadores. La NASA, al igual que otros gigantes americanos como Apple, Google, Nike o Twitter se han rendido ante estas técnicas de meditación que tienen el objetivo de mejorar el desarrollo de sus empleados. Las empresas españolas tampoco se han querido quedar atrás. Endesa, Iberdrola, Repsol, Mahou o Allianz seguros ofrecen a sus trabajadores programas, talleres y sesiones destinados a entrenar la atención plena –principal objetivo del mindfulness–.

Las empresas han sabido transformar esta tendencia en un millonario negocio con enormes perspectivas de expansión. Desde 2015, se han lanzado al mercado más de 2.500 aplicaciones de meditación y bienestar emocional basados en la filosofía del mindfulness.

El mindfulness, o el ejercicio de la atención y la consciencia plena, es una versión de la meditación tradicional adaptada a la vida actual que consiste en estar atento de manera intencional a lo que hacemos.

Las empresas lo aplican para aumentar la productividad y el rendimiento de sus plantillas, también las escuelas, e incluso fuerzas de seguridad como tratamiento del estrés post traumático. Sin duda, esta práctica, gracias a sus numerosos adeptos, se ha convertido además en un producto de mercado que genera suculentas ganancias.

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El mindfulness es una técnica de autoconocimiento y conciencia emocional que cada vez más empresas utilizan para aumentar la productividad de sus plantillas. Foto: Getty Creative
El mindfulness es una técnica de autoconocimiento y conciencia emocional que cada vez más empresas utilizan para aumentar la productividad de sus plantillas. Foto: Getty Creative

El golpe de la pandemia 

La pandemia y su impacto en la economía ha añadido incertidumbre a una situación que ya era de por sí convulsa. El temor al contagio o las complicadas perspectivas socioeconómicas generan ansiedad y estrés en la población. Ante esta coyuntura adversa, miles de personas han encontrado refugio en prácticas como el mindfulness.

Debido a las medidas de seguridad sanitaria, muchos se encuentran con la imposibilidad de acudir a cursos o talleres de forma presencial. Por este motivo, las aplicaciones móviles se han convertido en las perfectas aliadas para todos aquellos que buscan aprender a concentrarse y tomar mayor conciencia del presente. Calm, Headspace y Meditopia son algunas de las aplicaciones más populares. Los usuarios activos mensuales de estas tres plataformas aumentaron un 59% interanual en noviembre de 2020. Unas cifras que obviamente se traducen en beneficios económicos.

Calm, la más grande de estas tres, generó 99,4 millones de dólares de enero a noviembre del año pasado, con más de 28 millones de descargas e instalaciones en dispositivos móviles. Un volumen de negocio considerable, que sin duda ha impulsado la pandemia.

Los beneficios del mindfulness

Más allá de los fines comerciales, este sector ha sido capaz de reimaginar la antigua práctica del mindfunless bajo el prisma de la tecnología. Sobre el bienestar que aportan estas prácticas hay variedad de opiniones, pero mediante la atención plena se pretende que el cerebro logre ver una nueva forma que permita a las personas ser más conscientes de todos los momentos del día a día y puedan disfrutar más de ellos. En este sentido, el mindfulness puede elevar el nivel de atención, reducir la ansiedad y ayudar a focalizar mejor, lo que se traduce en un aumento del nivel de productividad.

No obstante, no hay que ser ingenuos. Los expertos también aseguran que el mindfulness no sustituye a los horarios flexibles, la conciliación o a un reparto realista de la carga de trabajo.

Moda y negocio

Ante este escenario, las compañías que forman parte de esta 'economía de la atención' compiten por conquistar una parte de nuestro interés, para obtener un beneficio que sin duda es comercial. Por este motivo, el crecimiento de estos negocios ha suscitado las críticas de los más expertos, que acusan a estas compañías de beneficiarse del clima de inestabilidad emocional de la sociedad.

Libros, talleres, manuales, aplicaciones… Todo un arsenal de productos que comercializan el bienestar mental y que pueden ser complemento, pero nunca sustituto de las medidas que aseguren un entorno laboral seguro, o de un tratamiento psicológico ante problemas de salud mental.

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