Pjanic para hoy, hambre para mañana

Dani Senabre
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VIGO, SPAIN - JUNE 27: Arthur Melo of FC Barcelona looks on during the Liga match between RC Celta de Vigo and FC Barcelona at Abanca-Balaídos on June 27, 2020 in Vigo, Spain. (Photo by Jose Manuel Alvarez/Quality Sport Images/Getty Images)
A pesar de su salida inminente, Arthur jugó unos minutos en Vigo. (Foto: Jose Manuel Alvarez/Quality Sport Images/Getty Images)

Más allá del esperpento de la imagen de un futbolista viajando hasta la ciudad de un rival de Champions para pasar revisión médica y luego volver a Barcelona a acabar la temporada como si nada, hay mucha tela que cortar en el caso Arthur-Pjanic. Al fin y al cabo, por muy llamativa y absurda que sea, esa fotografía es el reflejo de los tiempos que nos ha tocado vivir: se unen el negocio por encima de todo -en este caso la urgencia de cuadrar cuentas antes del 30 de junio y poder llevar a cabo malabarismos de ingeniería financiera- con el mundo post-pandemia y el consecuente calendario extendido.

Imaginemos por un momento que nada de esto ha sucedido, que no ha habido parón ni confinamiento y que estamos ante una temporada normal como cualquier otra. Olvidémonos de la humillante -para todos- imagen de Arthur jugando unos minutos en Vigo para luego volar a Turín y volver a Barcelona. Analizemos la situación. Las últimas actuaciones del brasileño han sido decepcionantes, no hay forma de discutir eso. Su falta de profundidad y verticalidad, si bien ha sido extensible a la del resto de sus compañeros, ha desesperado a cualquier espectador que pasara por ese canal de televisión en ese momento. Nadie duda que, si el Barça tuviera un final mañana mismo, el cien por cien de los culés preferirían tener a Pjanic en su once inicial que al brasileño.

Estamos hablando del futuro inmediato. Del hoy. Del momento exacto y preciso en que usted está leyendo estas líneas. En ese instante, que casi ya ha pasado, ninguno de nosotros dudaría: Pjanic mejor que Arthur pero…¿qué sucederá justo después? ¿Cuál es el plan cuando pasen dos años y Pjanic empieza a acabarse? ¿Volver a salir al mercado a gastarse otra millonada en otro centrocampista estilo Barça, con lo difícil que eso es? Con una línea defensiva inaceptable y una delantera maravillosa pero más difícil de encajar que las piezas alargadas del Tetris, la única línea con la que podía estar tranquilo el club en los años venideros era la medular: De Jong, Arthur, Riqui Puig y la posible vuelta de Aleñà. Una mezcla perfecta del trabajo bien hecho desde los despachos- aunque parezca mentira- y de la firme apuesta por la cantera (frótense los ojos nuevamente). Si empezamos a arrancar pétalos de esa margarita, el Barça tendrá que añadir una nueva línea a sus dolores de cabeza y no creemos que esté en su mejor momento deportivo, económico y especialmente de paz social como entidad para ir sumando problemas.

En un vestuario roto y con los futbolistas enfrentados al entrenador, directiva y dirección deportiva, lo más inteligente si no eres capaz de sumar es no restar. Y la operación de Arthur resta. La memoria es selectiva y caprichosa. Hoy, nadie se acuerda, pero de agosto a noviembre, Arthur fue posiblemente el mejor centrocampista del equipo. Estamos hablando de media temporada. Con De Jong buscando su sitio, Busquets perdiendo balones por todas partes y Rakitic que no iba ni convocado, el brasileño era de lo poco decente que llevarse a la boca en aquel aburrido y monótono-como ahora- Barça de Valverde.

El pueblo ha hablado. El aficionado está más con Arturo Vidal, adalid de la entrega y el dejarse la piel en cada balón aunque tenga una actitud táctica y posicional prácticamente nula, que con Arthur. El culé, además, tiene un gran recuerdo de Pjanic por sus puñaladas al Madrid y su innegable calidad técnica. Tal vez no hayan estado pendientes de su pésima última temporada en Turín.

En definitiva, nadie va a llorar a Arthur. Todo el mundo lo va a dar por bueno desde el punto de vista económico y algunos, hasta deportivo. Nadie va a rasgarse las vestiduras.

En un par de años se darán cuenta de que deberían.

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