Su pasado como acosador escolar a los 14 años le cuesta su carrera en la élite

Luis Tejo
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El joven jugador de hockey Mitchell Miller. Foto: North Dakota Fighting Hawks.
El joven jugador de hockey Mitchell Miller. Foto: North Dakota Fighting Hawks.

A Mitchell Miller le gusta el hockey sobre hielo. Tanto, que aspira a dedicarse profesionalmente a este deporte. Y parece que se lo podría permitir, porque no se le da nada mal. No en vano este jovenzuelo que todavía no ha cumplido 19 años y acaba de entrar en la universidad estadounidense de Dakota del Norte, ya ha sido incluido en el draft de la NHL. En un puesto bajo, hay que reconocerlo: no salió su nombre hasta la cuarta ronda, en el lugar 111º de la lista de seleccionados.

Aun así, consiguió un hueco en la liga más importante del mundo. Los Arizona Coyotes, lastrados por una serie de situaciones desafortunadas (la incorporación que les correspondía de las rondas primera y tercera las habían cedido en traspasos por jugadores más consolidados, y la de la segunda la perdieron por una sanción), no tuvieron más remedio que elegirle como su primera opción. El futuro era muy prometedor para este defensa diestro de 1,80 metros y 88 kilos.

Sin embargo, parece que su sueño de llegar a la élite tendrá que esperar, si es que no se ha evaporado definitivamente. Los propios Coyotes han emitido un comunicado en el que afirman renunciar a los derechos sobre el jugador “con efecto inmediato”. Dadas las circunstancias, parece muy poco probable que nadie se atreva a ficharlo en lugar del equipo sureño.

Las razones son extradeportivas, como cabía esperar ya que no ha tenido tiempo ni siquiera de incorporarse a los entrenamientos y su trayectoria en las categorías inferiores no era nada mala. De hecho, algunos expertos consideran que, por sus condiciones sobre el hielo, lo lógico habría sido que apareciera no en la cuarta ronda del draft, sino bastante más arriba: al menos en la segunda. Pero su comportamiento fuera de las pistas ha causado que nadie se quisiera arriesgar a acogerlo... y que Arizona haya recibido críticas innumerables en los últimos días, antes de optar por desprenderse de él.

Jugadores de los Arizona Coyotes en el banquillo
Jugadores de los Coyotes en un partido de la NHL. Foto: Dave Sandford/NHLI via Getty Images.

Los hechos se remontan a 2016, cuando Mitchell, natural de Sylvania, un suburbio de Toledo en el estado de Ohio, tenía 14 años y todavía era alumno de instituto. En esa época protagonizó un caso de acoso contra Isaiah Meyer-Crothers, otro estudiante afroamericano que además tiene discapacidad intelectual: le han diagnosticado un retraso madurativo de cuatro años con respecto a su edad. El relato de la víctima narra golpes e insultos de todo tipo, incluyendo palabras especialmente ofensivas en la cultura norteamericana como “brownie” y “nigger”.

El abuso incluyó un incidente particularmente desagradable: engañó a la víctima para comerse un caramelo que previamente había restregado por un urinario. A consecuencia, este tuvo que someterse después a tests de hepatitis, VIH y ETS que por suerte salieron negativos. “Se hacía pasar por mi amigo y me forzaba a hacer cosas que no quería”, dijo Isaiah. El caso de bullying se dio a conocer gracias al testimonio de otros estudiantes del centro y a las grabaciones de cámaras de seguridad que demostraron las agresiones físicas; las imágenes no se han hecho públicas, porque los padres de la víctima creen que solo serviría para “avergonzarle”, pero aseguran que se ven escenas tan brutales como estamparle la cabeza contra una pared de ladrillos. Aun así, Miller y otro chico implicado intentaron negarlo mintiendo a la policía.

Fueron juzgados en un tribunal juvenil, ante el que acabaron reconociendo su culpabilidad. Se les expulsó del instituto durante lo que quedaba de curso (era febrero) y se les condenó a 25 horas de servicios comunitarios, a pagar las costas del juicio (poco más de 100 dólares) y a escribir cartas de disculpa a la víctima, de la que se les impuso una orden de alejamiento. No obstante, según recoge la prensa toledana, la juez no quedó muy convencida de que los agresores hubieran comprendido realmente la magnitud de lo que habían hecho ni de que estuvieran arrepentidos, por lo que estableció una pena de cinco días en un correccional en caso de reincidencia.

De hecho, la familia Meyer-Crothers asegura no haber recibido jamás la carta ni ninguna otro tipo de petición de perdón. Sí que se sabe, porque lo ha contado Bill Armstrong, manager general de los Coyotes, que Mitchell envió una nota a cada uno de los 31 equipos de la NHL antes del draft relatando lo sucedido. Es decir, que el equipo de Arizona sabía perfectamente a quién fichaba, a pesar de que, según denuncian los Meyer-Crothers, nunca contactó con ellos para interesarse por la historia. “Cometió un enorme error, pero le estamos concediendo una segunda oportunidad para redimirse. Esperamos que use esta plataforma para concienciar sobre el bullying y ayudar a que este tipo de comportamientos desaparezcan”, había dicho el propio Armstrong hace unos días.

La repercusión del asunto ante la opinión pública ha obligado a los Coyotes a deshacer el fichaje. “Antes de escoger a Mitchell en el draft sabíamos que ocurrió un incidente de bullying en 2016. No estamos a favor de este tipo de comportamiento, pero lo veíamos como una oportunidad educativa, para trabajar con él y darle la posibilidad de convertirse en un líder contra el acoso escolar y el racismo. Pero hemos conocido más detalles sobre el asunto y sobre el impacto que tuvo en Isaiah y en su familia. Lo que hemos descubierto no va en línea con los valores de nuestra organización, por eso renunciamos a nuestros derechos del draft”, indica la nota publicada este jueves.

Así las cosas, Mitchell seguirá, al menos de momento, en los Fighting Hawks, el conjunto universitario de Dakota del Norte. Tanto allí como en su último equipo junior, el Tri-City Storm de Nebraska, conocían su pasado pero optaron por acogerle. Anthony Noreen, técnico en el Storm, opina que “es un chico que cometió un error cuando tenía 14 años, ha crecido, ha aprendido, ha cambiado, se ha convertido en un hombre joven pero responsable”. El entrenador de Dakota, Brad Berry, sostiene que mantenerle en la plantilla le ayudará a su crecimiento “no solo como jugador de hockey sino como ser humano”. Algunos antiguos jugadores del centro educativo, sin embargo, no están de acuerdo y creen que tampoco debería tener una plaza allí.

No cabe duda de que el abuso escolar, sobre todo cuando hay una inferioridad manifiesta en la víctima y además se da el agravante del racismo, es un crimen particularmente despreciable contra el que toda la sociedad debe luchar de manera inflexible. En este sentido, la exclusión de Mitchell se puede ver como una forma de dar ejemplo, de demostrar a los matones de instituto que, por muy fuertes que se crean, sus acciones acaban teniendo consecuencias. Por otra parte, el asunto ya fue juzgado y condenado, no consta que hubiera reincidencia (aunque tampoco arrepentimiento) y seguir pagando durante el resto de su vida por una inconsciencia de adolescente quizás sea un tanto desproporcionado. El debate moral al respecto se antoja difícil de resolver. La única certeza de momento es que el equipo, quién sabe si por convencimiento o por evitar mala publicidad en tiempos de Black Lives Matter, le ha cerrado la puerta de su carrera profesional, puede que definitivamente, a un chico de 18 años.

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