Por qué nos frotamos las manos cuando estamos contando algo que nos angustia o preocupa

Mónica De Haro
·3 min de lectura
Nuestra postura y nuestros gestos también hablan. Los brazos y las manos actúan como elementos 'enfatizadores' de nuestras emociones diciendo lo que muchas veces no nos atrevemos a verbalizar. De modo que aunque por un lado frotarse las manos denota angustia, también nos ayuda a calmarnos. (Foto: Getty)
Nuestra postura y nuestros gestos también hablan. Los brazos y las manos actúan como elementos 'enfatizadores' de nuestras emociones diciendo lo que muchas veces no nos atrevemos a verbalizar. De modo que aunque por un lado frotarse las manos denota angustia, también nos ayuda a calmarnos. (Foto: Getty)

En nuestro lenguaje corporal las manos juegan un papel relevante porque tienen una gran influencia sobre el cerebro. Son una extensión de nuestras emociones y acompañan a nuestras palabras reflejando lo que sentimos en cada momento, apoyando nuestro discurso y enfatizando lo que queremos transmitir. Tanto es así que nuestras manos pueden incluso reflejar síntomas de algunos trastornos. Por ejemplo, la ansiedad causan ciertos movimientos repetitivos en las manos.

Es de sobra conocido que nuestro lenguaje corporal puede revelar mucho sobre nuestro estado de ánimo y nuestra salud mental. Hay situaciones en las que sin darnos cuenta, de forma instintiva, nos frotamos las manos. Por ejemplo, cuando perdemos los nervios, cuando nos desbordan las emociones, en crisis de ansiedad...

En efecto, es bastante habitual que una persona con ansiedad se frote las manos frecuentemente mientras trata de explicarse o lidiar con esa sensación. Igual que también es muy común tocarse la cara y el cabello, morderse los labios y unir las manos en busca de algún tipo de alivio a su inquietud.

Son gestos que denotan angustia y que, a la vez, nos ayudan a calmarnos. En el argot médico se conocen como gestos 'manipuladores', y "con ellos se intenta apaciguar las emociones negativas al contar algo", explica Cristian Salomoni, criminalista experto en lenguaje no verbal y director del IIAC Instituto Internacional de análisis de la conducta.

En concreto, frotarse las manos es un gesto con propiedades terapéuticas que genera hormonas antiestrés. De manera que "cuando nos frotamos las manos está aumentando nuestro estado de bienestar por el simple hecho de hacer ese gesto", añade Manuel Gutiérrez Calvo, catedrático de Psicología en la Universidad de La Lagua de Tenerife.

No es algo nuevo, en la medicina tradicional japonesa las manos son 'terminales' relacionadas con el sistema nervioso central y cada dedo es capaz de controlar una emoción, sentimiento o actitud. Por lo que aplicando una ligera presión sobre ellos (cosa que conseguimos al realizar el gesto de envolverlas y frotarlas) seremos capaces de reducir el estrés, la ansiedad, los nervios e incluso el enfado.

Esta teoría podría explicar por qué cuando estamos tensos, irritados o estresados frotamos y apretamos las manos una contra la otra de manera inconsciente, envolviéndolas, o hacemos como que escondemos un dedo o varios en el hueco de mano contraria. Nuestra mente ha aprendido que utilizando esta sencilla técnica podemos sentir un alivio momento e ir recuperando el equilibrio emocional, para poder retomar el control de la situación que haya generado esa ansiedad.

Parece que la sensación reconfortante que este y otros gestos 'manipuladores' nos proporciona, también nos infunde valor y determinación, y al tranquilizarnos nos 'valida' para seguir narrando el discurso que estamos contando. De manera que si lo repetimos con asiduidad nos ayuda a transformar la ansiedad "en un estado tensional positivo", concluye Gutiérrez.

Más historias que pueden interesarte:

¿Qué pasa si (aunque lo parezca) no estás sufriendo una crisis nerviosa al uso?

La influencia de las emociones en el dolor del cuerpo

La relación entre la ansiedad y el dolor crónico