El movimiento táctico que Gallardo le robó a Guardiola

El Millonario quiere asegurarse la continuidad del defensor, que firmará la extensión de su vínculo por tres años más cuando vuelva de sus vacaciones.

Pep Guardiola abandonó los festejos del Oktoberfest y, junto a Manel Estiarte, se tomó un avión a Turín para poder ver un partido entre Roma y Juventus. Tendría que jugar en la capital de Italia en unas semanas, por la Champions League. Dirigía a Bayern Munich y estaba haciendo un análisis puntilloso. Pondría tres defensores: con una trampa. Su volante central sería Xabi Alonso al que le aclaró: “Los primeros diez minutos, Toti va a presionarte. Después te dejará. Ahí, pasarás a jugar de central”. Cuando terminó esa frase, miró a los ojos a David Alaba, quien estaba parado como el más a la izquierda de sus tres defensas y le aclaró: “Sólo jugarás ahí mientras ellos tengan la pelota, cuando sea nuestra, serás un centrocampista más”. El mentor del mejor Barcelona de la historia probaba una variante que hacía tiempo venía digiriendo y que tiempo después emplearía en Manchester City con Fernandinho en ese lugar: desconcertar la presión del rival y sumar caudal hacia el centro de la cancha con un jugador impensado.

Marcelo Gallardo vio al Barcelona de Guardiola y le dijo a un amigo: “Yo quiero que mis equipos jueguen así”. No sabía, todavía, que iba a ganar un día la Copa Libertadores con River y quedaría en su propia historia. Pero, aún así, adicto al fútbol y al desafío intelectual, el Muñeco comenzó a utilizar una variante similar, aprovechando las características de Milton Casco: un defensor ambidiestro con buen pase corto.

En las inferiores de Gimnasia de La Plata, Casco era un chico que se quedaba pateando córners con la zurda y con la derecha. En un amistoso entre los del Lobo y Newell’s, el Tata Martino lo vio y le preguntó a Pedro Troglio por qué era suplente. Entonces, el actual entrenador de Atlanta de Estados Unidos lo contrató, salió campeón y lo llevó a la Copa América de Chile 2015. Era un lateral izquierdo distinto, que apareció en River para reemplazar a Leonel Vangioni.

Al comienzo, no funcionó con Gallardo, hasta que el Muñeco le encontró la vuelta. Hacía tiempo que al entrenador le gustaba que Leonardo Ponzio abandonara las funciones de volante central y ocupara el puesto de líbero, algo cada vez más frecuente en el fútbol. Hasta que lo adaptó para este año: el capitán se mete en la cueva, abriendo a Jonatan Maidana y a Lucas Martínez Quarta. De esta manera, le permite a Jorge Moreira jugar casi de volante por derecha y a Casco tirar diagonal hacia adentro e incorporarse como centrocampista.

Pero muy poco de este movimiento se podría hacer sin Ariel Rojas. Tal como Guardiola contaba con Philip Lahm, su futbolista con más sentido de la ubicación, el Muñeco cuenta con este volante por izquierda, capaz de readaptar su juego a ser un ayuda centrocampista clásico -como con Ramón Díaz, tapándole los huecos al Lobo Ledesma- o uno interior izquierdo con presión y llegada al área -como con Matías Kranevitter de cinco, en la primera parte de la era Gallardo-. Es que Rojas permite equilibrar movimientos y llenar huecos cuando el equipo decide desordenarse para desordenar al rival.

Es efectivo el uso de Casco en ese lugar. De hecho, terminó el partido contra Tigre siendo el jugador que más pases dio (54). Una variante clave para que River se vuelva un equipo de posesión que acumula jugadores en el mediocampo. Como Guardiola, en ataque, Gallardo utiliza a un 3 como un 5.

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