Movistar, a dejarse de documentales y afrontar un Giro kamikaze

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LIEGE, BELGIUM - APRIL 24: Alejandro Valverde Belmonte of Spain and Movistar Team (C) with teammates during the team presentation prior to the 108th Liege - Bastogne - Liege 2022 - Men's Elite a 257,2km one day race from Liège to Liège / #LBL / #WorldTour / on April 24, 2022 in Liege, Belgium. (Photo by Bas Czerwinski/Getty Images)
El equipo Movistar necesita realizar un buen Giro de Italia. Foto: Bas Czerwinski/Getty Images

Si "El día menos pensado" tiene algún sentido, si esa sucesión de desnudos públicos y tensiones al descubierto pretende que Movistar sea un equipo más querido o por lo menos más entendido, sus corredores y técnicos tienen que dar un paso decisivo de la teoría a la acción y a partir de este fin de semana se les presenta una opción maravillosa con el Giro de Italia. De Movistar molestan, y mucho, las jerarquías y el conservadurismo. Todo parte de esa concepción del ciclismo que criticaba Miguel Ángel López: "No se puede ganar nada sin dar relevos y haciéndose el muerto". Una concepción que persigue como una lacra al equipo navarro y que habrá que dar la vuelta tarde o temprano.

Los miles de aficionados que siguen desde hace años al Reynolds-Banesto-Islas Baleares-Caisse d´Epargne-Movistar se merecen algo más que mediocridad... y mediocridad es lo que estamos viendo temporada tras temporada. Con "mediocridad" no quiero decir nada más que lo que la propia palabra significa: la incapacidad para sobresalir. De Movistar desespera su necesidad de sextos puestos, de ir perdiendo un poquito cada día, pero no más de lo planeado. La continua aspiración al podio como objetivo vital, a menudo no cumplido.

Sin embargo, el ciclismo moderno va por otro lado. Va por lo kamikaze. Por los ataques locos a treinta, cuarenta, cincuenta kilómetros de meta, por las exhibiciones tácticas en las fugas, por el dominio no ya de la vuelta de turno, sino de cada una de sus etapas. Después de muchos meses sin tener más noticias de Movistar que las que dejaba Alejandro Valverde a sus 42 años, la pasada semana nos enseñó un equipo que parecía haber entendido lo que se esperaba de él: en Romandía, Einer Rubio, un sensacional corredor, no solo quedó en el top ten final sino que a punto estuvo de llevarse una de las etapas de montaña con un ataque lejano.

Probablemente, Rubio no estaba al nivel de sus rivales... pero lo intentó. No es tan difícil darse cuenta de que lo que pedimos es que se intente, aunque luego acabe en nada. También lo intentó Iván Ramiro Sosa en El Acebo y se fue solo rumbo a Cangas del Narcea. A veces sale mal... pero a veces sale bien. Lo que no puede ser es estar ahí racaneando, intentando guardar fuerzas para no se sabe cuándo y confiar en que les vas a ganar al sprint a auténticos tiburones. Sosa se acabó llevando la Vuelta a Asturias y aparece como jefe de filas del equipo para el Giro de Italia.

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Ahora bien, ¿qué van a hacer en Movistar con Sosa? ¿Qué van a hacer con Valverde, el verso suelto del equipo? Ahí está la clave. Movistar ha llevado a Italia a un equipo en el que se echa de menos a Rubio, pero en el que hay talento suficiente como para intentar liarla. No en términos de clasificación general sino de lucha por etapas. Queremos ver a Sosa y a Valverde correr como si cada día fuera una clásica, como si no hubiera un puesto que defender. El equipo Movistar más valiente que recordamos en los últimos años es el del Giro 2019... y acabó con triunfo de Richard Carapaz.

Sin la presión de correr en casa ni la necesidad de "hacerlo bien" del Tour de Francia, Italia parece ser el lugar donde los técnicos de Movistar se siente más cómodos, tal vez por la influencia de Max Sciandri. Todo lo que sea ver a Sosa a cola del grupo de favoritos intentando no perder demasiado tiempo o a Valverde yendo a rueda será una decepción absoluta. Queremos ciclismo kamikaze también por parte de los navarros: queremos ver a Pedrero más allá de su rol de gregario, queremos ver a Rojas colarse en alguna fuga y no solo marcar ritmo en el pelotón, queremos comprobar de primera mano por dónde va la progresión de Samitier y de Arcas.

El Giro es una jungla. Ese es su principal atractivo. Una carrera que puede cambiar diez veces a lo largo de sus veintiuna etapas. Nadie quiere ver a estas alturas a Valverde peleando por un podio, sino intentando seguir la rueda de algún ataque enloquecido de Van der Poel. Nadie quiere ver a Sosa en el grupo de favoritos sino por delante, a lo Carapaz, lanzándose a por victorias que parecen imposibles. Necesitamos ver a un Movistar más que correcto: un Movistar ganador. Y eso no se va a conseguir más que organizando una guerra de guerrillas. Por otro lado, las guerras que más les gustan a los aficionados al ciclismo.

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