Cómo el Movistar tiene en su mano reconquistar a los españoles

, SPAIN - SEPTEMBER 10: Eusebio Unzue Manager of Movistar Team during the   Vuelta on September 10, 2018 (Photo by David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)
Eusebio Unzúe habla con uno de sus directores deportivos en una foto de archivo (Photo by David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)

Si de algo ha servido el susto morrocotudo que se ha llevado el Movistar con la amenaza de descenso del World Tour es para que el aficionado empiece a mostrarse más comprensivo. Está claro que, durante los últimos años, y a pesar de todos los documentales del mundo, había una falsa impresión de lo que el equipo navarro pintaba en el ciclismo profesional, que era más bien poco. Lejos de los grandes presupuestos, con una plantilla irregular, demasiado centrada en los jefes de filas para las grandes vueltas y con pocos corredores complementarios, al Movistar ya no se le puede exigir lo que se le exigía en los tiempos de esplendor de Carapaz, Landa, Valverde y Quintana. Es otro equipo, completamente distinto.

En parte, lo es por las limitaciones propias y, en parte, por la subida de nivel de los demás. A estas alturas, es muy probable que Enric Mas ya hubiera ganado alguna Vuelta a España, pero los que han quedado delante suyo en 2021 y 2022 han sido dos "marcianos" como Primoz Roglic y Remco Evenepoel. Dos fueras de serie que pasarán a la historia del ciclismo. Y, cuando va al Tour, ahí están los Bernal, Pogacar o Vingegaard para poner más caro aún el podio. En un mundo en el que ser segundo te convierte en "un paquete", quedar primero se ha puesto más difícil que nunca.

Con todo, más allá de la lástima, Movistar tiene en su mano volver a ganarse el corazón del aficionado español más exigente. Hay al menos tres factores que invitan a pensar que puede ser así: en primer lugar, la retirada de Alejandro Valverde, uno de los corredores mejor pagados del pelotón, liberará espacio en el presupuesto para acometer otros fichajes; en segundo, la experiencia en el equipo femenino con las exhibiciones de Anneumiek Van Vleuten ha tenido que hacer pensar a los responsables del equipo Abarca que se puede ser ambicioso sin miedo a ningún "hombre de mazo" ni similar, lo que nos lleva al último factor: el coqueteo con el descenso ha obligado a todos los corredores a arriesgar y competir en cada prueba como si fuera la última. Exactamente, eso es lo que le pedimos al Movistar del futuro.

Durante dos años, más allá de Valverde, el Movistar se limitaba a aparecer en las grandes vueltas por etapas y languidecer el resto de la temporada. Es una estrategia, visto el nivel, disparatada. Bastaron los meses de verano para ver las mejores versiones de Aranburu, Cortina, Serrano y tantos otros que tienen que entender que son tan importantes como los grandes líderes a la hora no solo de conseguir puntos sino de enamorar a la afición. Rara era la competición en la que no veías a un Movistar en la fuga de turno. Con mayor o menor éxito, pero intentándolo.

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Los nombres que suenan para el futuro, además, son ilusionantes. El que podría venir ya, la temporada que viene, aunque su fichaje no esté confirmado, es Fernando Gaviria. Gaviria, en sus tiempos del Quick Step, fue uno de los tres o cuatro mejores sprinters del mundo. Pasa siempre con ese equipo. En Movistar, no aspiraría a lo mismo, pero veríamos por fin a alguien competir en las etapas llanas y en las clásicas menos movidas. Cumpliría además el compromiso tradicional del equipo con el mercado colombiano y parece complicado que su fichaje saliera peor que el de Miguel Ángel López o el de Iván Ramiro Sosa, que se ha estrellado a lo grande en su primer año. Hay muchas dudas sobre su ética de trabajo y no falta quien considera que Max Kanter ya basta, pero el talento es el talento.

Ahora bien, el fichaje que realmente ilusiona a todos y que viene sonando desde hace mucho tiempo es el de Carlos Rodríguez. Rodríguez acaba contrato con Ineos en 2024 y se dice que ya tiene un acuerdo con Movistar. Parece improbable que alguien se comprometa con más de un año de margen, así que pongámoslo muy en cuarentena. De hecho, si no está ya firmado, el problema con Rodríguez es que, si se demuestra en estos años que es una estrella, un corredor para optar a todo y no solo a cuartos o quintos puestos, probablemente el Ineos le ofrezca un dinero que Movistar no pueda igualar.

Es un chico tan joven (21 años) que es difícil saber hacia donde va a romper, pero si el equipo británico no anda listo, hablamos de un talento generacional. Al menos en el ciclismo español. Movistar ya tiene a Enric Mas para la próxima temporada... y Juan Ayuso es completamente inalcanzable. Acaba de renovar con UAE hasta 2028, es decir, o el equipo desaparece por falta de interés de algún jeque o el corredor vivirá los mejores años de su carrera en la estructura de Matxín.

El proyecto Rodríguez queda, por tanto, como única alternativa. Movistar no puede permitirse que haya dos estrellas españolas en el pelotón y que ninguna de las dos corra en su equipo. Personalmente, tengo alguna duda sobre si el chico va a ser una figura mundial, pero que va a ser un pedazo de corredor está más claro que el agua. Otra cosa es lo que le vayas a pagar. En fin, con un buen sprinter, dos candidatos claros para la general y un puñado de hombres rápidos y con instinto para las clásicas, Movistar pinta bien siempre que tenga claro que todo esto no sirve de nada sin un cambio de actitud. Hay que ser tan ambicioso como se ha sido en estos últimos meses. De lo contrario, estaremos en las mismas: ni resultados ni cariño de la gente. En sus manos está cambiar la situación.

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