Muere a los 98 años Alicia Alonso, la leyenda de la danza cubana

En la imagen, la legendaria bailarina y coreógrafa cubana Alicia Alonso. EFE/J.P. Gandul/Archivo
En la imagen, la legendaria bailarina y coreógrafa cubana Alicia Alonso. EFE/J.P. Gandul/Archivo

La bailarina cubana Alicia Alonso, una figura legendaria de la danza clásica, falleció este jueves a los 98 años, informó un representante del Ballet Nacional de Cuba (BNC).

Alonso, quien pese a su avanzada edad permanecía en activo al frente de la prestigiosa compañía de danza, se encontraba ingresada por complicaciones de salud en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) de La Habana, donde murió en torno al mediodía.

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Alonso tuvo una de las más largas carreras que se recuerdan en la danza, en la que combinó magistralmente a golpe de talento y perseverancia la más exquisita y rigurosa interpretación, el magisterio, la coreografía, y la dirección del BNC.

La estrella que hizo historia con talento y mano dura

Nacida el 21 de diciembre de 1920, la artista cubana, que rehusó cambiarse el apellido de casada cuando despuntaba su carrera y los nombres latinos no vendían, tuvo su debut profesional en Estados Unidos a finales de los años 30 e ingresó al American Ballet Caravan, antecedente del actual New York City Ballet, y posteriormente se incorporó al Ballet Theatre of New York cuando éste se fundó.

(PALM/RSCH /Redferns)
(PALM/RSCH /Redferns)

Desde entonces no se detuvo como bailarina y coreógrafa, y ya consagrada en compañías de danza estadounidenses, fundó su compañía de ballet junto a su esposo Fernando y su cuñado Alberto Alonso, a finales de la década de 1940. Una compañía que tomó relevancia tras la llegada de Fidel Castro al poder en 1959.

Su cercanía con la revolución cubana y sus líderes le acarrearon críticas, así como la mano dura y disciplina con la que manejó el BNC, al cual llevó a la cima de la excelencia artística creando su propia escuela. En sus filas se formaron centenares de glorias mundiales como José Manuel Carreño, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Josefina Méndez, y más recientemente Carlos Acosta y los hermanos Daniel y Rolando Sarabia.

FRANCE - 1955: Alicia Alonso, Cuban dancer. Paris. (Photo by Roger Viollet via Getty Images/Roger Viollet via Getty Images)
FRANCE - 1955: Alicia Alonso, Cuban dancer. Paris. (Photo by Roger Viollet via Getty Images/Roger Viollet via Getty Images)

Pero en Cuba, la isla que nunca quiso abandonar pese a ofrecimientos de dinero y fama, Alicia Alonso es la creadora de una escuela de las pocas que hay en el ballet: la cubana, una mezcla de ritmos y razas que construyó un estilo inconfundible.

Muchos evocan a la bailarina de cuello largo, disciplinada y temperamental como pocas, que seducía con sus giros virtuosos, y más recientemente a la coreógrafa exigente que hacía repetir y repetir los movimientos en busca de la perfección.

Y otros la ven como la gran dama cubana que vendió su alma a la Revolución del fallecido Fidel Castro, y que se codeaba con reyes, poetas y políticos.

Pero la crítica es unánime: Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo nació para que Giselle no muriera. La reinterpretación que hizo durante medio siglo del personaje del famoso ballet romántico la elevó a los altares de la danza clásica.

Después vinieron Coppelia, El lago de los cisnes, Carmen, La bella durmiente... Alicia Alonso reinterpretó los grandes títulos del repertorio clásico. Hoy, en los escenarios del mundo, sus herederos defienden ese estilo como la "versión cubana".

Alicia Alonso en 1953. (AP Photo)
Alicia Alonso en 1953. (AP Photo)

Aurora Bosch, de 74 años y una de las joyas del ballet cubano, recuerda que Alonso también atrajo a los hombres al ballet, incluso con engaños, cuando en la isla se les tildaba de homosexuales por practicarlo.

"La prima ballerina assoluta" de Cuba, madre de una hija de 78 años, colgó sus zapatillas de punta en noviembre de 1995 a los 75 años.

Pese a su avanzada edad y a la ceguera casi total que sufrió por largos años, incluso en su época de bailarina en activo, Alonso se mantuvo pendiente de los escenarios hasta el último momento a la cabeza del BNC, con gran prioridad en la supervisión del trabajo de los jóvenes bailarines, a quienes trasmitió su legado.

De hecho, la autodenominada "prima ballerina assoluta" seguía dirigiendo formalmente la compañía, aunque desde enero pasado con el apoyo, como subdirectora, de la bailarina Viengsay Valdés, que es quien tomaba ya las decisiones artísticas, pero "siempre fiel" al legado de Alonso.

Una vida extraordinaria

Hija de padres españoles, Alicia fue la menor de cuatro hermanos y dio sus primeros pasos en la danza a los 9 años.

Con una definida vocación, sus estudios de ballet comenzaron en la escuela de la Sociedad Pro-Arte Musical, de la mano del profesor Nikolai Yavorsky.

La pequeña Alicia rápidamente destacó por sus extraordinarios dotes y se convirtió en una aventajada alumna que debutó el 29 de diciembre de 1931 como dama de la corte en el "Gran Vals" del ballet.

"La bella durmiente", del compositor ruso Piotr Chaikovski.

Alonso confesó en una entrevista que aquél día sintió que "era la persona más feliz del mundo, todo era yo, no veía nada. Todo lo sentía como parte mía: la música, el público, mis compañeros bailando".

A finales de los años 30 del siglo pasado, la artista se trasladó a EEUU para continuar su formación en la School of American Theatre. Ya se había casado con el bailarín cubano Fernando Alonso, de quien adoptó el apellido Alonso que la acompañaría a lo largo de toda su trayectoria artística.

Alicia Alonso en 1954. (Photo by Los Angeles Examiner/USC Libraries/Corbis via Getty Images)
Alicia Alonso en 1954. (Photo by Los Angeles Examiner/USC Libraries/Corbis via Getty Images)

Su actividad profesional en EEUU comenzó en 1938 bailando en comedias musicales como "Great Lady" (Gran Dama) y "Stars in your eyes" (Estrellas en sus ojos) junto a renombradas figuras de la época, antes de integrar el American Ballet Theatre de Nueva York en 1940.

Elevada al rango de primera bailarina, actuó en escenarios de diversos lugares del mundo, y en 1943 debutó en el ballet "Giselle", el personaje de la campesina ingenua, romántica y engañada que bordó al mínimo detalle interpretativo para convertirlo en el más emblemático de su extenso repertorio.

En el American Ballet, Alonso trabajó con relevantes coreógrafos de la talla de Michel Fokine, George Balanchine, Léonide Massine, Bronislava Nijinska, Anthony Tudor, Jerome Robbins y Agnes de Mille, y tuvo como pareja a Ígor Yushkévich con quien participó como estrella invitada en los Ballets Rusos en Montecarlo.

El 28 de octubre de 1948 fue una fecha clave en su trayectoria: fundó en La Habana, en colaboración con los hermanos Fernando y Alberto Alonso, el Ballet Alicia Alonso, primero de su tipo creado en la isla.

Alicia Alonso compaginó sus actividades entre el American Ballet Theatre y su propia compañía, que tras el triunfo de la revolución liderada por Castro recibe apoyo gubernamental y se reorganiza como Ballet Nacional de Cuba (BNC), su nombre actual, y bajo la dirección general de la famosa bailarina.

Alicia Alonso en una gala en 1975. (Photo by Ron Galella, Ltd./Ron Galella Collection via Getty Images)
Alicia Alonso en una gala en 1975. (Photo by Ron Galella, Ltd./Ron Galella Collection via Getty Images)

Fue la primera bailarina del hemisferio occidental en actuar en la entonces Unión Soviética y la primera representante americana en bailar con el Ballet del teatro Bolshoi de Moscú y el Kirov, en Leningrado (San Petersburgo) en 1957 y 1958, respectivamente.

Sus giras internacionales la llevaron a Asia, América, la Ópera de París, el Royal Danish Ballet y otras muchas compañías.

Desde su juventud, Alonso había padecido un defecto de visión en un ojo, y en pleno apogeo de su carrera en los años 70 sufrió desprendimiento de retina, una dolencia que la dejó casi ciega para el resto de su vida.

(Photo by Reg Innell/Toronto Star via Getty Images)
(Photo by Reg Innell/Toronto Star via Getty Images)

En tres ocasiones pasó por el quirófano para intentar superar sus problemas con la visión, y la última de ellas le planteó la difícil prueba de mantenerse alejada de los escenarios por dos años, un obligado reposo que "fue duro, pero aprendí a bailar con el cerebro", según contó.

"Me ubicaba en Giselle e iba paso por paso en la coreografía, desde que se abría el telón hasta el final. Me entrené a ver los ballets en mi mente como si fuera el público. Estudiaba los pasos del cuerpo de baile, de los solistas", reveló una de las pocas ocasiones en las que trató el tema públicamente.

En 1974 volvió a bailar apoyada en su férrea voluntad, en sus "partenaires" y guiada por las luces del escenario. También supervisaba ensayos y creó coreografías para el BNC.

Alicia Alonso fue una figura artística tan mítica como los legendarios personajes que interpretó hasta su despedida, aunque el imán de los escenarios la atrajo a aparecer en una demostración desde una silla o en sus habituales saludos al comienzo y final de los Festivales de Ballet de La Habana.

Ella dijo que cuando decidió que aquella sería su última función sobre las zapatillas de puntas "nadie tenía conocimiento sobre eso". "Fue una sensación de un vacío tremendo, como si se me hubiese escapado el alma".

Alicia Alonso en un ensayo en 1980. (Photo by Brownie Harris/Corbis via Getty Images)
Alicia Alonso en un ensayo en 1980. (Photo by Brownie Harris/Corbis via Getty Images)

Siempre sostuvo que la danza era su vida, por eso al dejar de bailar se concentró en otras facetas vinculadas a ese arte como la coreografía, la docencia y la dirección de la compañía, labores a las que dedicó sus fuerzas y creatividad.

A sus 98 años trataba de mantener su rutina laboral, solo alterada cuando se encontraba fuera de la isla en alguna gira.

Entre los numerosos galardones y reconocimientos que Alonso recibió en Cuba destaca la Orden Félix Varela del Consejo de Estado, los títulos Honoris Causa de la Universidad de La Habana y el Instituto Superior de Arte y fue proclamada Heroína nacional de Trabajo.

A ellos se sumaron distinciones internacionales como el premio "Anna Pávlova" de la Universidad de la Danza de París, el cargo de embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, la condecoración francesa de Oficial de la Legión de Honor y la Encomienda de la Orden Isabel la Católica, otorgada por el Rey de España Juan Carlos I.

Con una personalidad y talento extraordinario como bailarina, Alicia Alonso también pasará a la historia como uno de los puntales de la Escuela Cubana de Ballet, a la que impregnó de un estilo propio que ha conquistado un lugar destacado en la danza mundial.

Artículo elaborado con información de AP, Raquel Martori, de EFE, y Hector Velasco, de la AFP.

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